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Columnas Obras pichicatas

De historia y algo más

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Las civilizaciones antiguas y en especial la romana nos han dejado un gran legado en temas de urbanismo, suministro de agua, monumentos y carreteras, obras como el Coliseo, el Pantheon, la cloaca máxima, la vía Apia en Roma y el acueducto de Sevilla son ejemplos de diseño, construcción y durabilidad que después de dos mil años aún podemos admirar. Otro ejemplo es la urbanización de Roma, en donde la vida urbana era muy superior a la rural, a pesar de los numerosos inconvenientes que a veces ofrecía la ciudad y que los ricos salvaban construyéndose villas en el campo. En el mundo romano, como en el actual, urbanidad era sinónimo de educación y cultura, de hecho la palabra civilización está relacionada con la palabra ciudad y ambas proceden de civis "ciudadano". Los romanos aprendieron el urbanismo de los etruscos que gobernaron Roma en el s. VI a.C., convirtiéndola en una gran urbe, con alcantarillado, puentes, edificios públicos, murallas y obras emblemáticas. Roma creó una civilización urbana que a diferencia de las conocidas hasta entonces, se preocupó especialmente en mejorar la calidad de vida del ciudadano. La ciudad romana ha pasado a la historia como un modelo de eficiencia y buen sentido. Para conseguirlo, el Estado romano invertía en infraestructuras que garantizaban a los habitantes de la ciudad comodidad, agua en abundancia gracias a los acueductos, calles empedradas con aceras, incluso con pasos peatonales, higiene (alcantarillado, baños), abastecimiento (mercados), seguridad (murallas) y entretenimiento (teatro, circo, anfiteatro). En la actualidad eso no ha cambiado, a los mexicanos nos precede un pasado de obras prácticas y estéticas que durante siglos han asombrado a la humanidad, la de los aztecas con Netzahualcóyotl para aliviar las inundaciones del valle de México, la ciudad de Teotihuacán, los mayas con Chichen Itzá, el México colonial con los acueductos de Morelia y Querétaro. El Estado mexicano debe invertir en obras prácticas y estéticas, no en obras pichicatas y antiestéticas. Mexicali es la capital del estado de Baja California, es la única capital que se encuentra en la frontera y eso la hace especial, es puerta de entrada del turismo y visitantes de todas las nacionalidades que la cruzan y también es la salida de todos los productos de exportación de nuestro país hacia el mercado más grande del mundo. Recientemente se inauguró la nueva entrada a nuestro estado en la mal llamada garita nueva, fue construida con un pésimo diseño arquitectónico, de espacios restringidos, ubicada en un hoyo y en donde se encontraba la vieja garita de carga de los años 50, sin tomar en cuenta desde su diseño, el hacer una obra estética y práctica que mostrara a propios y extraños lo mejor de la arquitectura en un puerto fronterizo como lo es Mexicali, se diseñó tratando de esconder algo, con una barda antiestética, sin áreas verdes, sin accesos viales dignos de una metrópoli, el visitante que cruza por nuestra frontera se encuentra con unas instalaciones incómodas, angostas, con barreras y topes y con un personal de aduanas trabajando a la intemperie con temperaturas de más de 50° C y temperaturas bajo cero, sin una buena señalización, es decir, una obra pichicata e inconclusa digna de un país bananero, al más puro estilo de un gobierno centralista que no escucha a los habitantes de Baja California. El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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