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Columnas CONTRA CORRIENTE

Contra corriente

Por Ruben García Benavides

Corrupción México pasa en este momento por dos enormes problemas que lo tienen con la cabeza al suelo, de hecho, convertido en una víctima que difícilmente puede salir de estos dos flagelos que lo mantienen postrado: el crimen organizado y la corrupción. En ambos casos el presidente Enrique Peña Nieto no ha podido salir del problemón. Tanto así, que en uno de sus discursos recientes se expresó ante la multitud: Nos han tocado tiempos difíciles; haremos un refuerzo por resolver nuestros problemas, pero no será fácil (la cita no es enteramente textual, pero esta fue su idea). Por primera vez vi a Peña Nieto realmente consternado, afligido, dando a entender por su expresión que a su gobierno lo tenían verdaderamente preocupado (se refería al crimen organizado y la corrupción). En este gesto, en estas palabras del Mandatario no había señales de triunfalismo; en este discurso Peña Nieto era otro presidente, no aquel ágil, hábil con la palabra, convencido plenamente de sus ideas, de su proyecto de gobierno, de cada uno de sus actos. Se pudiera creer que el triunfalismo peñista de otros tiempos, de otra circunstancia, de otra fiesta, había llegado a su término. Pudiera afirmarse, además, que su certeza del triunfalismo del PRI en la próxima contienda por la Presidencia estaba en entredicho; que el crimen y la corrupción bien podrían ser la causa de la próxima derrota de su partido Por décadas el gobierno ha sido el generador de la corrupción en México; históricamente somos un País de corruptos. A los gobernantes sucesivos les ha faltado el respeto absoluto a la ética. Por décadas, la mayoría de priistas, con todo respeto a ellos, cuando en su presencia se hace referencia a esta palabra propia para la conducta del hombre, con cinismo expresan: “En qué árbol se produce esa fruta”. Nadie me lo ha contado, yo lo escuché reiteradamente en mi juventud. El producto que se ha logrado dentro de los sucesivos gobiernos de México es ese: un fruto podrido. No nos hagamos... (mejor no digo la palabrita). Sin embargo, todos los esfuerzos que se realicen al respecto deben ser bienvenidos, mas yo no creo que esta responsabilidad fundamental se encuentre en Consejos Ciudadanos o en Comités de Participación Ciudadana como el que hasta hace poco presidía la activista Jacqueline Peschard Mariscal, quien al mismo tiempo considera que las campañas políticas son la principal fuente de la corrupción en México. Pese a que sin duda tiene razón, la principal fuente de la corrupción somos los mexicanos. Nuestra corrupción que trasciende hasta las altas esferas de la política y el sector empresarial, tiene su origen fundamental en la falta de ética de los mexicanos. El honor se impone por educación y trasciende familias y al propio Estado. Y este respeto a la ley lo impone en las Cortes y los tribunales con raíces extraordinarias de respeto a la honestidad: Todo lo demás es palabrería hueca. El respeto al honor se mama no en la familia, sino en el Estado. En las Cortes, en las policías, en los jueces, en los funcionarios de todos los niveles: La ética lo impone el Estado por décadas, cientos de años. Este no se improvisa, se practica. Resulta extremadamente difícil para cualquier mexicano, de la frontera pongamos por caso, internarse en California, por ejemplo, cometer una infracción de tránsito, grave o leve, y si desconoce la firmeza de la ley en aquel país, ocurrírsele o sugerir alguna mordida al oficial para que la deje sin castigo. En México, y no sé si en todos los países de Latinoamérica, la mordida es lo más común, a nadie le sorprende y a nadie le importa su trascendencia o mejor aún sus consecuencias. Eso somos, no nos hagamos… ¡Eso es todo! El autor es artista plástico.

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