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Columnas DIÁLOGO EMPRESARIAL

Diálogo empresarial

Por Salvador Maese Barraza

Nuevo modelo fiscal Los impuestos, el gasto público y la reforma fiscal siempre son temas recurrentes, no sólo en México sino también en otros países tan importantes como Estados Unidos, Francia, Japón y Alemania, que con frecuencia están discutiendo o han discutido recientemente reformas en sus sistemas tributarios. Justo ahora se perfila una gran reforma para reducir las tasas de impuestos a empresas y personas en Estados Unidos. En nuestro caso, el asunto es recurrente porque el sistema mexicano, en términos generales, perjudica la competitividad, es demasiado complejo e incluso me atrevo a decir que induce a la evasión y por supuesto fomenta la informalidad.. Como es por todos conocido, la globalización y los acuerdos de libre comercio y/o integración regional requieren también la armonización de los sistemas tributarios, y tanto simplicidad como generalidad son características importantes dentro de éste proceso. En México, sin embargo, a pesar de las muchas propuestas que se han elaborado, y que de hecho se han planteado para dotar con estas virtudes al sistema fiscal, ninguna ha expuesto de manera específica los criterios que deberían guiar una reforma que considere, además del fortalecimiento de los ingresos públicos, una mayor equidad del sistema para pago de impuestos y la eliminación de sus distorsiones, por una parte, así como la utilización eficiente de los recursos recaudados –de manera que se obtenga el mayor bienestar social posible por peso gastado–, por la otra. En otras palabras el modelo mexicano carece de racionalidad en el gasto y adolece de eficiencia en el ingreso. Lo anterior no significa que no haya habido cambios significativos en el sistema fiscal mexicano en los últimos años, quiere decir simplemente que se requiere de una reforma organizada por los principios de equidad y eficiencia económica que posibilite la satisfacción de las necesidades de una población creciente tanto en materia de satisfactores sociales (salud y educación primordialmente), como de infraestructura pública (vialidades básicamente), y ni la propuesta del ejecutivo ni las frecuentes miscelánea cumplen adecuadamente con este propósito, aunque ciertamente la primera podría considerarse más completa. Por tal motivo, y dado el gran interés que ha generado la reforma fiscal estadounidense, deberemos como país reflexionar si se define un sistema espejo o, uno a modo de la realidad de nuestra economía, sociedad y nivel de desarrollo con la finalidad de ampliar la base de contribuyentes y definir un sistema de menor entramado y comprensibles para el ciudadano común. Esto no será poca cosa porque de avanzar la reforma en Estados Unidos, la tendencia en otros países será modificar sus modelos, no sólo redefinirán los impuestos aplicados a las empresas, sobre la repatriación de capitales, para la retención de inversiones y para la reinversión de utilidades; también muchos países –y espero lo haga a la brevedad el México– revisarán sus esquemas de impuestos al consumo en lugar de gravar la producción. También, para nuestro país habrá de revisarse el impuesto al consumo, pues los que vivimos en zona fronteriza con Estados Unidos, deberemos ser competitivos y no por altos impuestos desalentar las compras en nuestro propio territorio. * El autor es presidente de Index Mexicali y Director de Recursos Humanos para Latinoamérica en Newell Brands.

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