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Barcelona decide cambiar el asfalto de sus calles por materiales hechos con restos de aceituna y madera para reducir hasta 76% las emisiones de CO₂, combatir el calor urbano y alargar la vida del pavimento sin alterar la movilidad diaria

El ayuntamiento pondrá a prueba dos proyectos que reutilizan residuos agrícolas y madera para pavimentar calles con menor impacto ambiental, reducir el calor en la ciudad y avanzar hacia un modelo urbano más sostenible sin afectar la vida cotidiana.

Barcelona decide cambiar el asfalto de sus calles por materiales hechos con restos de aceituna y madera para reducir hasta 76% las emisiones de CO₂, combatir el calor urbano y alargar la vida del pavimento sin alterar la movilidad diaria

BARCELONA, ESPAÑA — Las ciudades enfrentan cada vez más calor, contaminación y desgaste urbano, y Ayuntamiento de Barcelona decidió empezar desde lo más básico: el suelo que se pisa.

La capital catalana pondrá en marcha un plan pionero para sustituir el asfalto tradicional por materiales hechos con restos de aceituna y madera, con el objetivo de recortar hasta 76% las emisiones de dióxido de carbono asociadas a la pavimentación de calles.

La iniciativa busca responder a dos presiones crecientes: el aumento de las olas de calor y la demanda ciudadana de espacios urbanos más frescos y menos contaminantes, sin cambiar la funcionalidad de las calles.

Asfalto hecho con residuos agrícolas y madera

El proyecto se apoya en dos nuevos tipos de pavimento seleccionados tras una convocatoria pública de innovación urbana.

El primero, llamado Biochar, sustituye parte de los componentes tradicionales del asfalto por carbón vegetal elaborado con huesos de aceituna y restos de pino.

Este material no solo reduce drásticamente las emisiones durante su fabricación, sino que además retiene carbono dentro del propio pavimento, convirtiendo a la calle en un pequeño sumidero de CO₂.

Las pruebas técnicas indican que este asfalto es igual o más resistente que el convencional, responde mejor a la lluvia y a los cambios bruscos de temperatura, y reduce las grietas y el desgaste con el paso del tiempo.

El nuevo pavimento incorpora residuos agrícolas reutilizados que permiten disminuir hasta 76% la huella de carbono frente al asfalto tradicional.

Menos contaminación sin cambiar la forma de las calles

La segunda propuesta seleccionada, RePavimenta, apuesta por componentes reciclados para lograr una reducción cercana al 50% de las emisiones asociadas al CO₂.

Ambos proyectos fueron elegidos dentro de la convocatoria municipal “La sección de calle del siglo XXI”, que buscaba soluciones nuevas, aplicables y aún no disponibles en el mercado, pensadas para integrarse en la ciudad sin afectar la movilidad ni el uso cotidiano del espacio público.

Pruebas reales en la ciudad y fechas clave

La fase de investigación y prototipos se extenderá hasta septiembre de 2026. Después, los nuevos asfaltos se probarán directamente en calles de Barcelona durante un año, para evaluar su resistencia, durabilidad y viabilidad económica en condiciones reales.

Cada equipo seleccionado cuenta con 90 mil euros para desarrollar y monitorear los materiales, lo que cubre la mayor parte del costo del proyecto.

Si los resultados son positivos, las primeras calles con este asfalto ecológico podrían instalarse en 2027.

Las pruebas piloto del asfalto ecológico se aplicarán en calles de Barcelona para evaluar su resistencia, durabilidad y beneficios ambientales en condiciones reales. REUTERS/Nacho Doce

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De las baldosas recicladas al suelo como herramienta climática

Barcelona ya había dado pasos similares en 2022, cuando renovó el diseño del panot, la baldosa tradicional de las aceras, incorporando materiales reutilizados sin perder su identidad visual.

Ahora el enfoque va más allá de la superficie: el objetivo es que el pavimento ayude a combatir la contaminación, resista mejor el calor extremo y alargue la vida útil de las calles, reduciendo costos y emisiones a largo plazo.

La apuesta es clara: convertir el suelo urbano en una pieza activa contra el cambio climático, demostrando que incluso algo tan cotidiano como el asfalto puede formar parte de la solución.

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