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Psicólogo ganador del Nobel creyó descubrir el secreto de la felicidad al explicar que las personas son más felices cuando dejan de buscar la opción perfecta en cada decisión y se conforman con lo que les funciona bien

Basado en estudios sobre cómo decidimos en la vida diaria, el enfoque de Herbert A. Simon muestra que el exceso de opciones y la comparación constante pueden generar más estrés que bienestar, y que simplificar decisiones ayuda a cuidar la atención, el tiempo y la tranquilidad emocional.

Psicólogo ganador del Nobel creyó descubrir el secreto de la felicidad al explicar que las personas son más felices cuando dejan de buscar la opción perfecta en cada decisión y se conforman con lo que les funciona bien

En un mundo saturado de opciones, comparaciones y decisiones constantes, una idea del premio Nobel de Economía Herbert A. Simon ha tomado fuerza en la psicología contemporánea: la felicidad no depende de encontrar la mejor opción posible, sino de aprender a elegir lo suficientemente bien y seguir adelante. Esta forma de pensar, conocida como satisficing, cuestiona la obsesión moderna por optimizar todo.

La propuesta surge de un problema cotidiano cada vez más evidente: las personas creen que, si buscan lo suficiente, pueden encontrar siempre la mejor alternativa.

Sin embargo, Simon planteó que este enfoque puede generar más ansiedad que bienestar, porque el costo de seguir buscando rara vez se toma en cuenta.

La información proviene de trabajos en economía conductual y psicología cognitiva desarrollados por el propio Simon, ganador del Premio Nobel de Economía en 1978.

Herbert A. Simon y el límite real de nuestras decisiones

Simon sostuvo que los seres humanos no toman decisiones perfectamente racionales, no por falta de esfuerzo, sino por una limitación estructural. En la práctica, hay demasiadas opciones, información incompleta y poco tiempo para analizar todo.

A partir de esto, propuso que las personas no optimizan, sino que simplifican. Es decir, no evalúan todas las alternativas posibles, sino un conjunto limitado de ellas, y eligen la primera que cumple con un nivel aceptable.

A esta estrategia la llamó satisficing, una combinación de “satisfacer” y “ser suficiente”. En lugar de buscar lo ideal, se trata de detenerse cuando una opción es suficientemente buena para avanzar sin desgaste adicional.

Herbert A. Simon recibió el Premio Nobel de Economía por sus estudios sobre cómo las personas toman decisiones con información limitada. Foto: Canva

Maximizar vs. elegir lo suficiente

El contraste más importante en esta teoría es entre dos formas de decidir. Por un lado está la maximización, que consiste en buscar la mejor opción posible entre todas las disponibles. Por otro, el satisficing, que implica aceptar una opción que sea suficientemente buena según los propios criterios.

El problema de la maximización es que convierte cada decisión en un proceso abierto e interminable. Siempre existe la posibilidad de que haya algo mejor, lo que genera duda constante e insatisfacción. En cambio, el satisficing reduce el tiempo de análisis y permite cerrar el proceso de decisión.

Diversos estudios posteriores en psicología han mostrado que las personas con tendencia a maximizar suelen experimentar más arrepentimiento, menor satisfacción y mayor comparación social. En contraste, quienes eligen bajo el criterio de “suficiente” tienden a reportar mayor estabilidad emocional.

La vida cotidiana como ejemplo del principio

Simon aplicaba este enfoque en su propia vida. Su entorno cercano describía una rutina altamente simplificada, basada en reducir decisiones innecesarias. Según relatos familiares, mantenía hábitos constantes en comida, ropa y organización personal.

La lógica detrás de esto era clara: cada decisión pequeña consume energía mental. Al reducirlas, se libera atención para decisiones realmente importantes. Este principio no busca rigidez, sino eficiencia cognitiva y menos desgaste diario.

La teoría del satisficing explica por qué tener demasiadas opciones puede generar estrés y dificultar la satisfacción con lo que se elige.

El mismo principio aplicado a decisiones complejas

El matemático John Allen Paulos llevó esta idea a un experimento mental sobre decisiones en relaciones personales. Su propuesta consistía en explorar un número limitado de opciones antes de comprometerse con la primera que supere a las anteriores.

Aunque el ejemplo parece simple, ilustra un principio más amplio: seguir buscando indefinidamente puede disminuir la probabilidad de elegir bien, porque retrasa el cierre de la decisión y mantiene activa la comparación constante.

Este patrón también aparece en decisiones como trabajo, vivienda o consumo, donde la búsqueda excesiva termina generando parálisis por análisis.

La sobrecarga de opciones en la vida moderna

Hoy, este fenómeno se intensifica por el contexto digital. La cantidad de alternativas disponibles ha crecido de forma exponencial en casi todos los ámbitos. Esto refuerza la sensación de que siempre existe algo mejor por encontrar.

Las redes sociales amplifican este efecto al exponer de forma constante la vida de otras personas. Esto no solo incrementa la comparación, sino que también debilita la sensación de satisfacción con decisiones que, en realidad, ya son funcionales.

Investigaciones en psicología señalan que reducir la comparación constante ayuda a conservar energía mental y mejorar el bienestar diario. Foto: Canva

Lo que dice la psicología sobre la comparación constante

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi explicó que cuando una persona deja de cuestionar continuamente sus decisiones y se compromete con ellas, libera recursos mentales importantes. Esa energía puede destinarse a actividades significativas en lugar de mantenerse en un ciclo de duda permanente.

Investigaciones posteriores han encontrado que la tendencia a maximizar decisiones se asocia con menor satisfacción general, mientras que el criterio de suficiencia se relaciona con mayor bienestar subjetivo. No se trata de conformismo, sino de establecer límites razonables al proceso de elección.

Una idea vigente en la era de la inteligencia artificial

Con el avance de herramientas digitales que prometen optimizar casi todo, desde horarios hasta consumo, la teoría de Simon adquiere nueva relevancia.

El riesgo, según este enfoque, es que la tecnología no reduzca la sobrecarga de decisiones, sino que la aumente al ofrecer más opciones para comparar.

En este contexto, el satisficing no implica renunciar a mejorar, sino reconocer que no todas las decisiones necesitan ser perfectas. A veces, elegir lo suficientemente bien es una forma de proteger el tiempo, la atención y la estabilidad emocional.

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