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Columnas CAMELOT

Camelot

Repensar nuestra democracia "Somos lo que hacemos" Pareciera que en nuestro país la democracia nos importa cada vez menos, veo con preocupación que este “democrático desdén” es producto de una sociedad con una profunda memoria cortoplacista, me explico, apenas han pasado 17 años y muy pocos recordamos todo lo que vivimos para que el voto de nuestra gente fuera respetado. Si nos remitimos a nuestro Estado, pasa lo mismo, pocos reflexionamos lo que significó que Ernesto Ruffo lograra ser por primera vez Gobernador de un partido diferente al PRI; hemos olvidado que en nuestro México durante prácticamente todo el siglo XX el arbitro electoral era la autoridad misma constituida en el juez electoral a través de la Secretaría de Gobernación, entidad encargada de organizar la política interior y a las órdenes irrestrictas del Presidente de la República. Damos por un hecho que siempre hemos contado con las instituciones que, bien o mal, fuimos los ciudadanos quienes las construimos a través de los partidos políticos que dieron cauce a la demanda de millones de mexicanos para contar con instituciones ajenas a los intereses de políticos profesionales; creo que ésta errónea certeza y el desencanto de la mayoría de los ciudadanos a todo lo que tiene que ver con los partidos políticos y nuestra clase política en general son la combinación perfecta para que nuestro descontento se vea materializado en una peligrosa apatía que más nos aleja a nosotros, los ciudadanos de a pIe, de la construcción de las instituciones que nuestro país requiere, abonando con ello a que los políticos de siempre terminen estando más solos que nunca, en un autoexilio donde ellos hacen como que nos ven y nosotros ni siquiera hacemos algo para ser vistos como lo que somos, sus patrones. Pareciera que nuestra autocomplacencia nos permite seguir renunciando a nuestras obligaciones más fundamentales. Repensar nuestra democracia demanda de nosotros reflexionar cuál es el papel que como ciudadanos tenemos en la construcción de una agenda pública que debe ser nuestra, nunca más debería volver a ser patrimonio exclusivo de los partidos y de la clase política que tradicionalmente la han marcado y condicionado como tal, como su sola competencia, importándoles un carajo los resultados de la misma; disculpe usted, no quiero sonar a lo mismo, pero es nuestro tiempo, el suyo, el mío, el de todos nosotros, ya no sólo el de ellos; la vida, la seguridad, las oportunidades de crecimiento económico, la erradicación de la pobreza, la educación, el desarrollo de todos, no sólo el de unos cuantos nos va en ello, entonces, pongámonos a trabajar. Repensar nuestra democracia implica la construcción de espacios donde los ciudadanos trabajemos en una agenda pública que condicione a los políticos los resultados que demandamos de ellos, repensar nuestra democracia requiere definir como nuestra la responsabilidad de la participación ciudadana, máxime si la vida nos ha dado la oportunidad de no compartir la desgracia de muchos que implica la estrechez económica que condiciona la no participación, si, esa que es impulsada por muchos políticos para seguir medrando con el clientelismo político, precisamente una de las principales causas de nuestro atraso democrático, repensemos lo que nosotros debemos hacer para fortalecer las reglas de nuestra democracia, es nuestra obligación. Pensemos en los denarios a devolver, la cuenta está de nuestro lado. El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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