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Columnas De historia y algo más

De historia y algo más

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Idiosincrasia II La palabra utopía, acuñada por Tomás Moro en su obra homónima, influenciada por la famosa República de Platón, buscaba una manera de designar un lugar perfecto, un mundo ideal. La sociedad utópica de Moro estaba estructurada de modo racional. Todos los ciudadanos vivían en casas idénticas y la propiedad de los bienes era comunitaria. Los habitantes dedicaban su tiempo libre a la lectura y el arte. Así, esta sociedad vivía en paz y con una plena armonía de intereses. La aceptación actual de la palabra utopía permite hacer referencia a un proyecto, plan o doctrina que, en un primer momento, parece ser imposible de concretar o cumplir. Dicho de otra forma se entiende por utopía una idea de sociedad perfecta, donde reina la armonía y la convivencia y cuyos aspectos políticos, económicos y sociales están equilibrados y permiten que toda la comunidad pueda disfrutar de una vida apacible gracias a ser parte de un sistema absolutamente ideal. En unos cuantos meses se elegirá al próximo presidente de México, pensemos utópicamente que vamos a tener un presidente que es honesto, congruente, tolerante, austero, carismático, culto, preparado, justo, capaz, vaya, una mezcla del Papa Francisco, del Dalai Lama, de Nelson Mandela y Mahatma Gandhi. ¿Ese día los mexicanos dejaremos de ser intolerantes? ¿Corruptos? ¿Violentos?, ¿Se va a dejar de violentar a las mujeres? ¿Se va dejar de discriminar? ¿La gente ya no se va a estacionar en lugares para personas con discapacidad? Al que se dice pobre y espera que el gobierno le lleve una despensa o le otorgue pensión mensual sin merecerla. Ni Dios podría con una sociedad que se niega sistemáticamente a asumir gran parte de la responsabilidad que tiene en todo este caos en el que vivimos. Que lo haga otro, para eso lo elegimos, pero ni siquiera el día que les toca cumplir con el deber cívico de votar lo hacen. Como le haría cualquiera de los tres candidatos para convencer al narcomenudista, al ladrón, al que golpea a su esposa y a sus hijos, al que se pasa los altos, el que se roba el combustible, para que dejen de hacerlo. La mayoría buscan que llegue al poder alguien que haga por ellos lo que no pueden hacer por sí mismos, acabar con la corrupción, la violencia, la impunidad y todos los vicios de esta sociedad. ¿Qué hacer con quienes se cuelgan de la energía eléctrica, el que se apropia de la calle o de la banqueta, al ambulante que vende contrabando?, a esos no se les toca porque tienen derecho a ganarse la vida, porque muchos mexicanos son así, quieren que nadie se meta a la fila, pero ellos lo hacen, quieren que no haya corrupción, pero dan mordida para evitar el alcoholímetro o las multas, nadie quiere que le roben pero compran robado y piratería, y creen que no están haciendo nada malo. ¿Qué es lo que en realidad estamos buscando entonces? ¿Un presidente? ¿Un salvador? O una persona que gobierne para echarle la culpa de todo, hasta de que se inundan las calles por la basura que tiramos. Solo nosotros podemos cambiar a este país, pero igual no queremos, porque nos gusta vivir así, ¿o no? jaimenavarro@tecnyco.com.mx *- El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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