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Columnas México regresa a la dictadura

Dueñez empresaria

Por Carlos Dumois

"Ante el fracaso de nuestra democracia, que apenas empezaba a funcionar, ahora hemos elegido regresar a un sistema de gobierno totalitario" El ejercicio del poder de nuestro presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, nos refleja qué tipo de gobierno tendremos por muchos años. Todavía no inicia su periodo presidencial y ya está definiendo lo que debemos de hacer los mexicanos. Ha utilizado la herramienta de la “encuesta nacional” para romper el estado de derecho e imponer su voluntad respecto en dónde debe construirse el aeropuerto de la Ciudad de México. La verdad a él no le importa dónde quede finalmente el aeropuerto; lo que realmente le interesa es ganarse al pueblo de México cumpliendo una de sus promesas de campaña. No cabe duda que cancelar el aeropuerto de Texcoco nos traerá graves daños como país: perderemos empleos, prestigio, turistas, crecimiento y modernidad. Seguiremos siendo un país atrasado que pierde importancia en el escenario internacional. La consulta popular como instrumento de gobierno es en el fondo una burla. El Presidente electo se ha burlado así de nuestras instituciones, las que él dice que pertenecen a la "mafia del poder". Se ha burlado de la Constitución, del Congreso, de los empresarios, de la ciencia, de las autoridades actuales. Él se apunta una victoria. Pero me cuestiono a quién le ganó AMLO con la cancelación del aeropuerto en Texcoco. A final de cuentas triunfó sobre todo lo que pueda estorbar para gobernar a sus anchas a una nación que se está convirtiendo en su propia hacienda personal. Ahora queda claro cuáles son sus intenciones: quiere desmantelar todo el sistema político y todas nuestras instituciones públicas y privadas para poder llevar a cabo su propio proyecto personal, su propio sueño de rey. No es bueno para México que los ciudadanos nos pongamos unos contra otros. Nos es bueno que el país se divida en dos. Él quiere eso, nos quiere divididos. No es sano que le dejemos destruir el Congreso, las organizaciones civiles, el sistema judicial, por más deficiente que sea. Eso planea. ¿Y qué ocurre en una sociedad cuando su gobierno es totalitario? Pues si el dictador hace lo que le da su gana, y no hay un poder balanceado entre distintas instituciones que lo moderen, pues desaparece el estado de derecho. Desaparece la ley. Se administrará todo con el código del jefe mandamás, a quien nadie limita. Un estado de derecho es una fórmula de ordenamiento para una nación que se rige por un sistema de normas y leyes basados en una Constitución. Las autoridades de un país así se someten a las reglas que este ordenamiento les impone. En México hemos avanzado poco a poco, a través de las décadas, construyendo nuestro estado de derecho. Aún es muy deficiente, hay todavía mucho que aprender y mejorar; pero ya no somos, desde hace tiempo, un país donde nuestros políticos puedan hacer y deshacer como les dé su gana. Hay muchas atrocidades, cierto. Hay muchos abusos, es verdad; pero ya logramos poner en la cárcel a diputados, alcaldes, gobernadores y secretarios de Estado. Y también vuelve a haber elecciones para escoger a nuevos gobernantes que puedan ofrecernos mejores posibilidades. Si perdemos ese naciente estado de derecho prevalecerá la ley de la selva… y la del dictador. Nos convertiremos en una nación donde nadie querrá invertir, a la que nadie deseará visitar, donde las posibilidades de progreso se perderán. Pero hay algo más valioso que vamos a perder si Andrés Manuel López Obrador logra sus ambiciones de convertirse en el dictador todopoderoso de México. Vamos a perder nuestra libertad. Dejaremos de ser libres para elegir dónde vivir, dónde trabajar, dónde estudiar, adónde viajar, en qué gastar lo mucho o poco que ganemos. Perderemos el derecho de tener un terreno o una casa o de tener un auto o una motocicleta. No hay nada más valioso en nuestra vida que nuestra libertad y eso es lo que vamos a perder si AMLO somete a consulta popular lo que le venga en gana. Podrá poner a votación pública si el gobierno puede hacer o deshacer lo que a él se le ocurra. La historia juzgará si hicimos bien en elegir ser gobernados por un dictador. *El autor es presidente y socio fundador de Cedem.

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