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Columnas ECOANÁLISIS

Ecoanálisis

Por Alberto Tapia

¡Imparable! No hablo de otro cuadrangular de Christian Villanueva, toletero juvenil jaliciense que ha resultado espectacular con los sotaneros frayles de San Diego. Ni de las masacres en Tijuana. Ni del verano adelantado. Tampoco de la avalancha de anuncios de las campañas políticas. Me refiero a la pesca ilegal de totoaba y su flujo hacia Asia en dónde ya ni sabemos con certeza cuál es su precio en ese mercado negro. Apenas el domingo pasado decíamos aquí que los ambientalistas extranjeros continúan sacando redes sumergidas clandestinas cargadas con totoabas, pez endémico y en peligro de extinción. Algunos se sorprendieron que asegure que sigue la pesca y tráfico ilegal de vejigas natatorias o buches de esta especie, pero La Crónica me da la razón con la noticia publicada el pasado jueves. En el Aeropuerto Internacional de la CDMEX, en las maletas de un chino le descubrieron 416 buches secos de totoaba. ¿Cómo llegó del alto Golfo de California hasta el antiguo D.F? Mediante la corrupción. Pagando por no ser revisado o para dejarlo seguir una vez descubierto. Un producto tan valioso como éste, proporciona un margen de ganancia suficiente para esos y otros sobornos. Desde el decomiso de 246 buches a otro chino en la Garita de Calexico, no se había dado otro de grandes proporciones. Quizá sea Récord Guinnes, vergonzoso récord por supuesto. Y uno se pregunta, ¿cuántos más si logran pasar todas las aduanas y llegar a su destino? ¿Cuántas totoabas se están pescando ilegalmente? Vaya, ¿cuántas nos quedan? Y como la impunidad galopante es la madre de la corrupción y la violencia e inseguridad, este chino traficante de buches está libre mediante una fianza. Los caros legisladores jamás han querido tipificar como delito grave la violación al Artículo 420 del Código Penal. ¿Y la inteligencia?, ¿a quién o quienes les compró este chino los buches? ¿Qué ruta siguió y a cuántas autoridades sobornó? Eso a nadie le importa, lo ambiental en México no cuenta y dista mucho de ser una prioridad. También decíamos en entregas pasadas que ningún político quiere hablar de la crisis ambiental que vivimos. Parece que me oyeron. La próxima secretaria del medio ambiente según las encuestas, Joseja Gónzalez Blanco Ortiz Mena, elegida por AMLO para su SEMARNAP, dijo en San Felipe que “la vaquita marina ya se extinguió, no se va a extinguir, ya se extinguió” Y remató: “No se nos extinguió a nosotros, se le extinguió a Enrique Peña Nieto”. Así hace su triste y vergonzosa entrada el tema medio ambiental en la agenda electoral, y no porque el INE le haya dado importancia, sino porque una aspirante al futuro gabinete mencionó el tema, y tampoco porque lo traía en su discurso, sino porque los pescadores sanfelipenses lo sacaron a colación. El anuncio de la extinción de la vaquita marina no parece que vendrá de una garganta oficial, sino de un adversario político. Y ningún político dirá esta boca es mía cuando de anunciar una extinción se trate. *- El autor es investigador ambiental independiente.

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