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Hablemos de los niños Hoy 30 de abril, día en que celebramos a quienes tanto amamos: los niños. En el mundo de hoy ¿son valorados? Hace dos días, jueces de Gran Bretaña dejaron morir a Alfie Evans, un hermoso niño de dos años, al ordenar retirar el respirador que lo mantenía vivo y negar el permiso a sus padres de trasladarlo a Italia, donde lo recibirían médicos especialistas en el Hospital Bambino Jesú, por intercesión del Papa Francisco. Y aunque autoridades italianas le otorgaron la ciudadanía, los ingleses negaron el permiso para su traslado. Alfie murió, donando su vida por un mundo más humano, ante el profundo dolor e impotencia de sus padres. ¡Era un niño, no un animal ! Tristemente hoy se les valora más a ellos que a los seres humanos. Lo vemos en todo el mundo, y México no es la excepción, la matanza de niños inocentes en el vientre de sus madres es una muestra de lo poco que se valora la vida de los niños. Pretextos como “no estaba programado”, la comodidad, apariencia física, el “qué dirán” y la pobreza, pesan más que el respeto a la vida del niño por nacer y esto no se vale. Pareciera hoy que los niños, con tanta tecnología, celulares, tabletas, etc., son más felices, creo que es al revés. Muchos padres han olvidado que las cosas nunca suplen la presencia amorosa con sus hijos. Un estudio reciente hecho a niños de diferentes estratos y edades lo confirma: Preguntaron a cada uno por el regalo más valioso que quisieran recibir de sus padres. Las respuestas los asombraron: “Encontrar a mamá al llegar de la escuela”, “Platicar con mi papi”, Que se den tiempo para convivir”, “Jugar al futbol con mi papá”, “Que mamá me diga que me quiere”. Ninguno de ellos mencionó algo material. Eso no llena el corazón de los niños, ellos necesitan presencia, atención y el cariño de sus padres. Pero además, los niños necesitan que se les pongan límites, reglas claras que se respeten; sostenerse aunque duela, que asuman las consecuencias de sus actos, buenas y malas, para que formen su carácter. Muchos padres confunden el amor con el permisivismo, dejando a los hijos hacer lo que quieren sin tener conciencia del daño tan grande que les hacen. Hijos de padres permisivos son los tiranos del mañana, inmaduros, irresponsables, e infelices. Es decir, quien ama verdaderamente a sus hijos, aunque tenga posibilidades, no les da todo lo que le piden, hace que se gane las cosas, que luche, que se esfuerce, la vida es dura y hay que prepararlos para enfrentarla. Decía Confucio: "Aun con recursos, educa a tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío”. Los niños necesitan también saber que Dios les ama, que es su Padre, que los perdona y está cerca de ellos cada momento. Con palabras, pero sobre todo con el ejemplo. ¿Es fácil? No, pero vale la pena, porque se trata de lo más amado: nuestros niños, de lo más valioso: su vida, estando conscientes que tenemos en nuestras manos lograr hacer de ellos hombres de bien, y su felicidad temporal y eterna. ¡Feliz día de los niños! *La autora es orientadora familiar.

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