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Columnas CAMELOT

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AMLO, el peligro del populismo "Somos lo que hacemos" Debemos entender populismo por la tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo. Me preocupa que ante el descontento social agravado principalmente por la corrupción de prácticamente toda la clase gobernante en nuestro país, ésta sea una alternativa real, tanto que si el día de hoy fueran las elecciones Andrés Manuel, un populista sería nuestro presidente de México. De AMLO debe de preocuparnos su discurso clientelar, su falta de transparencia respecto al origen de sus recursos, me preocupa su “democracia de tómbola y mano alzada”, resultante en una política clientelar, ¿Recuerdan a Juanito en Iztapalapa?, su ya célebre “Al diablo con las Instituciones” o “Que se joda Pemex, ya llegaré yo para rescatarla”; pero sobre todo su carga ideológica en contra de las reformas educativa, laboral y energética. La primera representó la posibilidad por vez primera de evaluar a los maestros y de exigirles resultados, la segunda flexibiliza un mercado laboral que por años había sostenido costos de entrada tan altos que su resultado ha sido una enorme economía informal, mientras que la última es fundamental, no propició el gasolinazo, lo que sí hizo fue liberar el mecanismo de precios, permitir la libre competencia e iniciar el doloroso camino de erradicar el más injusto de los subsidios, el de la gasolina. No defiendo a Peña Nieto, no, la enorme corrupción es su responsabilidad, pero no creo que la cancelación del nuevo aeropuerto sea una solución, prefiero un candidato que proponga cómo combatirá, más allá de la simplada de una escoba, a la corrupción que la cancelación de los proyectos y reformas que requiere nuestro país Andrés Manuel es la versión mexicana de Lula da Silva, Cristina Fernández, Rafael Correa todos representantes de países con economías que actualmente viven severas crisis económicas y sociales, ocasionadas por el populismo con el que se les gobernó, dilapidando años de crecimiento económico e importantísimas cantidades de dinero que de haber sido utilizado en la inversión pública productiva y no en el subsidio a la gasolina de los países adscritos a la ideología chavista, o con la expansión del gasto público ocultándolo de la contabilidad oficial como en el caso brasileño; la viuda de Kichner dejó Argentina hundida en una profunda crisis, lástima, no cabe duda de que los argentinos son su propio tango, ni Astor Piazzola lo hubiera escrito mejor. Los políticos en México han hecho de la corrupción su moneda de cambio, es claro el hartazgo de nuestra gente por ello y porque los partidos políticos en el poder en lo que va del siglo XXI han provocado un desencanto mayor, lo anterior conlleva dos reflexiones: la primera ¿dónde hemos estado la mayoría mientras esto ocurría? Y segundo, que estemos mal no es condición necesaria para que con Morena vayamos a estar mejor, yo creo que un voto de castigo a nuestros políticos de siempre en favor de un populista resultará en un voto de castigo mayor, el del futuro de nuestro país. No permitamos que el fracaso Venezolano, Argentino, Brasileño, Ecuatoriano, pasen en balde, no podemos darnos el lujo de un gobierno que sustente en el gasto excesivo su principal promesa de campaña. Propuesta: digamos no a un populista, trabajemos todos los días exigiendo y poniendo nuestra parte para tener mejores políticos, no hagamos de nuestro descontento un doble castigo. El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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