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Una mujer española rechazó pagar alquiler y compró un barco en ruinas por 270,000 mil pesos que restauró por completo con sus propias manos para convertirlo en su hogar flotante, despertándose cada día en un lugar diferente sin renunciar a la comodidad de vivir como en casa

María, acuarista profesional, adquirió el Perseus, un barco tradicional de 8.5 metros que estaba en condiciones deplorables, y lo rehabilitó completamente desde cero

Una mujer española rechazó pagar alquiler y compró un barco en ruinas por 270,000 mil pesos que restauró por completo con sus propias manos para convertirlo en su hogar flotante, despertándose cada día en un lugar diferente sin renunciar a la comodidad de vivir como en casa

España — María tenía empleo fijo, sueldo estable y suficiente dinero para pagar una renta cada mes. Sin embargo, decidió no hacerlo. En lugar de destinar sus ahorros a lo que considera “precios desorbitados” del mercado de vivienda, eligió una alternativa que pocas personas se plantean en serio: comprar un barco.

La acuarista profesional adquirió el Perseus, una embarcación tradicional de 8.5 metros de eslora que se encontraba en condiciones deplorables. No importó. En lugar de desanimarse ante el estado de la nave, se arremangó y aprendió desde cero todo lo necesario para rehabilitarlo. Fontanería, carpintería, sistemas eléctricos.

“Tuve que aprender desde cero todo para poder arreglarlo. Todo lo que hay, lo he hecho yo con mis manos”, explica con orgullo.

El resultado es un hogar funcional y personal que navega de un puerto a otro, donde María se despierta cada mañana con una vista distinta al otro lado de la ventana.

Para ella, la decisión va mucho más allá de ahorrar dinero. Es una forma de ser. “Mi forma de ser va mucho más ligada a la aventura, al despertarme y que cada día sea algo diferente”, señala. Se define a sí misma como una persona “bastante antisistema”, que disfruta esquivando las normas sociales que considera impuestas. “He roto con todo lo que he podido y sigo haciéndolo, de forma que me gusta mucho sentir que estoy viviendo la vida de una forma especial”, confiesa.

La vida en el agua, eso sí, no está exenta de costos y sacrificios. El amarre en un puerto público le representa un gasto de casi 600 euros en verano y unos 300 en invierno. Además, el contacto constante con el salitre provoca un desgaste continuo de los materiales que ninguna casa convencional sufre. “No es como una casa que te puede durar 10 o 15 años; aquí casi cada año hay que cambiar la bomba de agua o el grifo”, detalla.

Su sueldo le permitiría pagar una casa en la isla, pero se niega a destinar sus ahorros a los precios que considera desorbitados. Especial: Captura de pantalla

A pesar de eso, María no cambiaría su barco por ningún departamento. Cada amanecer en un lugar diferente es, para ella, un precio que vale la pena pagar.

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