Hernán Cortés no conquistó México solo, lo hizo con el apoyo indígena de los tlaxcaltecas contra el dominio mexica y 500 años después su figura sigue dividiendo a España y México
Mientras México y España chocan por la memoria histórica, Hernán Cortés sigue siendo una figura que divide opiniones 500 años después de la conquista.

Pocas figuras históricas provocan tantas emociones encontradas como Hernán Cortés. Para algunos fue un genio militar capaz de derribar uno de los imperios más poderosos de América con un puñado de hombres. Para otros, representa el inicio de la destrucción de civilizaciones enteras, la violencia colonial y siglos de sometimiento indígena.
Entre ambas visiones existe una historia mucho más compleja, llena de ambición, alianzas, traiciones, epidemias, religión, política y choque cultural.
Más de quinientos años después de la caída de Tenochtitlan, el nombre de Cortés sigue generando debates en México y España porque no solo habla del pasado: habla también de identidad, poder y memoria.
Un joven extremeño obsesionado con la gloria
Hernán Cortés nació en 1485 en Medellín, una pequeña localidad de Extremadura, en España. Provenía de una familia hidalga sin demasiada riqueza. Como muchos jóvenes españoles de su época, creció en un mundo marcado por la expansión militar y religiosa.

España acababa de concluir la Reconquista con la toma de Granada en 1492, el mismo año en que Cristóbal Colón llegó a América. El ambiente cultural de aquel tiempo estaba impregnado de ideas de cruzada, honor, expansión y riqueza.
Cortés no parecía destinado a convertirse en una figura legendaria. Estudió brevemente leyes en Salamanca, pero abandonó los estudios. Era inquieto, ambicioso y deseaba fortuna rápida. América representaba exactamente eso: una oportunidad para ascender socialmente en un mundo donde el linaje seguía determinando el destino.
En 1504 viajó al Caribe y comenzó una carrera política y militar en La Española y luego en Cuba. Ahí desarrolló dos rasgos que definirían toda su vida:
- una enorme capacidad diplomática;
- y una ambición casi desmedida.
El mundo que encontró Cortés
Cuando Cortés llegó a las costas de México en 1519, el territorio no era un espacio vacío ni un conjunto de tribus aisladas, como durante mucho tiempo contaron algunos relatos europeos.
Existía una compleja red de ciudades, alianzas, rutas comerciales y poderes regionales dominados por el Imperio mexica.
Desde Tenochtitlan, los mexicas controlaban enormes territorios mediante tributos y alianzas militares. La ciudad impresionaba incluso a los europeos:
- tenía canales,
- mercados gigantescos,
- templos monumentales,
- y una población que probablemente superaba a muchas ciudades europeas.
Los españoles quedaron impactados. Algunos cronistas compararon Tenochtitlan con Venecia.
Sin embargo, el imperio mexica no era amado por todos. Muchos pueblos indígenas resentían los tributos impuestos por los mexicas y el poder militar de la capital. Esa tensión sería clave para entender la conquista.
Porque una de las grandes simplificaciones históricas es imaginar a “españoles contra indígenas”. En realidad, la guerra fue mucho más compleja:
- miles de indígenas pelearon junto a Cortés;
- y miles defendieron al imperio mexica.
La llegada que cambiaría el continente
Cortés desembarcó en las costas del actual Veracruz con alrededor de 500 soldados, algunos caballos y artillería limitada. A primera vista, parecía imposible derrotar a un imperio entero con tan pocos hombres.
Pero Cortés comprendió algo fundamental: la conquista no podía hacerse únicamente con fuerza militar. Necesitaba aliados.
Ahí aparece una de las figuras más importantes y polémicas de la historia mexicana: La Malinche, también llamada Malintzin o doña Marina.

Ella hablaba náhuatl y maya y se convirtió en intérprete, negociadora y consejera de Cortés. Mucho más que una simple traductora, entendía las complejas relaciones políticas entre pueblos indígenas. Su papel fue decisivo.
Durante siglos fue presentada en México como símbolo de traición. De hecho, el término “malinchismo” todavía se usa para describir preferencia por lo extranjero sobre lo nacional. Pero historiadores contemporáneos han replanteado esa visión:
- Malintzin era una mujer entregada como esclava;
- vivía en un mundo dominado por hombres y guerras;
- y probablemente actuó buscando sobrevivir y ganar poder dentro de circunstancias extremadamente violentas.
Su figura refleja las complejidades humanas de la conquista: nadie tenía control absoluto del destino.
La alianza indígena que hizo posible la conquista
Uno de los mayores errores históricos es pensar que Cortés conquistó México “solo”.
La realidad es que el ejército español era minoritario. El verdadero peso militar vino de las alianzas indígenas, especialmente con los Tlaxcaltecas, enemigos históricos de los mexicas.

Miles de guerreros indígenas acompañaron a los españoles hacia Tenochtitlan.
Para muchos pueblos originarios, la llegada de Cortés no significaba necesariamente “traicionar a México”, porque México como nación aún no existía. Existían identidades regionales, ciudades-estado y rivalidades profundas.
Algunos pueblos veían a los mexicas como dominadores brutales y consideraron a los españoles una oportunidad política.
Nadie imaginaba todavía que el resultado final sería la colonización europea de gran parte del continente.
El encuentro con Moctezuma II
En noviembre de 1519 ocurrió uno de los encuentros más famosos de la historia mundial.
Cortés y sus hombres entraron en Tenochtitlan y fueron recibidos por el emperador mexica Moctezuma II.
La escena ha sido narrada casi como un choque de universos:
- hombres con armaduras de acero;
- caballos nunca vistos en América;
- templos cubiertos de símbolos religiosos;
- y dos líderes tratando de descifrar las intenciones del otro.
Todavía hoy existe debate sobre qué pensaba realmente Moctezuma:
- ¿creía que Cortés tenía algún carácter divino?
- ¿intentaba ganar tiempo diplomáticamente?
- ¿subestimó el peligro?
Lo cierto es que Cortés actuó rápidamente y tomó prisionero al emperador dentro de su propia ciudad, una maniobra extraordinariamente audaz.
La tensión comenzó a crecer.
La matanza y el estallido de la guerra
Mientras Cortés se ausentó temporalmente para enfrentar a fuerzas españolas enviadas desde Cuba, sus hombres realizaron la Matanza del Templo Mayor durante una ceremonia religiosa mexica.
La ciudad explotó en furia.
Los españoles quedaron sitiados y finalmente huyeron en el episodio conocido como la Noche Triste.

Muchos murieron intentando escapar.
Pero Cortés reorganizó sus fuerzas con apoyo indígena y regresó para sitiar Tenochtitlan.
La guerra fue devastadora:
- hambre,
- destrucción,
- combate urbano,
- enfermedades,
- y miles de muertos.
La epidemia que cambió la historia
Uno de los factores decisivos de la conquista no fue militar, sino biológico.
La viruela, llevada involuntariamente por europeos, se propagó entre poblaciones indígenas sin inmunidad previa.
La epidemia arrasó ciudades enteras.
Murieron guerreros, gobernantes, sacerdotes y agricultores. El propio sucesor de Moctezuma falleció por la enfermedad.
Muchos historiadores consideran que las epidemias fueron incluso más destructivas que las batallas.
La conquista de América no puede entenderse sin ese colapso demográfico gigantesco.
La caída de Tenochtitlan
El 13 de agosto de 1521 cayó Tenochtitlan.
La ciudad quedó destruida tras meses de sitio.
Sobre sus ruinas surgiría posteriormente la Ciudad de México colonial.
Para España, aquel triunfo representó el nacimiento de uno de los mayores imperios de la historia moderna.
Para millones de indígenas, marcó el inicio de un nuevo orden político, religioso y social.
Pero el proceso no fue instantáneo ni uniforme. Hubo resistencias indígenas durante décadas e incluso siglos.
El nacimiento de una nueva sociedad
Tras la conquista comenzó el Virreinato de la Nueva España.
Llegaron:
- misioneros,
- funcionarios,
- comerciantes,
- esclavos africanos,
- nuevas enfermedades,
- animales europeos,
- y estructuras legales y religiosas españolas.
También comenzó un enorme proceso de mestizaje.
La sociedad novohispana mezcló:
- tradiciones indígenas,
- cultura europea,
- y aportes africanos.
De esa mezcla surgiría, siglos después, buena parte de la identidad mexicana moderna.
Aquí aparece una de las grandes contradicciones históricas:
- Cortés ayudó a destruir civilizaciones y estructuras indígenas;
- pero también fue parte del origen de una nueva realidad cultural mestiza.
Por eso su figura nunca puede reducirse fácilmente a héroe o villano absoluto.
¿Héroe brillante o símbolo de genocidio?
La polémica moderna alrededor de Cortés nace precisamente de esa complejidad.
En ciertos sectores de España todavía es visto como:
- explorador extraordinario,
- estratega militar incomparable,
- y figura central de la expansión española.
Pero otros lo consideran responsable de:
- violencia masiva,
- esclavitud,
- imposición religiosa,
- y destrucción cultural.
En México, durante mucho tiempo la historia oficial nacionalista presentó la conquista como una tragedia protagonizada por españoles invasores y pueblos indígenas víctimas.
Sin embargo, historiadores recientes han intentado matizar esa narrativa:
- había divisiones indígenas internas;
- la conquista fue también una guerra civil mesoamericana;
- y las alianzas indígenas fueron decisivas.
Eso no elimina la brutalidad del proceso colonial, pero sí vuelve más compleja la explicación.
La razón por la que Cortés sigue incomodando
Hernán Cortés incomoda porque obliga a enfrentar preguntas difíciles:
- ¿cómo debe recordarse una conquista?
- ¿puede admirarse la inteligencia militar separándola de la violencia?
- ¿quién escribe la historia?
- ¿cómo conviven orgullo nacional y tragedia histórica?
No existe una respuesta única.
Cortés fue:
- conquistador,
- político,
- manipulador,
- estratega,
- fundador,
- destructor,
- y símbolo de un cambio irreversible en la historia mundial.
Su llegada transformó para siempre a Europa y América.
Y precisamente por eso, cinco siglos después, sigue siendo una de las figuras más polémicas de la historia.
Cómo ve hoy Morena y Claudia Sheinbaum la figura de Cortés
En los últimos años, la figura de Hernán Cortés dejó de ser solamente un tema histórico para convertirse también en un tema político e identitario dentro del discurso de Morena y del actual gobierno mexicano.
¡Cátedra de historia a Isabel Díaz Ayuso (@IdiazAyuso) sobre Hernán Cortés! Este señor feminicida, esclavista y genocida, no puede vencer a ninguna de las acciones que pretenden reivindicar
— SinLínea.Mx (@SinLinea_Mx) May 7, 2026
Hernán Cortés fue juzgado dos veces. En 1526 y posteriormente en España. Mató a su… pic.twitter.com/neNGGV7Uvl
La postura comenzó a tomar fuerza durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y ha continuado con Claudia Sheinbaum. Ambos gobiernos han insistido en que la conquista española no debe celebrarse como una “hazaña civilizatoria”, sino analizarse como un proceso marcado por violencia, sometimiento y racismo estructural.
Para Morena, la conquista representa el origen de muchas desigualdades históricas de México:
- la marginación indígena,
- las jerarquías raciales heredadas de la colonia,
- y la concentración del poder económico y político.
Por eso, el discurso oficial suele reivindicar más a figuras indígenas como:
- Cuauhtémoc,
- Benito Juárez,
- o los pueblos originarios contemporáneos,que a los conquistadores españoles.
Claudia Sheinbaum ha mantenido esa línea de manera muy clara. En 2025 reiteró públicamente lo que venía pidiendo López Obrador: que España debía reconocer “las atrocidades” cometidas durante la conquista, y sostuvo que una disculpa histórica ayudaría a combatir el racismo heredado del periodo colonial.
En febrero de 2025, durante la conmemoración de los 500 años de la muerte de Cuauhtémoc, Sheinbaum afirmó que:
“Los españoles tienen que reconocer estas atrocidades”.
Ese discurso conecta con una visión histórica promovida por sectores de Morena:
- la conquista como invasión violenta;
- Cortés como símbolo del colonialismo;
- y la resistencia indígena como parte central de la identidad nacional mexicana.
La tensión volvió a crecer recientemente cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, realizó actos en México reivindicando la herencia española y homenajeando a Cortés.
Sheinbaum respondió diciendo que quienes intentan reivindicar a Hernán Cortés “están destinados a la derrota” y calificó esos homenajes como una muestra de ignorancia histórica.

Dentro del movimiento oficialista mexicano existe además una idea muy importante: durante décadas, la historia nacional fue narrada desde una perspectiva demasiado favorable a Europa y demasiado crítica o minimizante de las culturas indígenas. Morena intenta revertir eso enfatizando:
- la grandeza de las civilizaciones prehispánicas;
- el orgullo indígena;
- y la memoria de la resistencia.
Por esa razón, para buena parte del oficialismo mexicano actual, Cortés no es visto como fundador de una nueva nación, sino principalmente como el rostro de una invasión que destruyó estructuras culturales y políticas originarias.
Sin embargo, incluso dentro de México hay historiadores y académicos que cuestionan simplificaciones políticas de la conquista. Algunos consideran que el discurso contemporáneo corre el riesgo de:
- reducir procesos históricos complejos a buenos y malos;
- ignorar las alianzas indígenas con los españoles;
- o utilizar el pasado como herramienta política contemporánea.
Cómo se ve hoy a Cortés en España
La visión española sobre Hernán Cortés es mucho más dividida de lo que suele imaginarse en América Latina.
Durante siglos, la historia oficial española presentó a Cortés como:
- un explorador extraordinario,
- estratega brillante,
- y figura central de la expansión del Imperio español.
En manuales escolares tradicionales y discursos conservadores, la conquista fue narrada como una empresa heroica vinculada a:
- evangelización,
- expansión cultural,
- comercio,
- y creación del mundo hispano.
Todavía hoy existen sectores políticos e intelectuales españoles que defienden esa interpretación. Argumentan que:
- España no debe juzgarse únicamente por la violencia de la conquista;
- el mestizaje creó nuevas sociedades;
- y el imperio español tuvo diferencias respecto a otros colonialismos europeos.
Políticos conservadores como Isabel Díaz Ayuso han defendido públicamente la herencia española en América y han rechazado la idea de pedir disculpas históricas. Ayuso incluso afirmó recientemente que la conquista no debe verse exclusivamente como genocidio, sino también como un “proceso civilizatorio”, lo que provocó fuertes críticas en México y España.

Pero España también ha cambiado mucho en su forma de mirar el pasado colonial.
En universidades, medios y sectores progresistas existe una revisión crítica cada vez mayor sobre:
- la violencia de la conquista,
- la explotación indígena,
- las matanzas,
- y el racismo colonial.
La figura de Cortés ya no es intocable como lo fue durante buena parte del siglo XX.
De hecho, dentro de España también existen tensiones sobre cómo recordar el imperio:
- algunos lo consideran motivo de orgullo histórico;
- otros creen necesario reconocer abiertamente los abusos y atrocidades cometidas.
Incluso recientemente hubo un hecho simbólico importante: el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, reconoció públicamente el “dolor” y las “injusticias” sufridas por los pueblos originarios durante la conquista, algo que el gobierno mexicano interpretó como un primer paso hacia una reconciliación histórica.
Aunque eso no fue una disculpa oficial del Estado español ni de la Corona, mostró un cambio importante: España comienza lentamente a debatir su pasado colonial con más matices y menos triunfalismo absoluto.
Un personaje atrapado entre dos memorias nacionales
Lo más interesante es que Hernán Cortés se ha convertido en algo más grande que el propio hombre histórico.
En México:
- suele representar la invasión,
- el colonialismo,
- y el inicio de siglos de subordinación indígena.
En sectores de España:
- representa expansión histórica,
- herencia cultural hispana,
- y orgullo imperial.
Y entre ambas visiones existe un enorme terreno gris:
- alianzas indígenas,
- guerras internas mesoamericanas,
- mestizaje,
- intercambio cultural,
- evangelización,
- violencia,
- epidemias,
- destrucción,
- y nacimiento de una nueva civilización.
Por eso Cortés sigue siendo tan polémico cinco siglos después: porque hablar de él no es solamente hablar del pasado.
Es hablar de identidad, memoria, racismo, nación y poder en el presente.
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