Dos periodistas usaron teléfonos Nokia básicos en lugar de smartphones y concluyeron que la solución para reducir la dependencia del celular no siempre es volver al pasado, sino aprender a usar mejor la tecnología actual
Durante las pruebas, ambos redujeron el tiempo frente a la pantalla y el uso de redes sociales, pero también enfrentaron dificultades por la falta de GPS, aplicaciones, cámaras funcionales y otras herramientas que hoy forman parte de la vida diaria.

Usar un teléfono básico durante siete días redujo de forma importante el tiempo frente a la pantalla, aunque también dejó en evidencia que renunciar a funciones como el GPS, las aplicaciones y la cámara puede complicar la vida diaria.
La experiencia fue compartida por periodistas especializados en tecnología del medio Xataka, quienes concluyeron que el problema no siempre es el smartphone, sino la forma en que se utiliza.
En medio del creciente interés por los llamados “dumbphones” o teléfonos básicos, cada vez más personas consideran dejar de lado su smartphone para reducir el uso de redes sociales y recuperar tiempo lejos de las pantallas.
Sin embargo, ¿realmente vale la pena volver a un celular con funciones limitadas? La experiencia de dos periodistas de Xataka ofrece una respuesta más completa: desconectarse puede ser positivo, pero regresar a un teléfono del pasado también implica renunciar a herramientas que hoy forman parte de la vida cotidiana.
¿En qué consistió el experimento?
El periodista especializado en telefonía Patrick Schneider decidió guardar durante una semana su Samsung Galaxy S24 Ultra y utilizar exclusivamente un Nokia 3210, una versión renovada de uno de los modelos más populares de principios de los años 2000.
Acostumbrado a pasar al menos dos horas diarias frente a la pantalla del celular, buscaba comprobar si un teléfono sin redes sociales ni aplicaciones podía ayudarlo a reducir la dependencia digital.
Sin embargo, el cambio comenzó con dificultades desde el primer momento.
El primer reto apareció antes de usar el teléfono
La configuración del Nokia resultó menos sencilla de lo esperado.
Schneider tuvo que volver a colocar la tarjeta SIM en su Galaxy S24 Ultra para exportar los contactos, ya que había olvidado hacerlo antes del cambio.
Además, recordó que este tipo de teléfonos requieren insertar físicamente la batería antes de encenderse, algo que prácticamente ha desaparecido en los smartphones actuales.
Después llegó otro desafío que muchos usuarios ya habían olvidado.

Escribir mensajes volvió a ser lento
Uno de los mayores obstáculos fue regresar al teclado T9, el sistema de escritura mediante teclas numéricas que predominó antes de la llegada de las pantallas táctiles.
Tras más de 15 años utilizando teclados virtuales, el periodista descubrió que escribir mensajes requería reaprender movimientos y recuperar una memoria muscular que ya había desaparecido.
Lo que antes parecía un sistema natural terminó convirtiéndose en un proceso lento y poco práctico.
Las funciones que más extrañó durante la semana
Conforme avanzaron los días, la nostalgia dio paso a la realidad.
El periodista notó que muchas actividades que hoy realiza automáticamente con su smartphone dejaron de estar disponibles.
Entre las principales limitaciones destacó:
- No podía consultar las noticias desde la cama al despertar.
- No tenía acceso inmediato al pronóstico del clima.
- La cámara de apenas dos megapíxeles ofrecía resultados muy limitados.
- No podía conectar el teléfono a un altavoz para escuchar música o podcasts mientras cocinaba o trabajaba.
- Carecía de un GPS confiable para desplazarse.
- No podía consultar recetas ni listas de compras almacenadas en aplicaciones.
Como consecuencia, varias de estas tareas terminaron realizándose desde una computadora portátil.
¿Qué beneficios encontró al dejar el smartphone?
Pese a las limitaciones, Schneider considera que el experimento tuvo resultados positivos.
Uno de los cambios más importantes fue la drástica reducción del tiempo frente a la pantalla, ya que el Nokia quedó limitado prácticamente a llamadas, mensajes y alarmas.
Además, la batería de 1,450 mAh le permitió utilizar el dispositivo durante cinco días sin necesidad de cargarlo, una autonomía difícil de encontrar en la mayoría de los teléfonos inteligentes actuales.
Pero el mayor beneficio fue otro.
Al no tener redes sociales ni aplicaciones de mensajería, desapareció el hábito del scroll infinito, lo que le permitió prestar mayor atención a su entorno y consumir información de forma más consciente.
Tras finalizar la prueba, decidió eliminar de la pantalla principal de su Galaxy S24 Ultra las aplicaciones que más tiempo le hacían perder.

Otro experimento llegó a una conclusión diferente
La experiencia no fue igual para todos.
La periodista Noelia, también integrante de Xataka, realizó una prueba similar durante sus vacaciones utilizando un Nokia 3310.
Aunque buscaba el mismo objetivo de desconectarse, encontró problemas distintos.
En zonas alejadas de los centros urbanos experimentó fallas de cobertura, mientras que el altavoz del teléfono dificultaba mantener conversaciones con claridad.
Además, la calidad de la cámara resultó insuficiente, por lo que terminó viajando también con un Vivo X300 Pro, al que recurrió para tomar fotografías y utilizar aplicaciones de navegación.
¿Vale la pena cambiar un smartphone por un teléfono básico?
Las dos experiencias muestran que los teléfonos básicos sí ayudan a disminuir el tiempo de pantalla, principalmente porque eliminan el acceso inmediato a redes sociales y otras aplicaciones que fomentan el uso constante del celular.
No obstante, también evidencian que la vida cotidiana depende cada vez más de funciones como el GPS, las cámaras, las aplicaciones de productividad y los servicios digitales, por lo que abandonar por completo el smartphone puede generar más inconvenientes que beneficios.
La conclusión compartida por ambos periodistas apunta a una solución intermedia: no es necesario regresar al hardware del pasado para reducir la hiperconectividad.
En muchos casos, configurar el smartphone, eliminar las aplicaciones que más distraen, limitar las notificaciones y establecer hábitos de uso más saludables puede ofrecer los beneficios de la desconexión sin renunciar a las herramientas que hoy resultan indispensables.
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