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Columnas Sexo atemperado

Ecoanálisis

Por Alberto Tapia

Como saga del domingo pasado, estas aclaraciones y ejemplo de cómo la temperatura ambiente modera, atempera el sexo de algunas especies acuáticas. Comentamos sobre la preocupación de algunos pescadores de totoaba en el alto golfo de California, que les preocupa la evidente supremacía de totoabos, o machos de totoaba, especie de esa región que está en peligro de extinción y en veda permanente, no obstante continúa su pesca clandestina debido al alto precio de su vejiga natatoria en los mercados negros de Asia. Primero, a pesar de que varios amigos de San Felipe, B.C., me informaron que el precio por buche se ha fijado en 300 dólares la pieza, otros enterados de esta operación clandestina me aseguran que el precio anda entre 3 mil y 3 mil quinientos dólares el kilo, y como se trata de una ilegalidad no podemos confirmar ni uno ni otro precio. Pero el hecho es que se sigue pescando al otrora gigante del alto Golfo de California, ahora no tan gigante pues no lo dejan crecer las redes sumergidas y furtivas. Pero también causó curiosidad entre los lectores el saber que en ciertas especies animales, su sexo lo define la temperatura ambiente durante la incubación de sus huevos. Como ejemplo actual les comento que estudios recientes sobre la población de tortuga verde del Atlántico, encontraron que el calentamiento del agua está desequilibrando la proporción macho-hembra de esta especie de quelonio. Investigaciones del siglo XX arrojaron que la incubación de sus huevos se da alrededor de los 29°C. Unos cuantos grados abajo nacen machos, unos cuantos arriba, nacen hembras. Esto demuestra el largo tiempo, quizá desde la última glaciación, que las tortugas se aclimataron a esa media para equilibrar su población. Pero estudios de este siglo han descubierto que para la producción de 2016, el 99% de las tortuguitas nacieron hembras. De continuar esta tendencia cálida en el Atlántico en unas cuantas décadas habrá puras tortugas hembras en ese bioma. Entonces la hipótesis de los pescadores altigolfeños y totoaberos por especialidad, preocupados por ver la supremacía de machos de totoaba en sus redes clandestinas, pudiese tener sentido. La totoaba define su sexo hasta su madurez alrededor de los 4.5 años de edad, y hasta ahora no se sabe que la determinación sexual esté atemperada por la temperatura ambiental. Pero sería saludable que ante la inminente modificación de la veda indefinida, para permitir su pesca deportiva, se considere establecer un proyecto de investigación que busque si existe o no relación entre la temperatura y la definición de su sexo. La ciencia siempre debe estar abierta a toda posibilidad. La hipótesis pescadora está basada en la evidencia diaria, aunque sin registro debido a su naturaleza clandestina. Por ello debe aprovecharse la captura deportiva, cuando esta se dé, para registrar no sólo el sitio, peso y tamaño, sino color de la lengua (cada liberación de la UABC está marcada con un color en la lengua de los alevines) y sobre todo el sexo del ejemplar. *- El autor es investigador ambiental independiente.

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