La Universidad de Cambridge explica que la procrastinación no es pereza, sino un conflicto psicológico por evitación emocional que se divide en nueve perfiles con soluciones específicas
Una investigación revela que este hábito no se debe a la flojera, sino a un conflicto emocional que afecta la salud y la economía.

El investigador de la Universidad de Cambridge, Itamar Shatz, publicó un análisis científico que redefine la forma en que entendemos el hábito de postergar las obligaciones. En su libro “Cómo superar la procrastinación”, el académico expone que esta conducta no es un reflejo de pereza o de una mala gestión del tiempo, sino un conflicto psicológico profundo entre el impulso humano de actuar y el deseo de evadir el malestar.
Esta investigación resulta fundamental para el público en general porque identifica por primera vez nueve perfiles psicológicos específicos de procrastinadores. Al comprender que dejar las cosas para después tiene un origen emocional y no de falta de voluntad, las personas cuentan con una herramienta práctica para identificar su propio comportamiento y aplicar soluciones diseñadas a su medida.
El problema afecta de manera directa la estabilidad diaria de la población. De acuerdo con estimaciones recopiladas por agencias como Europa Press y expertos en psicología laboral, las consecuencias de este hábito se reflejan en el deterioro de la salud mental, tensiones familiares por promesas incumplidas y pérdidas económicas que, en países como Estados Unidos, le cuestan a los empleadores cerca de 20,000 dólares anuales por cada trabajador.

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¿Cuáles son los 9 tipos de procrastinadores según la ciencia?
La investigación de Itamar Shatz detalla que cada persona posterga sus deberes por motivos completamente diferentes. Los perfiles identificados se dividen de la siguiente manera:
- El Preocupado: Aplaza sus proyectos por el miedo constante a que las cosas salgan mal. La ansiedad termina por paralizarlo.
- El Pesimista: Asume el fracaso antes de comenzar y duda profundamente de sus capacidades individuales.
- El Perfeccionista: Cree que si un trabajo no queda impecable, es mejor no intentarlo.
- El Soñador: Pasa demasiado tiempo imaginando el éxito y haciendo planes futuros, pero le cuesta mucho trabajo ejecutar las acciones en el presente.
- El Errático: Es una persona inconstante que salta de una actividad a otra de forma continua, por lo que rara vez concluye lo que empieza.
- El Rebelde: Utiliza la procrastinación como una protesta silenciosa para recuperar el control frente a las exigencias de figuras de autoridad que le causan resentimiento.
- El Buscador de emociones: Deja todo para el último minuto intencionalmente porque depende de la adrenalina de la urgencia para funcionar.
- El Hedonista: Prioriza la gratificación instantánea y las distracciones que generan placer inmediato por encima de las responsabilidades importantes.
- El Agotado: Pospone sus deberes debido a un cansancio físico o mental extremo que le impide rendir adecuadamente.

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¿Qué se sabe sobre las consecuencias reales de este hábito?
Especialistas en la materia, como la doctora Fuschia Sirois de la Universidad de Durham y el psicólogo laboral Ian MacRae de la Sociedad Británica de Psicología, coinciden en que postergar tareas no elimina la obligación, sino que la mantiene activa en el cerebro. Esto genera un estrés de fondo constante que consume energía mental de forma silenciosa.
En el entorno social y laboral, el impacto es directo: provoca el aislamiento del individuo y genera fricciones o resentimiento con los compañeros de trabajo, quienes a menudo deben compensar la falta de entrega del empleado.
¿Qué deben tomar en cuenta las personas para superar la procrastinación?
Independientemente del tipo de perfil con el que te identifiques, los expertos sugieren una serie de pasos generales basados en la conducta para comenzar a ver cambios reales:
| Estrategia | Cómo aplicarla en el día a día |
|---|---|
| Identificar la emoción | Reconocer si estás postergando por aburrimiento, ansiedad o inseguridad ante la tarea. |
| Aplicar autocompasión | Evitar la culpa excesiva; ser amable contigo mismo ayuda a retomar las actividades con menor estrés emocional. |
| Buscar victorias fáciles | Dividir los pendientes en pasos muy pequeños y empezar por el más sencillo para ganar impulso. |
| Diseñar el entorno | Crear fricción con las tentaciones eliminando las distracciones digitales del espacio de trabajo. |
Hasta el momento, los investigadores insisten en que no existe una solución mágica ni inmediata. El manejo de la procrastinación requiere un proceso constante de autoevaluación, donde el descanso adecuado y el respeto a los ritmos naturales de productividad del cuerpo juegan un papel crucial para evitar el agotamiento crónico.
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