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Sismos y seguridad Desde sus comienzos, el ser humano ha modificado su entorno para adaptarlo a sus necesidades. Para ello ha hecho uso de todo tipo de materiales naturales que, con el paso del tiempo y el desarrollo de la tecnología, se han ido transformando en distintos productos mediante procesos de manufactura de creciente sofisticación. Los materiales naturales sin procesar (piedra, madera, arcilla) se denominan materias primas, mientras que los productos elaborados a partir de ellas (yeso, cemento, acero, ladrillo) se denominan materiales de construcción. En los países desarrollados, los materiales de construcción están regulados por una serie de códigos y normas que definen las características que deben cumplir, así como su ámbito de aplicación. El propósito de esta regulación es doble: por un lado garantizar unos estándares de calidad mínimos en la construcción, y por otro permite a los arquitectos e ingenieros civiles conocer de forma más precisa el comportamiento y características de los materiales empleados. México no es la excepción, contamos con reglamentos de construcción y normas, en los mismos se establecen clasificaciones de las construcciones en cuatro grupos. La del grupo AA (Baja California está a la vanguardia en el país con esta clasificación), son aquellas construcciones cuya falla estructural puede causar la pérdida de un número elevado de vidas, perdidas económicas o culturales excepcionalmente altas, o que constituyan un peligro significativo por contener sustancias toxicas o explosivas, así como aquellas cuyo funcionamiento es esencial a raíz de una emergencia urbana, como hospitales y escuelas; estadios, templos, salas de espectáculos y hoteles, terminales de transporte, estaciones de bomberos, subestaciones eléctricas, centrales telefónicas y de telecomunicaciones, museos y edificios que alojen equipos costosos. En los últimos 32 años el país ha sido azotado por huracanes y por sismos, y más alla de las desgracias que han causado a la población, han dejado al descubierto la corrupción rampante que existe en nuestro país, las autoridades han permitido que en lugares como Acapulco y Los Cabos principalmente se construyan en los cauces de ríos o arroyos y no pasa nada, en el último año los sismos de la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas, Morelos y Puebla, se han dañado edificios del grupo AA como hospitales, escuelas, templos, hoteles y tampoco pasa nada. Es triste leer, ver y oír que no se impartirán clases porque los edificios escolares están dañados o que no se puede dar atención médica a la población porque los hospitales no son seguros. Pero lo más preocupante es que la mayoría de esas construcciones son propiedad o del gobierno federal o del estatal. La pérdida de una vida es lamentable y trágica, pero la perdida de la vida de un niño no tiene nombre. Por esta razón es inexplicable que se permita a las escuelas privadas utilizar instalaciones no diseñadas para tal fin. En los últimos años en Mexicali han aparecido muchísimas universidades, escuelas preparatorias, secundarias, primarias y prescolares, la gran mayoría en instalaciones no adecuadas y sin cumplir con el reglamento de construcción de la ciudad. Es urgente que la autoridad educativa revise las condiciones de seguridad de las construcciones en donde se alojan estas instituciones, para que esperar. El 10 de abril es el octavo aniversario del terremoto de 7.2 no se le vaya ocurrir a la naturaleza festejarlo. El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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