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Columnas COLUMNA HUÉSPED

Columna Huésped

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Los cuervos de Poe Pocos autores de la literatura universal han sido tan leídos y tan seguidos como el periodista y escritor estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1949), quien en apenas unos años se convirtió en el creador del actual género de misterio y terror, ese género que ha mantenido su fascinación, desde el siglo XIX hasta la actualidad, tanto en la literatura como en el cine y las series de televisión. Según William Ospina, fue Juan Antonio Pérez Bonalde, escritor venezolano, quien realizó la primera traducción al castellano de El Cuervo, el famoso poema de este autor, en 1874, apenas 25 años después de la muerte de Poe. Héctor González, periodista nacido en Monterrey pero afincado en Mexicali entre 1917 y 1920, no se intimidó ante las traducción de anteriores autores e hizo la suya, publicada en 1920. González sabía que no era el primero en traducirlo, pero creía ser capaz de hacer una nueva versión de un texto poético que, desde los ideales del romanticismo, unía el sentimentalismo de su época con la sed por lo macabro, la musicalidad de sus versos con el significado aterrador de esta obra donde el cuervo no es una simple criatura alada sino un símbolo del destino humano en su caída, en su perdición. Lo cierto es que desde 1874 hasta la fecha El Cuervo ha sido uno de los poemas más traducidos al castellano. Su estribillo final de “Nunca más” sigue siendo parte fundamental de su éxito entre el público de diferentes tiempos y ha influenciado a poetas posteriores como Federico García Lorca o Pablo Neruda. El Cuervo es, entre muchas otras cosas, un poema de episodios, de escenas encadenadas, de suspenso. Su tema no es otro que el alma en turbulencia, de la vida que produce tristes reflexiones, del amor que se aleja y sólo provoca un estado de miseria, de la muerte que se contempla en soledad. Para Edgar Allan Poe, la existencia humana no está directamente relacionada con la felicidad, sino con la ilusión, la pérdida, o como lo dice bien William Ospina, con “la imposibilidad de la dicha”. El Cuervo, en espíritu, es un ser agresivo con su sola presencia, un figura de peligro, un signo del mal en el mundo, cuya sombra vigilante aletea sobre nuestras emociones más profundas, sobre nuestros temores más hondos. Y por eso su influencia es tan vasta y personal, porque el poder de sus palabras y la fuerza de sus imágenes siguen vigentes en nuestro inconsciente colectivo. Con Poe, la literatura dejó la sutileza y entró de lleno en el imperio del susto y la sorpresa, de la agonía y lo sobrenatural, en ese territorio donde a todos se nos pone la carne de gallina. Edgar Allan Poe es un maestro en el arte de alimentar su narrativa con personajes horrendos, con situaciones límite, con placeres inconfesables. Antes que aparecieran las explicaciones de la psicología, nuestro autor utiliza la ficción como tratamiento de choque, como baño de agua helada. Para mantenernos despiertos a medianoche, para recordarnos que todo monstruo se parece demasiado a nosotros mismos. Por eso Poe es un autor celebrado por el público en general antes que por sus colegas literarios. En sus textos hay verdades que duelen porque son nervios vivos, sentimientos encontrados, emociones perennes. Si hoy hay emos y darkies por el mundo es porque Poe los nutrió con sus cuentos y poemas. Y es que el fatalismo de El Cuervo, como el del resto de su obra literaria, nos propone aceptar la visión trágica de la vida, pero más como una oportunidad que como una condena. La felicidad está en las sombras, parece decirnos. Las ficciones de Poe son puertas de entrada a las tinieblas que cada individuo ha creado para sí, son exploraciones dolorosas en el país de las pesadillas que cada sociedad ha hecho suyas. Y por ello sus textos son un homenaje a lo siniestro, a lo criminal, a nuestra forma de vivir en una realidad que hemos oscurecido con nuestras propias manos. Piedra de fundación para autores que han seguido sus pasos, como Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, H. P. Lovecraft, Francisco Tario, Shirley Jackson o Stephen King. Gente que lleva un cuervo negro graznando en su corazón creativo. Personas que traen consigo una cripta llena de tinieblas. Lectores que si les piden dejar de leer a Poe sólo contestan: ¡Jamás! * El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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