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Columnas COLUMNA HUÉSPED

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Promoción del deporte en Baja California Los primeros promotores deportivos en Baja California siempre contaron con el apoyo de las autoridades en turno. El motivo era obvio: el deporte era (y sigue siendo) un negocio promisorio que daba estatus social, una actividad que atraía al turismo y una ocasión para dar a conocer el nombre de las poblaciones fronterizas. No como ciudades del vicio sino como poblaciones donde el deporte era premiado y reconocido por su esfuerzo físico, por su trabajo en equipo. En los primeros años de la década del siglo XX, en especial durante el régimen del coronel Esteban Cantú (1914-1920) estuvo controlado por los militares adeptos a su régimen, quienes crearon clubes de oficiales dedicados a la práctica de la equitación y la esgrima. Pero eso cambiaría pronto. Para los años 20 del siglo XX, el gobernador Abelardo L. Rodríguez comenzó un programa de instrucción pública, con “un brillante programa deportivo y la construcción de un campo de básquetbol en el que las quintas de la jefatura se midieron brillantemente con las del vecino país en varios encuentros internacionales cuyo resultado principal fue causar en las escuelas entusiasmo por la cultura física por medio de los deportes”. Además, Rodríguez construyó una cancha “para básquetbol, así como un stand para tiro de pistola que fue considerado como uno de los mejores de la república. En aquellos tiempos cuando toda la afición se inclinaba por el básquetbol y el béisbol”. En cuanto a este último deporte, el béisbol se convirtió, ya desde entonces, en el deporte favorito de los habitantes fronterizos. Y esto puede verse en la atención que la prensa le dedicaba a estas justas deportivas que, en la mayoría de las ocasiones, se daban entre equipos como los de Mexicali y del Valle Imperial, los de Tijuana y San Diego, sin distingos de fronteras. Sin el apoyo irrestricto del general Abelardo L. Rodríguez no se hubiera logrado la consolidación de la educación deportiva. Su propia 'Memoria administrativa '(1928) revela el peso del deporte en el gobierno de la entidad y los proyectos que aquí se llevaron a cabo uniendo la enseñanza escolar con el fomento a esta actividad. Y es que el deporte, en términos escolares, sirve para conformar la personalidad de los niños y jóvenes bajacalifornianos en dos ámbitos indispensables para el futuro de la entidad: el esfuerzo personal para mejorar su condición física y el trabajo en equipo para conseguir realizar proyectos que engrandezcan a nuestra entidad. En su "Memoria administrativa del gobierno del Distrito Norte" (1928), el general Abelardo L. Rodríguez hace hincapié en que las condiciones físicas y los elementos materiales para los escolares son prioritarias para su gobierno tanto como los planes de estudio y más cuando la educación se da en un territorio extenso y no bien comunicado del todo: “Los edificios escolares, entre los que figuran prominentemente los siguientes: de Mexicali las escuelas Benito Juárez, Leona Vicario, Cuauhtémoc e Industrial; de Zaragoza (Tijuana), la escuela Miguel F. Martínez y de Ensenada, la escuela Progreso. El excelente mobiliario, cuyo estado de conservación es inmejorable. La abundancia de materiales y útiles escolares. Aparatos para juegos y deportes como aparatos fijos, planos inclinados, columpios, trampolines, barras, trapecios, etcétera, y la mayor parte de los planteles educativos tienen dotaciones completas para juegos y deportes, tales como basquetbol, beisbol, tenis y futbol”. Así podemos percatarnos del alto grado de compromiso con la educación física, con el deporte en general, que el gobierno rodriguista muestra en tantos y tan diversos detalles de la vida escolar. El general Rodríguez, como administrador, logra que una buena parte del presupuesto sea para utilizado para ofrecer una educación deportiva a la altura del siglo XX. Y de ahí en adelante, la promoción del deporte no se queda en las peleas de box para atraer a los turistas sino que abarca a toda la sociedad bajacaliforniana, principalmente a los niños en edad escolar de nuestra entidad. Es el triunfo del deporte como generador de una sociedad que se enorgullece por sus deportistas en las competencias locales, nacionales e internacionales. Es el momento en que los bajacalifornianos comprenden que el deporte une y no divide, que alienta la vida comunitaria y nos prepara para ser mejores ciudadanos de cara al porvenir. Sin el aliento deportivo, los pobladores venidos de tantas partes del país no se hubieran identificado como bajacalifornianos en tan poco tiempo, no se hubieran sentido parte de un mismo equipo vencedor. * El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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