Historiadores encuentran que los romanos no solo admiraban la Ilíada y la Odisea, sino que adaptaron sus relatos para explicar el origen de Roma y construir una identidad cultural que permanece en libros, escuelas y universidades
Los textos de Quintiliano, Horacio, Virgilio y Ovidio muestran cómo Roma convirtió las obras atribuidas a Homero en modelos de educación, escritura y pensamiento, pero también en herramientas para contar su propio pasado

Los romanos no recibieron la Ilíada y la Odisea como relatos extranjeros que debían conservar sin cambios. Los escritores latinos estudiaron sus personajes, retomaron sus conflictos y adaptaron sus estructuras para hablar sobre Roma, el poder, la guerra, el deber y el origen de su sociedad.
La información se basa en textos conservados de Quintiliano, Horacio y Ovidio, así como en estudios de Oxford y Cambridge sobre Livio Andrónico y la Eneida de Virgilio, según información de estas instituciones académicas. Estas fuentes permiten conocer la opinión de autores, maestros y lectores romanos con acceso a la educación, pero no necesariamente lo que pensaban todos los habitantes del Imperio.
¿Qué representaba Homero para los romanos?
Para los sectores educados de Roma, Homero era una autoridad literaria. Sus poemas no solo servían para conocer las historias de Aquiles, Héctor, Odiseo o Penélope. También mostraban cómo construir un relato, presentar un conflicto y explicar las decisiones humanas.
El maestro de retórica Quintiliano, quien vivió en el siglo I después de nuestra era, recomendó comenzar el estudio de los poetas con Homero, según información de sus Instituciones oratorias. Lo comparó con el océano del que surgen los ríos porque consideraba que había ofrecido ejemplos para cada parte de la elocuencia.
Quintiliano encontraba lecciones de oratoria en episodios como la disputa entre Aquiles y Agamenón, la embajada enviada para convencer a Aquiles y los discursos pronunciados durante la guerra de Troya.
Para los estudiantes romanos, estos pasajes podían funcionar como ejercicios sobre argumentación, liderazgo, negociación y manejo de las emociones.
La Odisea ayudó a iniciar la literatura en latín
La influencia de Homero comenzó durante las primeras etapas de la literatura romana.
En el siglo III antes de nuestra era, Livio Andrónico, un escritor de probable origen griego, trasladó la Odisea al latín en una obra conocida como Odusia, según información de estudios de Oxford sobre literatura latina arcaica. Aunque solo se conservan fragmentos, se le atribuye la composición del primer poema épico en lengua latina.
No se trató únicamente de cambiar las palabras de un idioma a otro. Andrónico adaptó el poema a las formas de escritura y expresión utilizadas en Roma.
La historia de un hombre que enfrenta peligros para regresar a su hogar podía relacionarse con asuntos cercanos para los romanos: la familia, la autoridad, los viajes, la guerra y el cumplimiento de las obligaciones.
La adaptación también permitió que una obra griega se utilizara en la enseñanza del latín. Así, Homero se convirtió en uno de los puntos de partida de la tradición literaria romana.
Virgilio usó a Homero para explicar el origen de Roma
La transformación más conocida ocurrió con la Eneida, escrita por Virgilio durante el gobierno de Augusto.
El poema cuenta la historia de Eneas, un sobreviviente de Troya que cruza el Mediterráneo y llega a Italia. Dentro de la tradición romana, sus descendientes quedaron vinculados con el nacimiento de Roma.
Virgilio combinó elementos de las dos epopeyas homéricas. Los primeros seis libros de la Eneida, centrados en viajes y obstáculos, se relacionan con la Odisea. Los últimos seis, dedicados a la guerra en Italia, retoman estructuras y escenas de la Ilíada, según información de estudios de Cambridge sobre la obra de Virgilio.
Sin embargo, Eneas no es una copia de Odiseo ni de Aquiles. Su rasgo principal es el cumplimiento de una misión que supera sus deseos personales.
Con esta adaptación, Virgilio convirtió los relatos homéricos en una explicación literaria sobre el destino de Roma, su origen troyano y su expansión política. La Eneida fue presentada como una obra capaz de reunir elementos griegos y romanos, además de explicar los orígenes de Roma y del gobierno de Augusto.
Horacio leía a Homero como una guía de conducta
El poeta Horacio encontró en la guerra de Troya ejemplos sobre las consecuencias de la ira, el deseo, la ambición y los conflictos entre gobernantes.
En sus Epístolas, según información de sus textos conservados, presentó a Odiseo como una figura de prudencia y resistencia. El personaje supera peligros, controla impulsos y busca regresar a casa después de la guerra. Para Horacio, esas decisiones permitían reflexionar sobre lo útil, lo dañino y la manera de enfrentar las dificultades.
Su admiración no significaba obediencia absoluta. En el Arte poética escribió que “a veces hasta el buen Homero se duerme”, reconociendo que incluso un autor considerado modelo podía cometer errores dentro de una obra extensa.
Ovidio contó las historias desde otras voces
Ovidio retomó personajes relacionados con la guerra de Troya, pero cambió la perspectiva desde la que eran narrados.
En las Heroidas imaginó una carta de Penélope a Odiseo, según información de su obra conservada. La mujer que espera el regreso del héroe expresa su soledad, sus dudas y el costo familiar de una guerra que duró años.
En el libro XIII de las Metamorfosis, Ovidio desarrolló el enfrentamiento entre Áyax y Odiseo por las armas de Aquiles. El episodio se convierte en una competencia de discursos donde se enfrentan la fuerza militar y la capacidad de argumentar.
¿Los romanos copiaron la cultura griega?
Los escritores romanos tomaron obras, mitos y formas literarias griegas, pero no se limitaron a reproducirlas.
Livio Andrónico tradujo a Homero; Virgilio lo reorganizó; Horacio lo evaluó; Quintiliano lo convirtió en maestro de oratoria, y Ovidio narró sus historias desde otros puntos de vista, según información de estudios clásicos de Oxford y Cambridge.
Este proceso explica por qué la Ilíada y la Odisea quedaron integradas en la cultura romana. Roma tomó dos relatos griegos y los utilizó para hablar de sus escuelas, sus gobernantes, sus conflictos y su identidad.
Su presencia actual en libros, escuelas y universidades no depende únicamente de la influencia griega. También es resultado de la forma en que los romanos conservaron, tradujeron y transformaron a Homero para las generaciones posteriores.
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