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Hablando de regalos En ocasión de la Navidad, el mes pasado un grupo denominado Pastoralsj, en Madrid, España, hizo un experimento con 27 personas de todas las edades, a quienes citaron para responder unas preguntas sin saber el tema ni el contenido de las mismas, previo permiso para grabarlas. Primero les pidieron que nombraran a una o dos personas amadas e importantes en sus vidas. Las respuestas fueron variadas: su madre, su hijo, esposo, hermano, el abuelo, etc. Enseguida les preguntaron qué les regalarían en Navidad. Cada uno dijo: un bastón, una chaqueta, unos chocolates, un teléfono, diferentes cosas. Luego les preguntaron: Si se sacaran la lotería, ¿qué le regalarían a esa persona tan importante? Ya con tanto dinero, eligieron viajar, comprarle casa, ropa, automóvil de lujo, etc. Pero lo interesante fue la pregunta final: Y si fuera esta su última Navidad, ¿que le regalarías? Las respuestas cambiaron rotundamente: Mi tiempo, mi presencia, la sacaría de la casa a dar un paseo, le pediría perdón, le diría que la amo, le daría un abrazo que hace tiempo no le doy, la llevaría a su pueblo a ver sus parientes… El mensaje no es nuevo, el experimento probablemente tampoco, pero el resultado fue excelente. Al ponerse en la perspectiva de que podría ser la última Navidad, todos sin excepción cambiaron sus regalos, descubrieron cómo ponemos el corazón en lo que los medios, la publicidad, nos dicen que tenemos que ponerlo: en las cosas. Manipulados como borregos, vivimos sin mirar hacia los lados, ni disfrutar los momentos importantes de la vida que son los pequeños detalles; y hasta que la vida nos dice "hasta aquí" reaccionamos, a veces demasiado tarde. Tenemos la idea de que las personas van a estar ahí siempre, y entonces no decimos un te quiero porque lo damos por hecho, pensando que sabe de sobra que la quiero. No necesitamos ponernos en esta situación para darnos cuenta de esta realidad, y la Navidad es la oportunidad para tomar conciencia. Regalar tiempo con las personas es el mejor regalo, porque precisamente es algo que no podemos comprar, que nunca va a volver, es como un regalo exclusivo y único. Y precisamente en el tema de los regalos, está circulando en las redes una propuesta excelente para esta Navidad: Se trata de comprar un regalo, no tiene que ser costoso, una caja de chocolates o de galletas, una bufanda, lo que cada quien pueda; envolverlo y ponerlo en el árbol con una tarjeta que diga: “Para ti de parte de Jesús que te ama y quiere estar contigo esta Navidad”. Este regalo será para alguien que el día de Navidad toque tu puerta pidiendo ayuda o ponerlo en el carro y dárselo a alguna persona necesitada. Les aseguro que será una alegría para quien lo reciba y quizá hasta un inicio para que Jesús entre en su vida. ¿Le entran? El sentido de darnos regalos es Jesús, regalo de amor infinito a nosotros. Que ese mismo amor nos mueva para dar nuestra persona, nuestro tiempo y servicio, a los que Dios ha puesto en nuestro camino. ¡Feliz Navidad! *La autora es orientadora familiar.

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