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La generación de oro Se dice que cada generación tiene su particularidad. Quienes nacimos entre los años cuarenta y sesenta, se nos ha llamado la generación de oro porque, modestia aparte, tenemos muchas cosas que presumir. Quienes actualmente tenemos entre 50 y 75 años, somos una generación única, que generaciones nuevas no han sabido valorar. Veamos algunos ejemplos. Somos una generación que sabía escuchar a sus padres, tíos, abuelos, disfrutábamos convivir con ellos, los respetábamos, les hablábamos de “usted”, aunque a nuestros padres poco a poco los fuimos “tuteando”, pero con respeto, sin gritos ni ofensas, ¡ que esperanza que delante de ellos dijéramos una mala palabra, cuando mucho “ tonto” , ni siquiera “menso “, porque así nos iba! además de sentirnos mal, porque teníamos arraigado en nuestro interior lo que precisamente hace tanta falta hoy y que, son las bases para la armonía familiar: La obediencia y el respeto. La música que escuchábamos no era atrevida, aunque atravesamos la era del Rock, presente en todas nuestras fiestas, la mayoría en casas, usando el tocadiscos. Esperábamos sentadas a que algún muchacho nos sacara a bailar, y lo más curioso, no necesitábamos alcohol para divertirnos, bailando rock, twist, y hasta de “cachetito” las melodías suaves. Las letras de las canciones era digna, nos daban valor como personas; tenían ritmo, armonía, y hasta poesía, conservando el romanticismo de la anterior generación. Para nosotras, lo máximo era recibir a media noche una serenata con un trío romántico, o con mariachi. En el cumpleaños, el día del amor, en el aniversario del noviazgo o hasta para “contentarnos” Nos sentíamos soñadas, era una experiencia única. Algunos estudiamos en escuelas privadas, pero las públicas eran también excelentes. La mayoría de los maestros trabajaban por vocación y entregaban el alma. Salíamos a jugar a la calle, con la pelota, a brincar la riata, a los encantados, sin ningún peligro que no fuera un raspón de rodillas o un chipote. No había seguros médicos privados, teníamos novio a veces platónico que tratábamos como a todos nuestros amigos, en relaciones sanas y a la luz del día. Buscábamos a Dios, teníamos ideales, recibíamos formación humana y cristiana en casa y en grupos juveniles de Iglesia, que proyectábamos en nuestra familia y en quien nos necesitara, era sencillo pensar en los demás y ser generosos, hasta lo disfrutábamos. Muchos estudiaban solo primaria, secundaria o una carrera corta, según las necesidades. No había “hijos de papi”, los mayores ayudaban a sus padres a sacar adelante a sus hermanos trabajando y estudiando. No éramos mantenidos, ni hablábamos como carretoneros, nos tocó tener principios, respeto y pasaremos a la historia como una generación humana y con valores. Hoy el mundo está destruyéndose por carecer de lo que nosotros teníamos en abundancia: Generosidad, agradecimiento, amor, respeto, obediencia a Dios y a nuestros mayores. Por eso hoy muchos jóvenes son tan fríos, violentos, egoístas, groseros e irresponsables que solo saben divertirse con alcohol en la sangre y música estridente. La generación de oro somos una edición limitada, y nos estamos yendo…cada vez somos menos… ¿Habrá quién nos sustituya ? ¡Mujer Mexicana forja tu Patria¡ * La autora es consejera familiar.

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