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Ya viene ¡preparémonos! Estamos en el mes más bonito del año: Diciembre, un mes que se engalana con la celebración del día de nuestra Madre del cielo, la Santísima Virgen de Guadalupe que hace más de 500 años quiso venir a nuestra Patria para quedarse entre nosotros los mexicanos mostrándonos su amor, su ternura y protección de Madre especialísima “No ha hecho cosa igual con ninguna otra Nación.” Somos un pueblo privilegiado, no porque lo merezcamos sino por su amor incondicional de Madre hacia cada uno de nosotros. Pero también el mes de diciembre, es la oportunidad que cada año tenemos de vivir un tiempo precioso y propicio de preparación para el gran acontecimiento que pronto celebraremos: El nacimiento de Jesús nuestro Dios y Señor, que vino a este mundo, haciéndose uno de nosotros por amor, aún a pesar de saber de la indiferencia, el desamor y la opción personal de vivir al margen de Dios de muchos. Jesús viene, y con la humildad y ternura de un recién nacido, toca la puerta de nuestro corazón para que lo dejemos entrar y entonces sí, poder vivir una verdadera Navidad, plena de paz interior y de alegría. Con cuánta razón un poeta alemán del siglo XVIII decía: “Aunque Cristo naciera mil veces en Belén, si no nace en tu corazón seguirías siendo un desgraciado”. Se cuenta que un famoso artista pintó un bello cuadro. El día que iban a develarlo, en presencia de autoridades locales, fotógrafos, periodistas y una gran concurrencia, se quitó el paño que lo cubría. Un estallido de aplausos hizo retumbar el salón. Una impresionante figura de Jesús tocaba suavemente la puerta de una casa, con el oído pegado a la misma, como pretendiendo escuchar si alguien de adentro le respondía. Vinieron los discursos y elogios; todos admiraban aquella preciosa obra de arte. En un momento, un observador muy perspicaz, encontró una falla en el cuadro y se lo hizo notar al autor: la puerta no tenía cerradura. Al preguntarle al artista, no sin cierta picardía; Oiga, su puerta no tiene cerradura, ¿cómo se hace para abrirla? Así es, respondió el pintor, usted ha observado bien, esa puerta no tiene chapa, porque es el corazón del hombre, solo se abre por dentro. ¡Qué gran verdad! Si nosotros queremos que Cristo venga a nuestra alma y nazca en nosotros esta Navidad, tenemos que abrirle nuestra casa desde adentro; Él no obliga a nadie, ni fuerza contra su voluntad a que le abran. Cada uno lo hace libremente. Él, porque nos ama, nos respeta siempre, incluso aunque con nuestra indiferencia, negación y pecado, nos hagamos daño a nosotros mismos. Es el gran misterio del amor de Dios y de la libertad humana. Si queremos que Dios nazca en nosotros, hemos de preparar nuestro nacimiento, nuestro “Belén” interior y esto exige desearlo y estar alertas para que los criterios y los vicios del mundo, no esclavicen nuestra vida. Que este tiempo de espera nuestro grito sea ¡Ven Señor Jesús a llenar el profundo vacío en el que se encuentra el hombre cuando tú no habitas en él! *La autora es orientadora familiar.

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