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Columnas Ingeniería mexicana

De historia y algo más

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José Ortega y Gasset dijo: “Los ingenieros acuden a la vida pública como lo que son, como hombres de ciencia y técnica que aportan al gobierno lo que es su haber: el conocimiento, y le piden a este que en lugar de orientar las leyes con el viento de los discursos, las alimenten con el acervo de minuciosos y meditados estudios”. La historia del desarrollo social y económico de México, como el de las demás naciones, está íntimamente ligada a la cobertura y calidad de la educación, así como al diseño de las soluciones de su ingeniería. La ingeniería mexicana es motivo de orgullo nacional, por su probada disciplina y es objeto de reconocimiento a nivel mundial. En la actualidad los ingenieros mexicanos representan una de las academias emblema de nuestro país, garante de eficacia y muestra de su gran capacidad aprehendida en las aulas. Su trabajo es reconocido, tanto por la construcción de obras de gran magnitud, como por el desarrollo de obras de uso diario, cotidiano, pero que implican el mismo profesionalismo y dedicación. Puede tratarse de un paso superior de vehículos de alto aforo en el centro de una ciudad, un tramo carretero que une dos comunidades de gran intercambio comercial o un bajo puente que permite abatir el índice de accidentes de tránsito con el ferrocarril que por ahí circula. Una obra por más sencilla que parezca, tiene implicaciones de utilidad como parte del mobiliario urbano, de sensibilidad con el entorno en donde cimentará su obra, de pericia en el diseño, de responsabilidad civil. Estos valores son fundamentales para la construcción de magnas obras. En la actualidad el desafío más formidable que pudiera enfrentar un ingeniero mexicano es realizar una obra que sea realmente útil a la ciudadanía, a una entidad, a la nación entera; que su uso diario sea tan confiable como el más alto de los rascacielos, o el más largo túnel o puente jamás construido. Esas obras que permanecen a través del tiempo, que pueden servir incluso por generaciones, son las obras que permanecen en el subconsciente de la gente, del usuario, del beneficiario final, que es como siempre, el ciudadano común, que han sido generadores de empleo, alimentos, salud y calidad de vida. El trabajo de los ingenieros está presente en la edificación de viviendas, hospitales, escuelas y centros comunitarios, vías férreas y carreteras que unen todas las ciudades y en la gran mayoría de las pequeñas comunidades, energía eléctrica para operar los sistemas de transporte colectivo, activar luminarias, refrigeradores, aspiradoras, aire acondicionado, teléfonos, televisores y radios; bombas hidráulicas que llevan agua a nuestros hogares y desalojan los desechos en los drenajes; petróleo que mueve modernos ingenios como barcos, aviones, automóviles, camiones, camiones, tractores y segadoras; petroquímicos y plásticos, presentes en muebles, ropa, pinturas, recubrimientos y un gran número de productos adicionales. A pesar de nuestros rezagos, la calidad de vida de que disfruta actualmente buena parte de la población, no sería posible sin el trabajo acumulado de los ingenieros. Solo queda decir que la ingeniería es piedra angular del desarrollo económico y mejoramiento social para cualquier país en el mundo, es decir, es sinónimo de progreso. Por eso y por toda la comodidad y calidad de vida que nos dan sus obras, hoy primero de julio celebremos a los ingenieros mexicanos. El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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