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El instinto materno tiene base científica: el embarazo reorganiza redes cerebrales clave para responder a las exigencias diarias de la maternidad y adaptarse al cuidado constante del bebé

Investigaciones con resonancias magnéticas revelan que el cerebro femenino se reorganiza durante la maternidad para crear vínculos, responder al entorno y adaptarse a nuevas exigencias, y que cuando ese proceso no ocurre plenamente puede aparecer la depresión posparto.

El instinto materno tiene base científica: el embarazo reorganiza redes cerebrales clave para responder a las exigencias diarias de la maternidad y adaptarse al cuidado constante del bebé

Tener un bebé cambia la vida, pero también transforma el cerebro. Más allá de la idea popular del “instinto materno”, la neurociencia ha documentado cambios reales y medibles en la estructura y el funcionamiento cerebral de las mujeres durante y después del embarazo.

Cambios medibles en el cerebro durante la maternidad

Para entender cómo ocurre este proceso, investigadores del Academic Medical Center de la Universiteit van Amsterdam analizaron el cerebro de 110 mujeres: 40 que no habían estado embarazadas, 40 que acababan de tener a su primer hijo y 30 que habían tenido un segundo embarazo.

A todas se les realizaron estudios de resonancia magnética en distintos momentos: antes del embarazo, tres meses después del parto y un año más tarde; en el caso del grupo sin embarazo, el escaneo se hizo una sola vez.

Los resultados mostraron que la maternidad implica una reorganización profunda de varias redes cerebrales, especialmente aquellas relacionadas con la empatía, la atención y la capacidad de respuesta.

El vínculo con el bebé y la lectura de señales no verbales

Una de las áreas más impactadas fue la red neuronal por defecto, que se activa cuando realizamos tareas rutinarias o reflexivas.

Durante la maternidad, esta red se reorganiza para comprender las necesidades del bebé a través de gestos, sonidos y señales no verbales, fortaleciendo el vínculo emocional entre madre e hijo.

Estudios con resonancias magnéticas muestran cómo el cerebro de las mujeres se reorganiza durante el embarazo y el posparto.

Flexibilidad mental para enfrentar situaciones nuevas

También se observaron cambios en la red frontoparietal, encargada del control cognitivo y la adaptación a tareas nuevas. Esta red resulta clave en las madres primerizas, ya que la crianza exige respuestas rápidas, toma de decisiones constante y la capacidad de ajustarse a situaciones cambiantes a lo largo del día.

Cuando hay más de un hijo, el cerebro prioriza la atención y el movimiento

En las mujeres que tuvieron un segundo embarazo, los cambios se concentraron en la red de atención dorsal, que se activa cuando es necesario vigilar el entorno y reaccionar de inmediato.

A la par, la red somatomotora mostró ajustes importantes, permitiendo coordinar movimientos complejos, planificar acciones y responder a múltiples estímulos físicos al mismo tiempo, algo común en la crianza de más de un hijo.

Menor plasticidad cerebral y riesgo de depresión posparto

El estudio reveló además que las mujeres que presentaron menores cambios cerebrales durante el embarazo fueron más propensas a desarrollar depresión posparto.

Esto se relaciona con una menor plasticidad cerebral, es decir, una menor capacidad del cerebro para adaptarse a nuevas exigencias, lo que puede dificultar el ajuste emocional tras el nacimiento del bebé.

Lejos de ser un mito, el llamado “instinto materno” responde a procesos neurológicos complejos que permiten al cerebro adaptarse a una de las etapas más demandantes de la vida: la maternidad.

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