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Columnas Contra Corriente

Contra corriente

Se complican las acusaciones Como se fue dando la confrontación ahora está generando lo que hoy está sucediendo. Nada bueno se podía esperar de la respuesta del PRI a Ricardo Anaya, candidato por del Frente PAN-PRD-Movimiento Ciudadano; en tanto que la precampaña de Anaya inició mal. En una especie de desesperación reiteró hasta el cansancio que iría contra la corrupción del PRI. Su estribillo, su persistencia al respecto llegaba incluso al colmo, a la provocación. Allí está el resultado. A Ricardo Anaya le faltó colmillo, inteligencia; pese a que afirman sus seguidores de que es un personaje capaz, inteligente, valga la redundancia. Cualquier parroquiano común y corriente como este escribidor pudo intuir que tarde o temprano Anaya encontraría la respuesta del PRI gobierno a sus acusaciones: su persistencia en la corrupción del PRI. Como si los tricolores estuvieran amarrados de manos o incluso carentes de recursos para parar a Anaya en seco y con la misma respuesta: Anaya también tiene cola que le pisen, es la respuesta del PRI. Si el PRI gobierno está en lo cierto o no respecto a un supuesto lavado de dinero entre Anaya y un empresario, en referencia a la, para colmo del candidato del Frente, compra-venta de una bodega en la que se involucran más de 50 millones de pesos. Sea cierto o no, esta acusación contra Anaya, el “problemita” ya no se lo podrá sacudir tan fácilmente. He aquí la ingenuidad de Anaya. ¿Por qué? Por convivir (disculpe el priismo la metáfora) tantos años entre el lodo y no darse cuenta, o ignorar olímpicamente la astucia del PRI para defenderse; para encontrar cómo atacar. Si hay algo en el que los priistas tienen grado de maestría es en saber cómo defenderse, siempre tener la respuesta al ataque; aparte de tener toda la ventaja del poder, de las instituciones del Gobierno. Tan es así que la acusación contra Anaya, simplemente confirma lo dicho: van contra Anaya, todo el Gobierno, incluido Peña Nieto, así el Mandatario lo niegue. Institución del gobierno que se supone del Estado mexicano, se embarra olímpicamente en el problema; y por lo tanto, se intuye; se debe intuir, está involucrado el propio presidente Peña Nieto, así lo niegue, debo reiterar. Su discurso de neutralidad, en este caso ya no convence. Pero lo fundamental aquí es que la precampaña de Ricardo Anaya no fue para dar a conocer su proyecto de gobierno, sino que se fue en ataque directo al PRI, defecto que de una forma u otra, aun siendo verdad su discurso, ahora lo está pagando con creces. López Obrador al menos, con todo y su pobreza para expresarse, en su precampaña aprovechó el espacio para delinear un tanto lo que sería su gobierno. José Antonio Meade, a la vez, perdió un precioso tiempo en decir en su discurso que él es honesto y que siempre ha sido un excelente burócrata, sin nada que manche su trayectoria (esto es muy discutible). Como Secretario de Hacienda nada se movía sin su aprobación y allí, en Hacienda pudieran haber enormes huecos oscuros. Vaya usted a saber. Lo cierto, y para concluir, es que las precampañas de los tres candidatos fueron tibias; no arrojaron ninguna luz de cómo serían sus administraciones y al parecer aún no lo han expresado. Más ha dicho el presidente Peña puntualizando, con lucidez incluso, los logros de su gobierno que en resumen representan avances y progreso para la nación: Carreteras, puentes, puertos, distintas valiosas reformas, etc., en fin, Peña Nieto se va dejando una estela de infraestructura en el país para mejor vivir de todos los mexicanos, pese a las carencias. Y pese también, lo más graba el crimen, organizado o no en México y la persistente corrupción que, dando la razón a Anaya, sigue en pie. El autor es artista plástico.

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