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Columnas Columna huésped

Columna Huésped

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Liturgia renovada Dentro de las reglas no escritas del viejo régimen, se reconocía como la regla de oro, la más importante de todas, a la prerrogativa personalísima que tenía el presidente en turno para designar a su sucesor en la presidencia de la república. Este hecho le dio unidad y continuidad a todo un sistema político por más de 70 años, hasta que el mismo sistema termino por colapsar, en buena medida por sus prácticas antidemocráticas y de restricción a la discusión abierta de proyectos que permitiera una competencia interna equitativa y con igualdad de circunstancias. Sin duda un gran poder individual que podía suplir incluso la voluntad general de toda una república, para decidir qué persona gobernaría los siguientes seis años a plenitud y sin restricción alguna, salvo por el límite de tiempo. Un sexenio, ni un día más. Curiosamente fue esta peculiar forma de entender a la democracia, la que permitió que el México posrevolucionario, no se convirtiera en una dictadura perfecta ni imperfecta, pero si en un sistema autoritario que dio por algún tiempo estabilidad y que se caracterizó por tener un partido hegemónico con presencia y representación en casi la totalidad de los diversos órdenes y niveles de gobierno. Si bien Plutarco Elías Calles inició esta tradición para heredar el poder desde la presidencia y no por la vía de las urnas electorales, fue Lázaro Cárdenas el que consolidó este mecanismo de designación unipersonal con otras características. La más representativa era el rompimiento obligado entre el que recibía el poder y el que lo entregaba. La silla no admite a dos para mandar, únicamente a uno solo. El detalle es que el rompimiento se debería de dar, cuando el presidente entrante ya tuviere la banda en el pecho, con todas las facultades constitucionales de su lado, así como con todas las prerrogativas no legisladas. Hay muchas historias contadas y escritas que nos ilustran las fracturas del poder y sus consecuencias. Los siguientes presidentes añadieron con su estilo personal de gobernar otros aspectos litúrgicos al proceso sucesorio, como lo fue el tapadismo, pero no cambió en nada la esencia del rito: Es una designación personal que debe ser acatada con absoluta disciplina por las fuerzas y grupos más representativos del partido. A diferencia del pasado, en esta ocasión la designación de José Antonio Meade es producto de un proceso litúrgico diferente en la forma. No hubo manifestaciones multitudinarias en la secretaria de hacienda, por parte de los líderes de los sectores, en donde se hablará de las grandes virtudes personales y políticas del candidato, no hubo planas del periódico en ocho columnas que imprimieran las iniciales del candidato, ni despliegues de propaganda impresa a lo largo de la ciudad, ni otras prácticas que dan más para una nota de color. Fue una decisión que cambió la forma de designar, pero también el perfil del candidato. En primer lugar, se elige a un ciudadano que no tiene partido, pero si simpatías con el PRI y supongo también con el PAN. En el pasado hubiera sido impensable que un candidato no tuviera militancia partidista. En segundo lugar, se inclinan por un candidato que, de acuerdo con las encuestas más recientes, no era el puntero dentro del PRI, y obvio, tampoco hacia afuera del partido. En tercer lugar, es un candidato sin experiencia en campañas electorales, sea como integrante de alguna o como candidato a algún cargo de elección popular. No obstante, es reconocido por propios y extraños como buen servidor público, preparado y muy importante, sin lastres personales que pongan en duda su integridad. Esta candidatura demuestra que el PRI dejó de ser partido hegemónico al recurrir a un candidato externo, pero continúa siendo muy pragmático y también disciplinado. Y es aquí en donde muy probablemente estén fincadas las esperanzas de lograr una campaña exitosa para la presidencia, no así para el Congreso, salvo que repitan su liturgia renovada para dichas candidaturas. ¿Lo harán? *- El autor es académico en la UNAM ACLARACIÓN: Por cuestiones ajenas a esta Casa Editorial, la columna del periodista de radio y televisión Eduardo Ruiz-Healy no sale publicada en la edición de hoy.

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