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Columnas CAMELOT

Camelot

Pecado de omisión "Somos lo que hacemos" No creo que la Iglesia sea una santa per se, aunque esto sea considerado un dogma, no importa qué tanto lo repitamos cada vez que se reza El Credo; creo firmemente que al ser una institución conformada por hombres está sujeta a la conducta humana, poco importa si creemos que el espíritu santo guíe o no la acciones de los sacerdotes que la conforman. Si la lectura de temas de naturaleza mundana relacionados a la iglesia le parecen incorrectos le sugiero no continuar con el presente Camelot. “Éste es un momento muy difícil en tu vida y me doy cuenta de lo amargo que es esto. Yo también comparto tu dolor...”; mensaje escrito en uno de los más crueles contextos que podamos imaginar: el abuso sexual a un menor. El texto es parte de la investigación que recientemente el gran jurado de Pensilvania acaba de dar a conocer: mil abusos sexuales perpetrados por sacerdotes adscritos a aquella Diócesis durante las últimas 6 décadas. Resulta aterrador que el anterior mensaje haya sido escrito por un obispo y que no haya sido enviado a la víctima, en este caso una menor de 17 años, sino que fue dirigido al cura pederasta y violador. Yuriria Sierra puso el dedo en la llaga: “La Iglesia se justifica argumentando haber aumentado la vigilancia y las medidas correctivas a los sacerdotes involucrados y en algunas ocasiones ha tratado de contener las heridas de las víctimas remitiendo a algunos culpables a las autoridades civiles; sin embargo, sigue sin atender el verdadero problema dentro de la institución: la sexualidad de sus seminaristas, sacerdotes, religiosos, religiosas y feligreses, es que seguir pretendiendo que la pueden suprimir o sublimar es absurdo y solo genera distorsiones en los comportamientos sexuales. Suponer, para el caso de los feligreses, que las relaciones sexuales solo deben realizarse para la reproducción está fuera de la realidad y acaba generando comportamientos reprimidos y culposos. No admitir que la homosexualidad está extendida en la Iglesia y no es una aberración, como predica la institución, es solo aumentar la discriminación hacia ellos y confundirlos con los pederastas que atacan tanto a niñas como niños”. El papa Francisco enfrenta hoy en día una seria crisis al interior de la estructura eclesiástica, así lo indican las graves declaraciones efectuadas hace unos días por el arzobispo Viganò, ex Nuncio en Washington, responsabilizándolo por no haber tomado medidas previas por el actual escándalo en Pensilvania; todo parece indicar que el todavía predominante sector conservador de la curia romana le está pasando factura a Bergoglio por haber intentado replantear la postura de la Iglesia hacia los divorciados y homosexuales. El gran jurado de Pensilvania recomendó particularmente dos acciones: que sea un delito no denunciar casos de pederastas y que los casos de abuso sexual a menores no puedan ser prescritos nunca, señores diputados, ¿quién dice yo para darle seguimiento? Personalmente estoy convencido de que el Papa debe de dar a conocer públicamente la lista de todos los sacerdotes a quienes les haya sido comprobado haber cometido estos delitos; a menos de que quiera seguir encubriendo este tipo de conductas, tal y como lo hizo Juan Pablo II al ordenar que la Legión se le hiciera prelatura personal, para con ello encubrir al violador de Maciel, ¿de verdad seguiremos creyendo en la infalibilidad papal? El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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