Francia cubrió una carretera con paneles solares para generar electricidad sobre el asfalto, pero el tráfico y la suciedad dañaron la tecnología y terminó siendo retirada por completo en 2024
El proyecto buscaba producir energía aprovechando una carretera ya construida, pero su rendimiento fue mucho menor al esperado.

La idea parecía sencilla: aprovechar una carretera ya construida para generar energía solar sin ocupar nuevo terreno. Francia puso a prueba ese concepto en 2016 con Wattway, un sistema de paneles fotovoltaicos instalado directamente sobre el asfalto.
Sin embargo, el proyecto enfrentó problemas de producción, desgaste y costos, hasta que las últimas losas fueron retiradas en 2024.
El 22 de diciembre de 2016, la entonces ministra de Medio Ambiente de Francia, Ségolène Royal, inauguró el proyecto en la carretera departamental 5 de Tourouvre-au-Perche, en Normandía.
La tecnología había sido desarrollada por la constructora Colas junto con el Instituto Nacional de Energía Solar francés después de cinco años de investigación.
El sistema encapsulaba células de silicio en una resina diseñada para soportar el paso de vehículos sin perder agarre ni dejar de funcionar como carretera.
Una carretera solar con grandes expectativas
El Estado francés destinó alrededor de 5 millones de euros al proyecto demostrativo, aunque las expectativas iban mucho más allá de ese tramo.
Royal llegó a plantear la instalación de 1,000 kilómetros de carreteras solares en Francia. Por su parte, Colas estimaba que el tramo de Normandía podría generar unos 790 kilovatios hora diarios, una cantidad que, según la empresa, sería suficiente para cubrir el alumbrado público de una localidad de 5,000 habitantes.
Sin embargo, desde el inicio existía una diferencia importante en los costos. Cada vatio pico instalado tenía un precio aproximado de 17 euros, frente a 1.30 euros en grandes cubiertas fotovoltaicas convencionales y menos de un euro en algunas instalaciones sobre suelo.
El tráfico se convirtió en uno de los principales problemas
El diseño de Wattway tuvo que enfrentarse a condiciones muy distintas de las que soporta un panel solar convencional.
Las células instaladas en Tourouvre debían permanecer completamente horizontales, por lo que no podían orientarse o inclinarse para captar mejor la radiación solar. Además, los vehículos proyectaban sombra sobre ellas y la superficie acumulaba hojas y suciedad.
A esto se sumaba la presión constante del tráfico. La carretera debía soportar el peso y la fricción de los vehículos, además de la circulación diaria de maquinaria agrícola pesada.
Tractores, cosechadoras y remolques cargados atravesaban regularmente la zona, y su peso terminó siendo particularmente dañino para las losas fotovoltaicas.

La producción quedó muy por debajo de lo esperado
Durante su primer año completo de funcionamiento, la carretera produjo 149,459 kilovatios hora, poco más de la mitad de lo previsto.
La generación continuó disminuyendo. En 2018 produjo 78,397 kWh y durante la primera mitad de 2019 apenas alcanzó unos 37,900 kWh.
Los ingresos por la venta de electricidad también cayeron. Frente a los 10,500 euros anuales que se habían calculado inicialmente, el proyecto generó 4,550 euros en 2017 y apenas 3,100 euros en 2018.
El deterioro físico también se hizo evidente. Para finales de mayo de 2019, alrededor de 100 metros de la carretera presentaban daños importantes, con juntas destruidas, paneles despegados y resina deteriorada.
Además, el ruido producido por el pavimento llevó a reducir el límite de velocidad del tramo a 70 kilómetros por hora.
Colas terminó abandonando el modelo
En 2019, Étienne Gaudin, responsable de Wattway, reconoció que el modelo utilizado en Tourouvre no llegaría a comercializarse.
La tecnología todavía no estaba suficientemente madura para utilizarse en tráfico interurbano y, de acuerdo con la propia empresa, emplearla para generar electricidad a gran escala no tenía sentido.
Colas cambió entonces su estrategia y comenzó a ofrecer módulos mucho más pequeños, de entre 3 y 12 metros cuadrados, destinados a aplicaciones como cámaras de vigilancia, marquesinas o puntos de carga para bicicletas eléctricas.
Incluso con este nuevo enfoque, la electricidad generada continuaba teniendo un costo entre cinco y seis veces superior al de un panel solar convencional.
El final de la carretera solar
El experimento de Tourouvre terminó definitivamente en mayo de 2024, cuando fueron retiradas las últimas losas fotovoltaicas que permanecían instaladas, siete años y medio después de la inauguración.
La propuesta de utilizar carreteras existentes para producir energía solar tenía una lógica atractiva: aprovechar una infraestructura que ya ocupa terreno.
Pero el proyecto normando mostró las dificultades de colocar tecnología fotovoltaica en una superficie expuesta de manera permanente a la sombra, la suciedad y el peso del tráfico.
Lo que comenzó como una prueba con aspiraciones de extenderse por 1,000 kilómetros terminó convirtiéndose en un proyecto que la propia empresa tuvo que replantear.
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