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La felicidad "Somos lo que hacemos" Escuchar una canción, encontrarse con la gente que a uno le importa, abrazar a los amigos, una buena plática, disfrutar de la comida de mamá, hacerse uno con la lectura de un buen libro sin importar nada más que lo que uno lee, tomar una copa de vino sin saber si la cepa y el año valen la pena; entregarse a lo que uno ha decidido como su proyecto de vida; saberse pleno sin esperar nada a cambio, reconocerse en la posibilidad de una entrega infinita, desinteresada como la sonrisa de un recién nacido, o en la inmensa alegría de nuestra mascota cuando descubre el regalo que implica la cotidianidad de nuestra presencia. La felicidad es subjetiva, lo que a mí me hace feliz no necesariamente lo hará a usted, es difícil de alcanzar, pero sumamente fácil de disfrutar. Hemos decidido trabajar en una agenda complicada que privilegia los fines sin importar los medios, y es precisamente eso, un medio para alcanzar la realización, no la clave del santo sepulcro cuando no es nada más que la posibilidad de disfrutar la esencia de lo que somos, y no de lo que pretendemos ser. Hoy me he dado el regalo de pasar toda una tarde con Francisco, mi hijo, hemos nadado y reído como hace tiempo no lo hacíamos, redescubrimos juntos que la simplicidad es la llave que nos permite disfrutarnos; él cumplirá 10 años, mañana el día 15, ojalá que en un par de años nos permitamos no sólo seguir siendo cómplices y amigos; no me imagino entender mi felicidad si no encuentro la misma en su sonrisa. Isabella, mi hija, me ha hecho sentirme no sólo feliz sino realizado. No puedo dejar de pensarme como el hombre más afortunado por haber tenido la bendición de que ella haya llegado justo cuando Alejandra, su madre, decidió que el plural sería nuestra definición; nunca más un tú, nunca más un yo, sino un nosotros. Emiliano el guerrero que nos dio el regalo de ser sus padres para tiempo después abrir sus alas y volar con la sonrisa más grande del mundo, si, esa que sólo la felicidad de saberse libre del dolor pueda dar. Uno tiene la posibilidad de querer montones a pocas personas; pero si la vida te da el regalo de tener ocho hermanos uno puede ser estúpidamente feliz, sí, tanto que muy pocos tienen la capacidad de imaginarlo; bueno ahora imagine vivirlo, sí, intente sentirse el hombre más feliz del mundo cuando la vida le ha dado la oportunidad de ver a ocho hermanos y babear por ellos, no sólo por el hecho de haber coincidido en este tiempo, sino por admirarlos como yo los admiro por ser hombres y mujeres excepcionales, no sólo por sostener un pabellón de niños quemados como lo hace Zarina, o por dar lecciones de vida como Gaby a gente que seguramente no volverá a ver en su vida, sino por su entrega y constancia diaria como lo hacen Natalia, Jorge, Juan, Paulo, Carlos y Bruno, que decidieron hacer de sus días un testimonio diario de lo que es la felicidad, que no es otra cosa que la de cumplir con la tarea diaria de ser feliz. El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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