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Columnas Dulce venganza del agraviado

Ecoanálisis

Por Alberto Tapia

Dicen que los mexicanos estamos más que hartos de las mentiras electoreras. Que los medios trasmiten millones de anuncios por cuanto medio existe. Me dicen que ningún candidato aporta nada nuevo, que todos ofrecen lo mismo. ¡AH!, y que cuando alguno promete resolver uno de los tantos problemas torales de México, no tiene ni idea de cómo habrá de hacerlo. Entre amigos y familiares total incredulidad. Escuché que hay 11 periodistas millonarios, los más vistos, dedicados a alabar al gobierno o a fingir ser duros haciendo preguntas que el político le pidió le hiciera. Oí que no sólo los criminales serán perdonados por tal o cual candidato, sino que prófugos e indiciados por delincuentes, se están pasando a la izquierda. Si esta va a ser lo que defina a la izquierda mexicana, pues que de una vez se pasen también a ella los de la derecha y centro y constituyan una dictadura, a fin de cuentas, el pueblo no tiene quien lo represente y defienda. Sería lo más sencillo en este momento de nuestra historia. Partidos, únanse en uno solo y se reparten lo que queda de México, tienen con qué sofocar cualquier revuelta de un pueblo inerme y desarmado. Escuché alegatos en mesas de café y restaurantes, y no con argumentos en favor de tal o cual candidato, sino aportando detalles sobre pruebas de su corrupción. Como que el juego entre algunos ciudadanos es demostrar quién es el peor. Los viejos como Yo, ya hemos sido engañados por más de medio siglo, seríamos tan estúpidos como los políticos si destinásemos el poco y muy valioso tiempo que nos queda de vida, a escuchar lo que hemos escuchado siempre y jamás han cumplido. Por ello damos la espalda a los anuncios políticos. ¡Pobres aquellos jóvenes que empiezan a votar y creen lo que los viejos creímos! Pero nadie experimenta en cabeza ajena. Al hombre más le vale un mal susto que un buen consejo. Esencial naturaleza humana, y de ellos se valen los políticos, de la ingenuidad de las nuevas generaciones que se creen lo que las campañas prometen. Pero a los viejos nos queda aún, la “dulce venganza del agraviado”: Las mañas para evadir los anuncios políticos. Gracias al avance tecnológico en comunicación, aún nos queda la capacidad de decisión. Aún no hay pena de muerte para el que se niegue a escuchar y ver spots electoreros o a votar. Entonces los viejos disfrutamos la brillante estrategia de cambiar de canal, de TV o Radio, cuando inicie un spot de campaña. Algunos de mi geriátrica generación, se quejan de que “aunque le cambies, caes en otro spot”, de tantos que nos bombardean. ¡AH!, pero gracias al acceso a canales extranjeros, podemos refugiarnos en ellos para estar a salvo del cruento ataque político a nuestra privacidad. Llevamos la cuenta de a cuántos anuncios le sacamos la vuelta. Nos llena de satisfacción pasar el día sin haber sido sorprendidos y engañados. A nuestra edad, ¿Qué otra cosa podemos hacer? *- El autor es investigador ambiental independiente.

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