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Columnas DE HISTORIA Y ALGO MÁS

De historia y algo más

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Nostalgia Había una vez…, con esta frase empezaban todos los cuentos que nuestros padres nos contaban, los que contaba Nana Chela en la XEAA a un costado de la alberca Agua Azul o el programa de televisión llamado Teatro Fantástico con Cachirulo, trasmitido por el extinto canal 3; pocos hogares tenían televisión, el recreo de media hora en la escuela primaria se utilizaba para jugar beisbol, basquetbol, voleibol o futbol. En algunas escuelas había competencias de yo-yo, balero, saltar la cuerda o trompo, la bebe leche o el avión. En estas competencias participaban algunos de los maestros y había una convivencia de respeto con ellos. Te dejaban tareas pero no al grado de no tener tiempo de jugar con tus amigos de la cuadra o del barrio, jugábamos a las canicas, también jugábamos al bote pateado, a las escondidas, al Shanghái. Para pasear en bicicleta no era necesario usar casco, coderas, rodilleras o chaleco reflejante. Para nuestros padres era muy fácil localizarnos porque siempre sabían dónde estábamos y todos sabíamos que al final de la tarde teníamos que estar en nuestras casas, había cultura vial, el peatón siempre tenía la preferencia, algunos tuvimos el privilegio de pertenecer al escuadrón vial, la capacitación se llevaba a cabo en la planta alta de Sunland y cuando ya estabas listo dirigías el tránsito junto a un agente de la Policía Municipal. En las reuniones familiares se jugaba a la lotería, a serpientes y escaleras, el juego de la oca, damas chinas o inglesas. En la actualidad, la radio ya no se usa para escuchar cuentos o música, solo noticias y programas conducidos por seudolocutores en su mayoría incultos, los niños no saben qué es un balero, un trompo o canicas. Enciclopedias como la Británica, Jackson, Temática, Cumbre, o México a Través de los Siglos, ya no son consultadas. No todo lo que se lee en internet es verdad, no se puede confiar en la información que ahí aparece. La tecnología ha terminado con las reuniones familiares, es triste ver en los restaurantes a una familia sentada a la mesa con celulares en la mano y sin hablarse entre ellos, o en una reunión familiar tomándose selfies sin entablar conversación alguna entre ellos. Y más triste es ver a niños que aún no hablan traer en las manos una tableta y deslizando sus manos como expertos sobre la pantalla táctil, ahora los niños y adolescentes pasan horas sentados frente a un televisor viendo programas o jugando en línea videojuegos con alto contenido de violencia. Hace algunos días la OMS declaró la dependencia al celular y al uso de videojuegos como una enfermedad mental que crea ansiedad, coraje y frustración en el ser humano. El uso reiterado de los juegos basados en Internet o videojuegos, a menudo con otros jugadores, conduce a problemas significativos con el funcionamiento normal del joven. Como padres, debemos enseñar a nuestros hijos a hacer un uso responsable y sano de los dispositivos, de lo contrario podremos tener problemas tan graves como este: soy adicto a los videojuegos y mis padres adictos al smartphone, vaya problema. Iniciemos el 2018 con el propósito de no utilizar el celular al menos en las comidas y en las reuniones familiares. Volvamos al pasado. El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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