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Columnas Contra Corriente

Contra corriente

Las flaquezas de Meade Un abismo enorme se ha producido entre el candidato del PRI a la Presidencia, José Antonio Meade, y la capacidad de oratoria, de discurso, del actual presidente, Enrique Peña Nieto; dando por hecho que el propio Peña se decidió por Meade para que asuma el cargo para sucederlo. Es posible atisbar que el actual Mandatario sabía de antemano que se la jugaba con esta determinación, o mejor aún, dedazo, pero nunca se pensó, es posible, que el Presidente supiera de antemano la principal debilidad y flaqueza de Meade, a la vez que es posible que esa debilidad le era desconocida, o mejor aún nunca tuvo la oportunidad de conocer de fondo al candidato; incluso concediendo que convivieron juntos en su gobierno y que Meade era de los más altos funcionarios de su gabinete. Es posible, incluso, creer que el actual Mandatario no le diera mucha importancia a esta debilidad en el lenguaje y discurso de Meade y pensar en cambio que con su pura trayectoria era suficiente, dando por hecho Peña Nieto que a él su oratoria y facilidad de palabra lo llevo a la Presidencia. Difícil resulta especular al respecto, pero una cosa es obvia: la pobreza del discurso de José Antonio Meade lo tiene actualmente en el tercer lugar en las encuestas por la presidencia. Y no implica con ello que el resto de candidatos sean una lumbrera al respecto; a López Obrador, Ricardo Anaya y la propia candidata independiente Margarita Zavala, les falta el don de la oratoria, y ésta, la oratoria, es parte fundamental en toda campaña política. Recordemos simplemente que por su discurso Adolfo Hitler movió multitudes; Juan Domingo Perón en Argentina, Lula da Silva en Brasil (por cierto hoy, Lula, en problemas de corrupción). Buenos o malos estos gobernantes llegaron al poder por su oratoria brillante y apasionada. Los tres candidatos más fuertes en la actual campaña por la presidencia dirigen sus mensajes con frases entrecortadas y sentencias agresivas sin el más mínimo valor de un discurso convincente. Andrés Manuel se la pasa cazando frasecitas que busca que el pueblo le aplauda y comprar sufragios por estas trampas verbales. Lenguaje que él sabe que al pueblo le llega. La ultima: “Al ciudadano que va a votar le pido que voten por los candidatos a diputados y senadores de Morena, para así tener mayoría en las dos cámaras y hacer un gobierno fuerte, no como los actuales diputados que se la pasan pidiendo 'moches'” (quiere decir con su terminajo que éstos se venden al mejor postor). Este es el discurso por lo general de López Obrador. El resto de los candidatos, mal que bien están cortados con la misma tijera, es decir, en todos falta la oratoria que convenza, el discurso que es la médula del buen comunicar, la entrada al convencimiento. Se terminaron aquellos tiempos de José López Portillo, Luis Echeverría y Adolfo López Mateos que por su elocuencia convencían así hayan sido o no buenos presidentes. Este es otro tema. El autor es artista plástico.

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