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Columnas La batalla del río Alia

De historia y algo más

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La batalla de Alia se produjo como consecuencia de la invasión gala de la provincia etrusca de Siena. A 16 días de las calendas del mes sextilis (nuestro actual mes de agosto) del año 390 a. C. El pueblo galo, no sólo se defendió del ataque de los romanos, sino que pasó a la acción y lucha en las orillas de un pequeño río llamado Alia, situado a tan sólo 15 kilómetros al Norte de Roma. Este primer enfrentamiento fue dirigido por un jefe tribal galo llamado Brenno, quien derrotó completamente al ejército de Roma. Tras la victoria, el ejército galo marchó hacia la ciudad de Roma para ocuparla. Esta fue la primera invasión de la ciudad en los más de 350 años de historia romana. Muchos habitantes huyeron de Roma al tener noticias del avance y la llegada inminente de los galos. Algunos senadores esperaron sentados en los portales de sus viviendas. Los galos invadieron la ciudad saqueándola e incendiándola, pero se detuvieron ante la figura de los senadores cuya posición sedente impresionó a los invasores. Pero un galo, más atrevido que el resto, se acercó a uno de ellos para comprobar si era un hombre o una estatua, al cual golpeó con su bastón. El galo, aturdido en un primer momento, mató al senador romano desencadenando una terrible matanza. Con el ejército derrotado, los romanos no pudieron defender la ciudad y se atrincheraron en el Monte Capitolino. Allí resistieron, mientras la ciudad era saqueada e incendiada (perdiéndose toda la historia romana escrita hasta ese momento). Los galos sitiaron el Monte Capitolino y trataron de trepar a la cima en numerosas ocasiones; una noche consiguieron llegar hasta la parte más alta del monte pero fueron delatados por los graznidos de los gansos que estaban en el templo, destinado para los ritos religiosos. El primero de los romanos que se lanzó contra los galos fue Marco Manlio, quien, acompañado por otros soldados, logró rechazar el ataque nocturno y, por tanto, salvar a Roma. Tras este enfrentamiento, los galos solicitaron la paz ofreciendo abandonar el sitio si recibían a cambio mil libras de oro. Los romanos aceptaron el pago solicitado, pero descubrieron el engaño urdido por éstos que consistía en el uso de pesos falsos. Ante la protesta de los romanos, Brenno, furioso, respondió: “Vae victis!” (¡Ay de los vencidos!), y arrojó su espada sobre el platillo de la balanza para dar a entender que los romanos deberían pagar el peso de su espada en oro. En ese momento llegó un ejército romano de refuerzo, al mando de Marco Furio Camilo, que antes de lanzar el ataque que expulsaría a los galos de Roma exclamó: "No es el oro, sino el acero lo que recupera la patria". En la pasada elección presidencial en nuestro país solo votó el 63.45 % del padrón oficial, el ganador obtuvo el 52.96 % de ese total o lo que es lo mismo el 33.60 % del padrón nacional, ganamos todos los mexicanos al demostrar civilidad y respeto por los resultados, que lastima que algunos candidatos electos no lo vean así y digan “Vae victis!” (¡Ay de los vencidos!), todos somos mexicanos y todos deseamos que al país le vaya bien, aunque algunos no lo deseen ya que es su modus viviendi. El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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