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Científicos convierten plástico PET en unos 10 billones de diminutos diamantes por pulso láser, partículas que logran recuperar para estudiar posibles usos en sensores, medicina, electrónica, con una producción que todavía no alcanza escala industrial

El experimento logró recuperar nanodiamantes de apenas 3 nanómetros después de someter el plástico a una presión extrema, aunque por ahora la cantidad obtenida sigue siendo muy pequeña

Científicos convierten plástico PET en unos 10 billones de diminutos diamantes por pulso láser, partículas que logran recuperar para estudiar posibles usos en sensores, medicina, electrónica, con una producción que todavía no alcanza escala industrial

Un grupo de científicos logró transformar plástico PET en diminutos diamantes mediante pulsos de láser, en un experimento que produjo alrededor de 10 billones de partículas por cada disparo. Los materiales obtenidos tienen un tamaño promedio de apenas 3 nanómetros, equivalente a unos tres milmillonésimos de metro.

Según información de EcoInventos, el procedimiento fue desarrollado por investigadores del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) y la Universidad de Rostock, quienes utilizaron una película de PET como fuente de carbono. El estudio fue publicado en Diamond and Related Materials en 2026.

¿Cómo convierten el plástico en diamantes?

El proceso comienza con una película de PET de aproximadamente 100 micrómetros de grosor, sobre la que se disparan pulsos de un láser de alta energía.

El impacto genera una onda de choque que comprime el material hasta alcanzar presiones cercanas a 100 gigapascales, una cifra equivalente aproximadamente a un millón de veces la presión atmosférica.

En esas condiciones extremas, parte del carbono contenido en el plástico cambia su estructura hasta formar nanodiamantes. Los investigadores consiguieron demostrar que estas partículas no solo aparecen durante el momento de máxima presión, sino que pueden sobrevivir al proceso, ser recuperadas e identificadas posteriormente.

Los experimentos se realizaron en la estación L4n-P3 de las instalaciones ELI Beamlines, al sur de Praga, en República Checa.

Cada disparo produce millones de millones de partículas

El número de partículas obtenidas resulta llamativo: los científicos estiman que cada pulso genera alrededor de 10 billones de nanodiamantes.

Sin embargo, esa cifra no significa que se obtenga una gran cantidad de material. Cada partícula mide cerca de 3 nanómetros de diámetro y contiene aproximadamente 3 mil átomos de carbono.

Además, las partículas salen expulsadas a velocidades superiores a 10 kilómetros por segundo, por lo que fue necesario utilizar un material extremadamente suave para atraparlas sin destruirlas.

Los investigadores utilizaron un gel iónico soluble en agua, compatible con las condiciones de vacío del experimento. Después pudieron extraer, purificar e identificar los nanodiamantes mediante microscopía electrónica.

¿Cuánto material lograron obtener?

Aquí está una de las principales limitaciones del experimento.

Aunque cada disparo produce unos 10 billones de partículas, fueron necesarios alrededor de 100 disparos para recuperar apenas unos cientos de microgramos de nanodiamantes.

Esto significa que el procedimiento todavía se encuentra en una fase experimental. El equipo busca aumentar posteriormente la cantidad obtenida hasta alcanzar el rango de los miligramos.

Por ahora, por tanto, no se trata de una nueva forma industrial de reciclar botellas o residuos de plástico para producir diamantes. El experimento utilizó una película de PET bajo condiciones de laboratorio muy controladas, por lo que todavía debe demostrarse cómo funcionaría el proceso con residuos de consumo mezclados, contaminados o con diferentes aditivos.

¿Para qué podrían servir estos diminutos diamantes?

Los nanodiamantes tienen propiedades que pueden resultar útiles en distintos campos debido a su dureza, estabilidad y resistencia al calor.

Los investigadores señalan posibles aplicaciones en áreas como sensores cuánticos, medicina, nuevos materiales, catálisis y tecnología energética. También podrían utilizarse en procesos destinados a transformar dióxido de carbono mediante reacciones impulsadas por la luz solar.

En el ámbito médico, una de las posibilidades mencionadas es modificar estos materiales con otros elementos para adaptarlos a determinados usos, incluidos posibles agentes de contraste para estudios de resonancia magnética.

Estas aplicaciones, sin embargo, son posibilidades futuras, no productos comerciales que ya estén fabricándose mediante este método.

¿Esto significa que el plástico puede convertirse en diamantes a gran escala?

Todavía no.

El estudio demuestra que es posible formar, recuperar, purificar e identificar nanodiamantes a partir de PET mediante compresión generada por láser, un avance importante para estudiar la producción de partículas extremadamente pequeñas.

Sin embargo, la cantidad producida sigue siendo reducida frente a las necesidades de una aplicación industrial. Además, las instalaciones láser requieren grandes cantidades de energía y equipos especializados.

Tampoco existe todavía un análisis que permita afirmar que este procedimiento tenga un menor impacto ambiental que otras formas de producir nanodiamantes.

Por ello, el resultado debe entenderse como una demostración científica de laboratorio, no como una tecnología de reciclaje lista para convertir grandes cantidades de plástico en diamantes.

El siguiente objetivo: crear otra forma de carbono

El equipo también tiene un objetivo todavía más ambicioso. Los investigadores pretenden utilizar presiones superiores para intentar producir BC8, una forma de carbono que ha sido estudiada principalmente desde el punto de vista teórico.

De acuerdo con la Universidad de Rostock, esta estructura sería más densa que el diamante, tendría una dureza similar y sería menos frágil. El equipo planea realizar un primer experimento para intentar producirla a partir de plástico en noviembre de 2026.

El trabajo publicado en Diamond and Related Materials muestra así una ruta experimental para utilizar el carbono presente en el PET como materia prima de materiales extremadamente pequeños y especializados. El siguiente desafío será determinar si la técnica puede aumentar su producción sin que el costo energético o la complejidad del proceso eliminen sus posibles ventajas.

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