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Columnas CAMELOT

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Sociedad-gobierno- corrupción-impunidad "Somos lo que hacemos" La percepción de que nuestra sociedad ha llegado a límites inimaginables en relación a conductas asociadas con la corrupción, tanto en las esferas pública y privada, es penosamente cada vez mayor. Nada más alejado en señalar que la corrupción sólo se da en el gobierno o en los entes públicos, para que haya un mal funcionario solicitando dinero o prebendas hay por contraparte malos empresarios o empresas que se prestan a ello. Sin embargo, es innegable que la corrupción más importante la encontramos en la cercanía del poder, en los partidos políticos, en los funcionarios al amparo del abuso de las relaciones públicas que favorecen a grupos cercanos para la asignación de la obra pública, a diputados que renuncian a la transformación de nuestro marco jurídico estatal a cambio de colocar algunas plazas y aprovechan hasta el último peso posible para su beneficio personal, total, lo más importante no es su agenda legislativa, sino cuántos apoyos sociales dan mensualmente con el dinero de todos nosotros, jamás con el de ellos, total, para regalar mochilas el Día del Niño con el dinero del Estado cualquiera. Cobrar por un trabajo que no es desarrollado a cabalidad es por supuesto un acto de corrupción. Si sólo seguimos culpando a los políticos y a los empresarios de la corrupción dejando de reconocer que somos nosotros, los ciudadanos, los que hemos construido su aceptación como conducta generalizada en nuestra comunidad, llegando incluso a ser la normalidad de la regla y no la anómala excepción; mientras no marquemos un claro reconocimiento público acerca de las conductas sociales que dañan nuestro tejido social y trabajemos en su completa erradicación, nuestro presente seguirá condicionando el futuro de nuestra comunidad. Mientras sigamos creyendo en las promesas de candidatos que ni ellos mismos pueden sostener seriamente, bajar el IVA o la desaparición de los “gasolinazos”, son sólo dos ejemplos de promesas hechas con el único fin de ganar el voto del electorado, poco importa si el futuro representante cumplirá, primero el pragmatismo al honor de cumplir en los hechos lo prometido en los dichos, volvemos a nuestro viejo adagio, prometer no encarece cumplir es lo que empobrece. ¿No debería ser ésta una conducta que fuera castigada negando nuestro voto al candidato que desde su campaña pretende vernos la cara? La creación de un Sistema Estatal Anticorrupción funcionará en la medida de que podamos dotarle de autonomía, crear las leyes necesarias para su marco normativo y del irrestricto compromiso ciudadano de arroparlo, comprometiéndonos con una cultura de la legalidad olvidándonos de los buenos deseos cuando se trata de juzgar a nuestros gobiernos pero no estamos dispuestos a evaluar nuestras prácticas privadas, ojo, que esto no justifique lo otro, me explico: la corrupción implica, como lo hemos dicho dos lados en la inmensa mayoría de las ocasiones, gobierno-funcionario y empresa-empresario, sin embargo la impunidad, es decir el saber de su existencia implica única y exclusivamente al gobierno. Origen es destino, es por ello que resulta urgente redefinir cómo y cuál es nuestro papel en la ecuación sociedad-gobierno-corrupción-impunidad, ¿seguiremos fingiendo que no pasa nada?, que las historias que escuchamos todos los días son inventos de la imaginaria popular, ¿votaremos por Antonio Valladolid de manera indirecta para que sea diputado federal?, ¿seguiremos siendo una mala versión de nuestra propia caricatura? El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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