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Columnas CAMELOT

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El Dr. Cañedo "Somos lo que hacemos" Tuve la fortuna de querer y convivir con Doña Natalia, mi abuela; al abuelo Francisco Cañedo aprendí a admirarlo sin haberlo conocido debido a las historias contadas por la abuela y por Consuelo, mi madre. Cañedo nació en Sinaloa, siendo hijo ilegítimo del Gobernador y de una bailaría de esa época, el gobernante le dio su nombre, pero ante la repentina muerte de su madre éste lo envió a Nogales al cuidado de un amigo médico que lo aceptó con la condición de que fuese su ayudante en el consultorio. Natalia nació en Opodepe, Sonora, hija del hacendado más prospero de la región, a ella la enviaban a Nogales a estudiar custodiada por vaqueros para repeler, como lo hicieron en algunas ocasiones, a los yaquis que en pleno Porfiriato intentaron por todos los medios posibles que los blancos fueran menos y la dignidad de su pueblo fuera más. Hay momentos que definen nuestra existencia, uno de ellos fue sin lugar a dudas el encuentro de Francisco y de Natalia en Nogales al abrigo de la escuela y de otros dos entrañables amigos; todos con el deseo de trascender. Pasaron algunos años y Natalia emigró a la Ciudad de México para estudiar en la Normal Superior, su hermosa cabellera pelirroja, el brillo de sus ojos esmeralda y el garbo de su natural elegancia cautivaron a cuanto tuvo la oportunidad de tratarla, desde el viejo lobo de mar José Vasconcelos, el gran Gómez Morín o el genio de Castro Leal; lo mismo destacaba en los estudios que modelando el ajuar de la emperatriz Carlota en el Castillo de Chapultepec; Francisco la siguió haciéndose también de una beca en la misma escuela, la vida y el destino ya habían marcado en él dos grandes convicciones: su lugar era donde ella estuviera y haría lo necesario para seguir su verdadera vocación, convertirse en médico. La burocracia que casi siempre mata las buenas intenciones descubrió que Francisco cometía el reprobable error de que en adición a la Normal estudiaba por su cuenta Medicina en la Universidad Nacional por lo que le castigó quitándole su beca y con ello la posibilidad de su manutención; lo que no pudieron quitarle fue la fuerza de su carácter y la dignidad de su determinación, llegó a hacer de la Cárcel de Lecumberri su hogar por las noches y con ello guardar la poca hacienda que tuviera para solventar sus gastos. El tiempo que todo lo mide, encontró en él la determinación para que junto con un bragado grupo de mexicanos fundaran en 1939 el Partido Acción Nacional, lástima que los militantes de hoy no estén a la altura de los que lo conformaron. Después de la fallida campaña de Juan Andrew Almazán a la Presidencia y ya estando casados tuvieron que salir al exilio, siendo Phoenix, Arizona, el destino que terminó siendo el paso obligado para llegar a nuestro terruño. Natalia con sus hermosos ojos verdes llegó a traficar armas en un incipiente movimiento para buscar independizar nuestro Estado ante la negativa del gobierno federal de reconocernos como tal, no fue necesario, llegó 1952 y con ello la primera elección en la que el Doctor fue el candidato a gobernador por Acción Nacional. No cabe duda la dignidad y el pudor mueven al mundo, sólo hay que decidirnos a ello. El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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