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Columnas COLUMNA HUÉSPED

Columna Huésped

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A 90 años de vuelo histórico El general Abelardo L. Rodríguez, como gobernador del Distrito Norte de la Baja California de 1923 a 1930, fue un empresario siempre al día. La tecnología aérea le entusiasmó tanto que en noviembre de 1927 estableció una fábrica de aviones en Tijuana, en un viejo molino de trigo en lo que hoy es la Zona Norte de esta ciudad fronteriza, en donde se construyeron, bajo la dirección de un ingeniero estadounidense, aviones de prueba, prototipos para romper récords nacionales y mundiales. La primera de estas pruebas que demostrarían la capacidad de estas aeronaves, llamadas Baja California I, II y III, construidas entre 1927 y 1929, la llevó a cabo el mayor Roberto Fierro Villalobos, piloto militar a las órdenes del general Rodríguez. El capitán Fierro no era un novato en estos menesteres: nacido en Chihuahua en 1897, fue parte del ejército revolucionario desde sus inicios. En 1922 pasó de ser oficial de caballería a piloto aviador en el naciente cuerpo aéreo de nuestro país, como parte del Escuadrón de Observación y Bombardeo. En la década de los años 20 participó en misiones de combate contra rebeldes revolucionarios y contra los cristeros en varios estados de nuestro país, desde Sonora a Michoacán. Pero su fama proviene de que a sus 31 años, su vuelo desde Mexicali hizo historia en la aviación nacional y mundial. Este vuelo dio inicio el 25 de mayo de 1928, cuando el mayor Roberto Fierro emprendió su vuelo de madrugada, cuyo punto de partida era la Laguna Salada. Antes de partir lo esperaban para desearle suerte en tal aventura aérea el propio gobernador de Baja California, el general Abelardo L. Rodríguez. El avión Baja California-II, de fuselaje plateado, monomotor y cargado con gasolina para 24 horas de vuelo, estaba listo y en las mejores condiciones mecánicas para enfrentar el desafío de hacer la travesía de Mexicali a la Ciudad de México. A las 2 de la mañana con 5 minutos, el capitán Fierro saludó a las decenas de mexicalenses y compañeros de armas que estaban ahí para apoyarlo con su presencia y, después de recorrer 750 metros de la Laguna Salada, emprendió el vuelo. Roberto Fierro, lo mismo que muchos otros pilotos alrededor del mundo, quería batir récords, ser el primero en atravesar los 2 mil 330 kilómetros entre Mexicali, la capital del Distrito Norte de Baja California, y la capital del país. Cruzó pronto el Río Colorado y el Mar de Cortés ganando altura sin problemas, aunque luego tuvo problemas con la bomba del motor. Cuando divisó Guaymas y luego Mazatlán todo el cielo parecía despejado, pero para elevarse sobre la Sierra Madre tuvo que atravesar algunos nubarrones. A partir de Guadalajara y hasta su destino, el aeropuerto de Balbuena en la capital, vientos raudos y nubes con lluvia fueron sus acompañantes. En Balbuena, una multitud que incluía desde simples curiosos hasta funcionarios de alto rango como el propio presidente Plutarco Elías Calles, esperaban con ansias que el avión llegara a su destino sin contratiempos. A las 4:55 pm, Roberto Fierro aterrizó suavemente el Baja California-II y una multitud delirante, según contaron los cronistas de tal acontecimiento, lo rodeó de inmediato. La banda de música de la Policía Montada lo recibió con un saludo militar mientras la gente gritaba: “¡Viva Fierro!, ¡Viva México! ¡Viva la aviación nacional!”. El vuelo Mexicali-México se había hecho en 14 horas y 50 minutos. Cuando el Baja California-II aterrizó aún podía seguir volando por varias horas más. En Mexicali la noticia causó la misma alegría. Abelardo L. Rodríguez, como promotor de la industria aérea nacional, se había anotado un triunfo clamoroso. El presidente Calles le daría un cargo ejecutivo a su altura: la Presidencia de México. Los aviones fueron la debilidad tecnológica a la que fueron afectos muchos gobernantes. A 90 años de aquella aventura sin par es nuestro deber conmemorarla, hacerla nuestra. No olvidar su significado como triunfo tecnológico propio. El Baja California-II hizo más hazañas volando a Cuba y Centroamérica antes de accidentarse en un vuelo de Mexicali a Mérida. El Baja California-III se accidentó igualmente en un vuelo de prueba, lo que truncó las posibilidades de desarrollo de la industria aérea en Baja California. Pero Fierro siguió su camino: fue gobernador interino de Chihuahua, jefe de Aeronáutica, contrabandista de aviones para la República en la Guerra Civil Española y ayudó a crear el Colegio del Aire. Vida fructífera como pocas. * El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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