Científicos de la Universidad de Delaware colocan sensores satelitales en tiburones para medir la temperatura y salinidad del océano Atlántico y mejorar los pronósticos de intensidad de huracanes que afectan la costa este de Estados Unidos
Los investigadores aprovechan el comportamiento natural de los depredadores marinos para recolectar datos oceanográficos de manera más eficiente que los robots submarinos.

Cuando un tiburón nada frente a las costas de Estados Unidos, su presencia ya no solo representa un encuentro con la vida marina. Ahora, estos depredadores pueden estar trabajando como recolectores de datos para la ciencia.
Un equipo de la Universidad de Delaware está probando el uso de tiburones como plataformas móviles para medir condiciones oceánicas, con el objetivo de mejorar las predicciones sobre la intensidad de los huracanes antes de que toquen tierra.
De acuerdo con información publicada por UDaily, medio de la institución, en 2025 y actualizada recientemente por Reuters en 2026, los investigadores han colocado dispositivos electrónicos en ejemplares de tiburón blanco joven y tiburón mako para registrar variables clave del mar.
Estos aparatos, conocidos como etiquetas CTD (por sus siglas en inglés), miden la salinidad, la temperatura del agua y la profundidad a la que se encuentran los animales. La información se transmite vía satélite cada vez que el tiburón nada cerca de la superficie.
En última instancia, los tiburones que llevan esta etiqueta actuarán como oceanógrafos y plataformas de observación oceánica para recolectar datos oceanográficos de alta calidad y enviarlos de vuelta a nosotros en tiempo real”.
— Caroline Wiernicki, candidata a doctorado en ciencias marinas de la Universidad de Delaware, en declaraciones recogidas por UDaily
¿Por qué usar tiburones para estudiar huracanes?
La respuesta tiene que ver con un problema práctico. Los científicos ya cuentan con tecnología para predecir dónde tocará tierra un huracán, pero la intensidad del fenómeno sigue siendo difícil de anticipar.
Actualmente, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y varias universidades de la costa del Atlántico medio utilizan planeadores robóticos, vehículos submarinos con forma de torpedo amarillo, para recopilar datos de CTD durante la temporada de huracanes.
Sin embargo, estos planeadores son lentos, operan en áreas limitadas y su despliegue y mantenimiento resultan costosos. Los tiburones ofrecen una alternativa más eficiente.
Según explicó Caroline Wiernicki, investigadora de la Universidad de Delaware, a UDaily, “los tiburones y las etiquetas son significativamente más baratos, más rápidos y tienen más variabilidad en sus comportamientos de movimiento”.
La idea es que los escualos cubran mayores extensiones oceánicas y envíen la información de manera más ágil.
Aaron Carlisle, profesor asociado de la Escuela de Ciencias y Políticas Marinas de la Universidad de Delaware, detalló a Reuters que los tiburones son una opción viable porque son abundantes, están ampliamente distribuidos y son más fáciles de acceder que muchos mamíferos marinos protegidos.
Hasta ahora, el marcaje de tiburones se usaba principalmente para rastrear sus rutas migratorias. Este proyecto amplía ese uso hacia la recolección de datos oceanográficos.
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El papel clave de la “piscina fría” en la intensidad de los huracanes
La región del Atlántico medio donde trabajan los investigadores presenta una característica ideal para este tipo de estudio: la estratificación estacional del agua.
Durante la primavera y el verano, el agua fría se acumula en el fondo formando lo que se conoce como “piscinas frías” (cold pools), mientras que el agua cálida permanece en la superficie. Para finales de julio y principios de agosto, esta división térmica es muy marcada.
Esta condición es clave para predecir huracanes. Como explicó Wiernicki a UDaily:
Para los huracanes, el agua cálida es el acelerador, y el agua fría es el freno. Dependiendo de dónde esté esa piscina fría en relación con la costa, eso impactará qué tan fuerte será un huracán cuando toque tierra o cuando se acerque a nuestra costa”.
Por eso, conocer con precisión la temperatura y la ubicación de estas masas de agua ayuda a los modelos meteorológicos a calcular la energía que tendrá el ciclón.
¿Cómo se captura y etiqueta a un tiburón?
El proceso de marcaje comienza a principios de mayo, cuando las especies migratorias se acercan a la costa desde sus hábitats de invierno en el Atlántico.
Los investigadores navegan entre 50 y 65 kilómetros mar adentro a bordo de un buque científico, colocan líneas con cebo y esperan entre dos y tres horas a que un tiburón muerda el anzuelo, según explicó Wiernicki a Reuters.
Una vez que el animal está a bordo, la etiqueta se fija a la aleta dorsal en un proceso que dura menos de cinco minutos; entonces, cada vez que el tiburón nada en la superficie, el dispositivo transmite los datos a una red de satélites en órbita.
Los investigadores seleccionan especies que emergen con frecuencia para maximizar las transmisiones. Análisis previos han identificado al tiburón mako, al tiburón azul, al tiburón martillo liso y al tiburón blanco juvenil como los mejores candidatos en el Atlántico norte.
Todo el procedimiento se realiza bajo supervisión de bienestar animal. Las etiquetas están diseñadas con materiales que se corroen y se desprenden con el tiempo, y cada tiburón recibe una revisión de salud antes de ser liberado para evitar que el estrés altere su comportamiento natural y sesgue los datos.
Los primeros resultados y el futuro del proyecto
Hasta el 21 de julio de 2025, los investigadores habían desplegado con éxito dos etiquetas: una en un tiburón blanco joven y otra en un tiburón mako de aleta corta.
Según el reporte de UDaily, el tiburón blanco ha enviado señales de manera constante desde que fue marcado en mayo. Se le ha rastreado cerca de Martha’s Vineyard, y ha emergido a la superficie diariamente en zonas como Cape Cod y Long Island.
El tiburón mako, en cambio, nadó hacia el sur hasta Carolina del Norte antes de regresar al norte, pero no ha sido tan frecuente en las transmisiones.
Esta diferencia, señalan los científicos, refleja la variabilidad individual del comportamiento animal, un desafío inherente a esta línea de investigación.
Carlisle resumió el espíritu del proyecto en declaraciones a Reuters:
La mayoría de las personas nunca encontrarán un tiburón en estado salvaje, pero muchos los conocen a través de estereotipos aterradores. En realidad, son animales increíbles perfectamente adaptados al océano, y podemos aprender muchísimo de ellos. Si podemos demostrar que los tiburones pueden ayudar a las personas, es una situación en la que todos ganan”.
— Aaron Carlisle, profesor asociado de la Escuela de Ciencias y Políticas Marinas de la Universidad de Delaware
La información recopilada podría mejorar los pronósticos de intensidad de huracanes que se aproximan a la costa este de Estados Unidos, brindando a las comunidades desde Carolina del Norte hasta Massachusetts datos más confiables para fortalecer su resiliencia ante tormentas cada vez más poderosas.
Por ahora, los tiburones, lejos de las representaciones dramáticas del cine, se han convertido en aliados silenciosos en la lucha por anticipar los retos de la naturaleza.
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