No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Malos augurios

Ecoanálisis

Por Alberto Tapia

Sabemos y hemos oído hasta el cansancio que sólo tenemos un planeta Tierra y que sus recursos naturales escasean en proporción a la cantidad de humanos que los demandamos. Para salvar algunas especies los países legislamos protección desde el siglo pasado. En los Estados Unidos, Canadá y nosotros, los Parques Nacionales han servido para proteger zonas ricas en biodiversidad. Después vinieron las Reservas de la Biosfera y otras figuras jurídicas proteccionistas, copiadas de los vecinos del Norte. En 1900 ellos sorprendieron con el famoso Lacy Act, que salvó de la extinción al bisonte pero no pudo con el pichón pasajero, que se extinguió. En 1929 nació el Tratado Internacional de Norte América para las aves migratorias, y desde entonces se ha podido cazar patos y gansos sin ponerlos en riesgo, el Tratado ha funcionado. En los EUA, la Acta para las Especies en Peligro de Extinción de 1966 salvó al oso grizly y al cóndor de California, la lección es pues que las leyes ambientales cumplen con su propósito. El legislador republicano estadounidense, Rob Bishop, de Utha, ha empezado una campaña para modificar la legislación ambiental de su país. Sus críticos opinan que de lograrlo, el ambientalismo americano no podrá más demandar al Gobierno Federal por cuestiones ambientales. Bishop ha propuesto abrir al público un millón de acres de áreas protegidas en su Estado a la caza, pesca, recreación y extracción de gas y petróleo. Y es que cuando la comida falta, abrimos el refrigerador para ver qué nos queda. En otras partes del Mundo toma fuerza la tendencia a desproteger lo antes protegido. Recuerdo a un embajador mexicano en Australia que dijo que los Parques Nacionales son joyas sin utilidad para nadie. Hace dos semanas comenté con usted, ecológico lector, las “salvaguardas” decretadas por el presidente Peña, mediante las cuales se permite explorar y explotar gas y petróleo en el Golfo de California y en su vecino el Desierto de Altar, Sonora. Me informan ejidatarios de esa región que ya están llegando flotillas de camiones a extraer la sal de esas ancestrales salinas, sitio sagrado pápago. Ellos pusieron candados a sus cercos para impedir el paso de los mineros y éstos los cortaron y pasaron, y no hay autoridad que los atienda. Y recuerdo aquel programa de la UNAM en el cual sus científicos concluyeron que en México, la minería tiene prioridad sobre los recursos naturales. Pero no sólo el mar y el desierto están en la mira de empresas internacionales que vienen por nuestros recursos naturales. Desde el siglo pasado se ha propuesto que los Parques Nacionales de San Pedro Mártir y Constitución de 1857 (Laguna Hanson), se recategoricen como Reservas de la Biosfera, con reducidas zonas núcleo y el resto de amortiguamiento en dónde la Ley permite pastoreo, caza, pesca, minería, tala, turismo. La nueva tendencia seguramente las tendrá en su mira también. Por lo pronto, un tercio del Parque de San Pedro Mártir ya tiene dueño, con base en títulos apócrifos que el gobierno ha aceptado. * El autor es investigador ambiental independiente.

Comentarios