Desde el siglo XVII, Japón utiliza agua para refrescar las calles durante el calor y estudios científicos encontraron que esta práctica puede enfriar el aire, aunque sus resultados dependen de las condiciones del entorno
Un experimento de la Universidad Tecnológica de Delft registró una reducción de 1.5 grados en el aire a dos metros del suelo, mientras que pruebas en Tokio reportaron una disminución promedio de alrededor de un grado.
Una práctica tradicional de Japón para combatir el calor consiste en arrojar agua sobre las calles para refrescar el ambiente.
Conocida como uchimizu, esta costumbre fue fotografiada en 1951 en la ciudad de Kobe y, décadas después, un experimento de la Universidad Tecnológica de Delft midió sus efectos: el aire a dos metros de altura bajó alrededor de 1.5 grados Celsius.
El estudio, publicado en 2018 en la revista Water, identificó dos efectos de esta práctica: el pavimento mojado libera menos calor hacia el entorno y la evaporación del agua contribuye a enfriar el aire. Los resultados permiten explicar por qué una acción cotidiana, utilizada en Japón desde hace siglos, puede ayudar a reducir el calor cerca del suelo.
¿Qué es el uchimizu y desde cuándo se practica en Japón?
En 1951, el fotógrafo aficionado Koji Takashima captó en Kobe a una mujer arrojando agua sobre una calle. La imagen documentó el uchimizu, una costumbre japonesa que consiste en mojar el pavimento para refrescar el ambiente.
Según la información disponible, la mujer de la fotografía habría sido la esposa del fotógrafo, aunque ese dato no ha sido confirmado de manera independiente. La imagen también habría obtenido el quinto lugar en la categoría de blanco y negro de un concurso organizado ese año por la revista Popular Photography.
De acuerdo con el estudio de la Universidad Tecnológica de Delft, esta práctica se remonta al siglo XVII, aunque perdió popularidad durante los últimos 50 años ante la expansión del aire acondicionado.
¿Cómo puede el agua bajar la temperatura del aire?
El efecto del uchimizu se explica por la evaporación. Cuando el agua pasa de estado líquido a vapor, necesita absorber energía del entorno. En una calle mojada, parte de esa energía proviene del pavimento caliente y del aire cercano a la superficie.
Esto produce dos efectos. Por un lado, el suelo mojado se enfría y transfiere menos calor hacia las personas y el ambiente. Por otro, la evaporación contribuye a reducir la temperatura del aire que está cerca del pavimento.
La práctica no requiere tecnología especializada: consiste en distribuir agua sobre una superficie caliente para favorecer el enfriamiento por evaporación.

¿Qué descubrieron los científicos al medir el efecto?
El 24 de agosto de 2016, investigadores de la Universidad Tecnológica de Delft realizaron seis pruebas sobre una calle de ladrillos. Para el experimento, mojaron un área cuadrada de tres metros por lado y midieron la temperatura del aire mediante cables de fibra óptica en más de 34 mil puntos.
Los resultados mostraron que, a dos metros de altura, la temperatura del aire descendió alrededor de 1.5 grados Celsius.
En otra de las condiciones analizadas, bajo la sombra de un árbol y con los ladrillos a 36 grados, una cantidad de agua equivalente a un milímetro de profundidad produjo una reducción de hasta 8.3 grados cerca del suelo. Al utilizar más de cinco milímetros de agua, el efecto se duplicó.
Estas mediciones muestran que el resultado puede variar según las condiciones del entorno y la cantidad de agua utilizada.
Japón también intentó reducir el calor con el uchimizu
En 2003 surgió en Japón la Misión Uchimizu, una iniciativa que buscaba comprobar si un millón de personas arrojando agua sobre las calles al mismo tiempo podía reducir la temperatura en dos grados.
La experiencia registró una disminución promedio de alrededor de un grado en cuatro sitios de Tokio.
Aunque los resultados fueron distintos de los medidos posteriormente en Delft, ambos experimentos apuntaron a que mojar las superficies puede reducir la temperatura del aire en el entorno inmediato.
El uchimizu es una práctica tradicional que cuenta con mediciones científicas de sus efectos. Los experimentos muestran que el agua sobre el pavimento puede contribuir a enfriar el aire, aunque la magnitud del descenso depende de las condiciones en las que se realiza.
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