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Columna Huésped

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Gabriel Trujillo Muñoz Los enredos de la memoria Los enredos de la memoria es una frase que escuché varias veces en las rancherías de Jalisco hace décadas y que ahora le sirve al cineasta mexicano Juan Carlos Rulfo para explicar su trabajo como documentalista. La dice para afirmar que el pasado sigue jugando un lugar fundamental en nuestro presente como individuos y comunidad, para aseverar que por más que indaguemos en nuestra historia, ya sea esta personal o colectiva, nos encontraremos tarde o temprano metidos hasta el cuello en los enredos de la memoria, los enredos propios y ajenos, los enredos que creamos al momento de tomar una cámara y documentar una realidad como los enredos que nos dan las personas que entrevistamos para descubrir el pasado y que muchas veces se contradicen entre sí, modifican nuestra percepción de un hecho, de una vida, de una situación. El pasado es un reino de brumas que no siempre logramos penetrar, pero que el documentalista tiene como reto a indagar, como desafío a mostrar con sus mejores imágenes. Y esta concepción del trabajo del documentalista es apenas una entre muchas que aparecen en el libro Recordar en presente. Cine documental y memoria en México (UABC, 2017) de Jesús Adolfo Soto Curiel, uno de los principales documentalistas bajacalifornianos de los últimos años. El corazón de este libro es la tesis de doctorado de Soto Curiel que planteaba tres líneas de investigación: explorar qué valor le dan al cine documental los directores mexicanos (Juan Carlos Rulfo y Everardo González) que se han ocupado en sus trabajos del tema de la memoria, el registro a través del testimonio audiovisual de la comunidades indígenas de Baja California (habitantes de Santa Catarina) en su sentir sobre la identidad y ver la pertinencia del lenguaje audiovisual como articulador de la memoria colectiva de los indios pai-pai con base en la propia experiencia de Jesús Adolfo como realizador/investigador de esta comunidad por muchos años. Hay que señalar aquí que, aparte de Rulfo y González, Soto Curiel también entrevista a documentalistas mexicanos tan imprescindibles como Sarah Minter, Andrés Villa Aldaco, Gabriel D. Ruvalcaba o Rodrigo Reyes, así como documentalistas bajacalifornianos tan importantes como Itzel Martínez del Cañizo, Adriana Trujillo o Paloma Ayón Rosas, entre muchos otros. Lo que salta a la vista en las declaraciones de estos connotados realizadores es que el cine documental es visto, hoy en día, como un trabajo más que científico, creativo; más que riguroso, artístico; más que objetivo, personal. Para Paloma Ayón es “registrar y contar historias reales, transmitir lo que sentimos y pensamos buscando ser creativos en la manera de serlo y, sobre todo, buscando ser un reflejo de la situación espacio sociocultural que nos esté tocando vivir”, mientras que Adriana Trujillo se identifica con lo dicho por Carl Pantinga sobre este género: “es un cine que afirma algo sobre lo real y no un cine que reproduce lo real”. Y finalmente Itzel Martínez asegura que “el cine documental es un campo audiovisual lleno de posibilidades para narrar historias”, que sirve “para dar visibilidad a la memoria, sea en rescate histórico o en construcción contemporánea”. Es por eso que Recordar en presente es un libro esclarecedor de las distintas formas en que los cineastas actuales se acercan a la memoria para documentar sus enredos, para establecer un discurso que aclare el mundo que presentan, la comunidad que hacen visible, el pasado que les importa. Como el propio autor lo señala: el uso de las imágenes en el cine documental “nos permite analizar, explicar e interpretar los hechos que surgen en la acción social, nos muestran modelos culturales, nos ayudan a elaborar discursos visuales sobre los hechos sociales”. Así, ya sea que se indague sobre el asesinato del abuelo del cineasta (como ocurre con Juan Carlos Rulfo), o sobre la forma de vida y de trabajo de los ladrones viejos (como sucede con Everardo González), o sobre las formas de preservar la identidad pai pai, indígena, frente a la modernidad implacable (como es el caso del propio Adolfo Soto), o sobre las manifestaciones culturales fronterizas y migrantes (como pasa con la obra de Adriana Trujillo, Itzel Martínez o Paloma Ayón), estamos ante una mirada creativa, que se atreve a preguntar sobre el pasado individual para, gracias a los medios audiovisuales, convertirlo en un pasado colectivo, en una realidad rescatada de los recuerdos para que se vuelva parte nuestra, para que hablen por todos nosotros. Tal es la importancia de este libro, su valor agregado. * El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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