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Psicólogos explican que los adultos que se disculpan por todo no siempre son más educados, sino que pueden haber aprendido desde la infancia a justificar cada decisión para evitar conflictos y buscar la aprobación de los demás

Especialistas señalan que este comportamiento puede estar relacionado con la baja autoestima, la culpa irracional y la necesidad de aprobación, por lo que identificar su origen puede fortalecer la confianza personal.

Psicólogos explican que los adultos que se disculpan por todo no siempre son más educados, sino que pueden haber aprendido desde la infancia a justificar cada decisión para evitar conflictos y buscar la aprobación de los demás

Pedir perdón de manera constante no siempre refleja buenos modales. Diversas investigaciones en psicología y especialistas en salud mental señalan que, en muchos casos, este comportamiento puede estar relacionado con experiencias vividas durante la infancia.

En especial, puede desarrollarse en entornos donde los niños crecieron sintiendo que debían justificar cada decisión o evitar cualquier conflicto para recibir aprobación.

La información retoma explicaciones de especialistas consultados por CuídatePlus y del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COP), además de conceptos ampliamente reconocidos en la psicología sobre las respuestas de apaciguamiento y el desarrollo de la autoestima.

Aunque no existe evidencia que permita afirmar que todas las personas que se disculpan constantemente vivieron la misma experiencia, sí se reconoce que este hábito puede estar vinculado con patrones aprendidos desde edades tempranas.

¿Por qué algunas personas se disculpan por todo?

Existe una diferencia entre una disculpa genuina y una disculpa automática. Mientras la primera aparece cuando realmente se ha cometido un error o se ha causado un daño, la segunda suele convertirse en un hábito que surge incluso cuando no existe responsabilidad alguna.

Las personas que piden perdón de forma constante pueden llegar a sentir, casi de manera inconsciente, que expresar una opinión, hacer una petición o simplemente ocupar espacio requiere una justificación previa.

Según la psicología, este comportamiento puede desarrollarse en familias o entornos donde el afecto dependía del comportamiento, donde existía un control excesivo o donde el conflicto se evitaba mediante la sumisión.

Con el paso de los años, las disculpas terminan funcionando como un mecanismo de protección emocional.

Especialistas recomiendan distinguir entre una disculpa necesaria y una automática para fortalecer la autoestima y establecer límites más saludables. Imagen hecha con IA

La respuesta de apaciguamiento: una forma de evitar el conflicto

Los especialistas describen este patrón como una respuesta de apaciguamiento (“fawn response”), una estrategia mediante la cual la persona intenta reducir cualquier posibilidad de rechazo o confrontación priorizando las necesidades de los demás sobre las propias.

Desde el exterior, este comportamiento suele confundirse con amabilidad o educación. Sin embargo, en muchos casos responde al miedo al conflicto o a la necesidad de evitar críticas, más que a un acto consciente de cortesía.

Esta respuesta forma parte de las distintas maneras en que las personas reaccionan frente al estrés relacional, junto con otras respuestas conocidas como la lucha, la huida o el bloqueo.

La culpa y la necesidad de aprobación pueden reforzar este hábito

La psicología identifica dos factores principales que suelen estar detrás de las disculpas excesivas.

El primero es la culpa desproporcionada, que lleva a algunas personas a sentirse responsables incluso de situaciones que escapan completamente de su control.

El segundo es la necesidad constante de aprobación, es decir, el deseo de ser aceptado por los demás aun cuando eso implique minimizar las propias necesidades o ceder con facilidad.

Con el tiempo, pedir perdón deja de ser una respuesta puntual y se convierte en una forma de disminuir la ansiedad y recuperar una sensación inmediata de tranquilidad.

¿Cómo afecta disculparse constantemente?

Aunque pedir perdón cuando corresponde fortalece las relaciones, hacerlo sin motivo puede tener consecuencias en el bienestar emocional.

Entre los efectos más frecuentes que señalan los especialistas se encuentran:

  • Disminución de la autoestima.
  • Aumento del diálogo interno crítico.
  • Mayor dificultad para establecer límites personales.
  • Tendencia a evitar cualquier conflicto.
  • Mayor sensibilidad ante la opinión de los demás.

Además, quienes mantienen este patrón pueden interpretar comentarios o gestos neutrales como señales de desaprobación, lo que alimenta un círculo difícil de romper: mientras más se disculpan, mayor inseguridad experimentan.

La necesidad de aprobación y el miedo al conflicto pueden llevar a algunas personas a pedir perdón incluso cuando no han cometido un error. Crédito: Canva

Una psicóloga explica qué puede haber detrás de este comportamiento

Olga Merino, psicóloga del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COP), explicó a CuídatePlus que este hábito puede tener distintos orígenes.

Esto puede ocurrir por muchos motivos, desde que sea una muletilla hasta un patrón conductual que puede esconder ciertos aspectos de la personalidad”.

La especialista añade que una baja autoestima suele estar presente en muchas personas que se disculpan en exceso.

Al final el lenguaje no deja de ser el pensamiento expreso. Transmitimos lo que pensamos y esos pensamientos marcan la forma de interpretar el mundo”.

También señala que estas personas pueden desarrollar una visión negativa y distorsionada de sí mismas, llegando a creer que sus acciones son inadecuadas o perjudiciales incluso cuando no existe motivo para pensarlo.

La diferencia entre culpa real y culpa irracional

Los especialistas recomiendan distinguir entre la culpa real, que aparece después de haber cometido un error o causado un daño, y la culpa irracional, que nace de inseguridades personales o creencias aprendidas durante la infancia.

Aprender a identificar esta diferencia puede ayudar a reducir las disculpas automáticas, fortalecer la autoestima y establecer relaciones más equilibradas.

¿En qué situaciones no es necesario pedir perdón?

La psicología también señala que existen momentos en los que disculparse no aporta nada y, por el contrario, puede reforzar la inseguridad personal.

Estos son algunos ejemplos:

Al pedir ayuda: Solicitar apoyo no significa haber hecho algo incorrecto. Reconocer que se necesita ayuda forma parte de las relaciones humanas y no requiere una disculpa.

Cuando se tiene razón: Si una persona sostiene una postura correcta con argumentos y respeto, no necesita pedir perdón por ello. Hacerlo puede transmitir una falta de confianza en su propio criterio.

Al expresar una opinión: Compartir un punto de vista es un derecho, siempre que se haga con respeto. Disculparse antes o después de opinar puede minimizar la propia voz y dificultar una comunicación clara y segura.

En estos casos, los especialistas consideran que expresar las propias ideas con respeto, pero sin disculpas innecesarias, favorece una comunicación más saludable y una mayor confianza personal.

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