No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas El Palo Fierro

Ecoanálisis

Por Alberto Tapia

Llamamos así a la especie Olneya tesota, el árbol insigne del Desierto Sonorense del cual forman parte los desiertos de Baja California. No tiene parientes cercanos y los menos conocedores lo confunden con el mezquite. Ambos tienen hojas parecidas y dan sus semillas en vainas, ricas en proteína vegetal. Estos árboles del desierto junto con el palo verde, constituyen la “trinidad botánica”, llamada así por Felger, un botánico estadounidense. Este científico americano encontró que en donde crecen juntas las tres especies, siempre hay huellas de asentamientos humanos ancestrales. Las semillas de la trinidad son buen alimento para varias formas de vida. Pero el palo fierro tiene otros significados. La Cañada de Rancho Nuevo que nace de la meseta del Cerro de la Noche (Sureste de Sierra de Juárez) o Witiñam en kiliwa, que quiere decir lo mismo, corre hacia el Este y se junta con la cañada más larga de esta región bajacaliforniana, Arroyo Grande. A la mitad de su longitud, en Rancho Nuevo hay un vetusto palo fierro, y por ese ícono, mi padre bautizó así a todo este arroyo. Lo escogió junto con algunos amigos a mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado, para acampar bajo sus ramas. En ese punto se podía salir en cualquier dirección y ya se estaba en pleno hábitat del venado bura de Baja California. En 1972 mi hermano Armando entonces de 15 años de edad, cazó a fines de diciembre un venado con astas extraordinarias de 16 puntas. Dos años más tarde, Yo mismo cacé mi mejor venado de Baja California ahí, con 10 puntas simétricas en sus astas. En el registro que hicimos por 24 años, el venado del Mandi ocupa el lugar 27 y el mío el noveno. Al medir las astas se privilegia la simetría y el “muchas puntas” de mi hermano era atípico, asimétrico. Mi padre y amigos cazaron otros venados desde el palo fierro pero ninguno superó los de los hermanos Tapia. Al fin del invierno pasado regresé al palo fierro después de 30 años. La semana pasada estuve otra vez bajo sus ramas. El brazo del tronco de donde colgamos ambos ciervos ya se quebró, pero el ente vegetal luce igual, como si el tiempo no hubiese pasado por él. Y es que esta especie llega a vivir hasta 800 años ¿cuántos tendrá éste? Ese punto marca el lindero entre los Ejidos 16 de Septiembre en la sierra, y Plan Nacional Agrario en el desierto. Su bajo potencial de agostadero ha permitido que la zona permanezca casi virgen, sin impacto antropogénico, como dicen los biólogos. Pero el sitio es para nosotros más que un lindero o un antiguo campamento cinegético, es parte de nuestra historia. Meditar bajo sus ramas me llevó a épocas idas, a mi padre y sus amigos que también lo fueron para mí, pero por pertenecer a otra generación ya no están aquí. Hay lugares mágicos y este es uno de ellos, al menos para los Tapia. * El autor es investigador ambiental independiente.

Comentarios