La psicología explica por qué algunas mujeres después de los 65 años dejan de posponer sus deseos y comienzan a gastar en viajes, cuidado personal y nuevas actividades tras dedicar gran parte de su vida adulta a cuidar de los demás
La jubilación y la independencia de los hijos pueden abrir espacio para viajar, aprender nuevas habilidades y cuidar la salud, después de años en los que las responsabilidades familiares ocuparon el primer lugar.

Viajar, tomar clases de pintura, cuidar la salud o retomar aficiones son algunas de las actividades en las que muchas mujeres comienzan a invertir después de los 60 años. Este cambio no necesariamente responde a un capricho, sino que puede reflejar una nueva etapa de autonomía personal, después de años en los que las necesidades de los hijos, la pareja y el hogar ocuparon el primer lugar.
Desde la psicología del desarrollo, esta transición puede entenderse como una oportunidad para reconocer las propias necesidades y dedicar tiempo y recursos al bienestar individual. La jubilación y la independencia de los hijos también pueden facilitar que algunas mujeres recuperen intereses que dejaron de lado durante su vida adulta.
¿Por qué algunas mujeres empiezan a gastar en sí mismas después de los 65 años?
Durante décadas, muchas mujeres han vivido bajo la expectativa social de anteponer el bienestar de sus hijos, su pareja y otros familiares al propio. Esta responsabilidad de cuidar a los demás puede dejar poco espacio para desarrollar intereses personales o destinar dinero a actividades individuales.
Alrededor de los 60 o 65 años, algunas circunstancias pueden cambiar. La jubilación modifica la rutina diaria y, cuando los hijos dejan el hogar, también disminuyen ciertas responsabilidades familiares. Esto puede abrir una etapa en la que las mujeres disponen de más tiempo para decidir cómo quieren vivir y en qué desean gastar su dinero.
La psicología del desarrollo ofrece algunas explicaciones para este proceso. La teoría de Erik Erikson plantea que durante la adultez media las personas suelen concentrarse en contribuir al bienestar de las siguientes generaciones, una etapa conocida como generatividad frente al estancamiento.
Más adelante, la reflexión sobre la propia vida puede adquirir mayor importancia. Erikson llamó integridad del yo frente a la desesperación a la etapa en la que las personas revisan su historia y buscan encontrar sentido y aceptación en las experiencias vividas.
Desde esta perspectiva, dedicar dinero a un viaje, una actividad recreativa o un proyecto personal puede formar parte de una manera distinta de entender el bienestar, sin que eso signifique restar valor a los años dedicados al cuidado de la familia.
También se ha estudiado el llamado efecto de positividad, relacionado con una mayor tendencia de algunas personas mayores a dar prioridad a experiencias y emociones positivas. La percepción de que el tiempo es limitado puede influir en las decisiones y motivar a no posponer actividades que desean realizar.
¿En qué suelen gastar su dinero?
Cuando cuentan con recursos para hacerlo, algunas mujeres mayores de 60 años destinan parte de sus ingresos a actividades que les permiten disfrutar de su tiempo, cuidar su salud y desarrollar intereses personales.
Entre los gastos que pueden adquirir mayor importancia se encuentran:
- Viajes y experiencias: recorridos individuales, vacaciones con amigas y visitas a lugares que siempre habían querido conocer.
- Salud y bienestar: gimnasios, yoga, entrenadores personales y alimentación que contribuya a mantener su autonomía física.
- Educación y nuevos intereses: talleres de pintura, clases de idiomas, actividades culturales y programas educativos para personas mayores.
- Cuidado personal: cosméticos, masajes y visitas al salón de belleza como parte de sus rutinas de bienestar.
- Entretenimiento y vida social: salidas a cafeterías, cines, teatros y reuniones con amistades.
Estas decisiones no responden a un patrón universal. Los gastos dependen de los ingresos, las responsabilidades económicas, las preferencias y las circunstancias de cada persona. Lo importante es que, para algunas mujeres, estas actividades representan oportunidades para atender intereses propios que antes tenían menos espacio.
¿Cómo puede cambiar la relación con la pareja y los hijos?
Cuando una mujer comienza a disponer de más tiempo y dinero para sí misma, la dinámica familiar también puede modificarse. En parejas acostumbradas a compartir todas las decisiones o a mantener roles tradicionales, la nueva independencia puede requerir acuerdos sobre los gastos, las actividades individuales y el tiempo que cada persona dedica a sus propios intereses.
En otras relaciones, contar con espacios personales puede ayudar a reducir la presión y favorecer una convivencia más equilibrada. Cada pareja enfrenta estos cambios de acuerdo con su historia, sus acuerdos y sus expectativas.
Con los hijos adultos también pueden surgir ajustes. Algunas familias se acostumbran a contar con la madre para cuidar a los nietos, resolver imprevistos o atender distintas necesidades del hogar. Si ella decide dedicar más tiempo a sus propios proyectos, los demás integrantes pueden tener que reorganizar sus rutinas y asumir nuevas responsabilidades.
La administración del dinero puede ser otro punto de tensión, especialmente cuando existen expectativas sobre los ahorros familiares o una futura herencia. Sin embargo, que una mujer destine parte de sus recursos a disfrutar esta etapa no significa necesariamente que esté descuidando a su familia; también puede ser una decisión para atender sus necesidades presentes.
¿Gastar en una misma significa dejar de cuidar a los demás?
No. La autonomía personal y el cuidado familiar no son necesariamente incompatibles. Una mujer puede seguir interesada en el bienestar de sus seres queridos y, al mismo tiempo, reconocer que tiene derecho a disfrutar de su tiempo, sus recursos y sus aficiones.
El cambio consiste en dejar de considerar las necesidades propias como algo que siempre debe esperar. Para algunas mujeres, viajar, aprender una habilidad o dedicar dinero a su salud representa una oportunidad de construir una vida más equilibrada después de años de responsabilidades.
Esta etapa no se vive igual para todas. La edad, la situación económica, la salud y las relaciones familiares influyen en las posibilidades de cada persona. Aun así, invertir en el propio bienestar puede ser una forma de ejercer la autonomía y dar espacio a deseos personales que quedaron pendientes durante décadas.
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