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Columnas COLUMNA HUÉSPED

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Decir frontera Hay muchas formas de ser frontera, muchas maneras de vivirla y experimentarla, de hacerla propia, muchos caminos para convertirla en punto de partida para la creación artística, para la manifestación cultural. En este ámbito no es lo mismo cómo percibe la frontera el que la ve de lejos, el que va de paso por ella, que el residente nativo, el que la vive como la cosa más natural del mundo, como su horizonte cotidiano. Cada quien la asume desde la distancia o la cercanía. Así, en una nota informativa de Mayté Valencia (máspormás, 10-marzo-2017), se habla de la obra "Con una mitad unida a tierra y otra mirando al océano", que el colectivo Aguanieve, oriundo de la ciudad de México, presenta en el foro A Poco No, foro ubicado en el Centro Histórico de la capital de nuestro país. Dice Valencia que esta obra “se apropia y despedaza textos de autores como Alessandro Baricco, Virginie Despentes, Clarice Lispector, Amos Oz y Gabriel Trujillo Muñoz para escribir y dirigir esta puesta en escena, esencialmente experimental y frenética, que busca poner en crisis las formas de mirar el mundo porque no hay una sola realidad, sino muchas”. Porque hay muchas fronteras por conocer: no sólo las geográficas, sino las personales, las sociales, las emotivas, las económicas. Y por otra parte, entre los escritores recientemente fallecidos está Eusebio Ruvalcaba (1951-2017). Nunca lo conocí en persona pero siempre fui su lector y alguna vez nos intercambiamos, hará ya unos diez años, algunos comentarios sobre la literatura de nuestro país. Ahora descubro una entrevista que le hiciera Eduardo Olivares en 2007 y en la que dice que, entre sus escritores favoritos vivos, “en lo que se refiere a narradores, tengo tres: Eugenio Partida como novelista; Gabriel Trujillo Muñoz, como autor de novelas cortas; Eduardo Antonio Parra, como cuentista”. Y a fines de 2016, don Eusebio afirmaba que “en México, la literatura proviene de estados limítrofes con los Estados Unidos. Ahí se está dando una literatura efervescente, que está floreciendo. Es de transformaciones. Nada que ver con muchos narradores contemporáneos españoles que nos venden como grandes autores y en la tercera página ya son aburridos. No hay vida ahí. Los del norte tienen con qué. No puede ser de otra manera: están viviendo cada día al límite”. Y tiene razón: nuestra literatura es expresión veraz de vivir en una zona de encuentros y encrucijadas, de choques y fricciones diarias. Para Ruvalcaba decir frontera es decir el rumbo que lleva la literatura mexicana pésele a quien le pese. Una literatura norteña, fronteriza, al límite. Lo mismo va para las películas que Charles Chaplin hiciera, entre 1916 y 1917, tanto como actor y director, para la empresa Mutual. En este cómico universal mezcla en estas películas su anarquismo desbordado con un espíritu picaresco que alienta su propio sentido de autopreservación. Tiene razón quien dice que Chaplin no es sólo un mimo genial sino que también es un bailarín del caos, un coreógrafo de la multitud enloquecida. Alguien que supo usar la magia del cine para mantenernos en vilo entre resbalón, caída y de nuevo ponerse en pie. La metáfora exacta de nuestro tiempo y el suyo. ¿Pero qué tiene que ver la frontera en la obra de Chaplin? Me detengo en cualquiera de sus cintas, pero especialmente en Easy Street (1916) y El Inmigrante (1917), ya que ambas cintas son visiones que iluminan a una sociedad desaforada, intolerante, cándida y puritana a la vez. Esos Estados Unidos que no han cambiado nada o muy poco en el transcurso de estos cien años. Y es que en el ojo de Chaplin, los migrantes son la fuerza explosiva que mantiene en movimiento, que hace progresar a los Estados Unidos. Sin ellos, los migrantes, que cruzan frontera cargando sus distintas culturas; sin ellos, los migrantes, que una vez llegados a su nuevo país se asimilan a éste sin perder sus costumbres y hábitos, no habría futuro para nadie. Chaplin, el sabio, nos hace reír con estas contradicciones, con estos equívocos. La vida es un pastelazo para despertarnos, para hacernos partícipes de un mundo nuevo que nunca se detiene. La frontera la pone cada quien, pero también la quita el que desea cruzarla sin impedimentos discriminatorios. Hace cien años Chaplin ya nos lo mostraba, ya nos lo decía. Porque vivir la frontera es una de las muchas formas de crearla, de compartirla, de hacerla nuestra. * El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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