El Imparcial / Lo Curioso /

Películas que se destacan en su género por su originalidad

Películas que se destacan en su género por su originalidad

En 2022, la encuesta Sight & Sound —la más influyente entre críticos de cine a nivel global— colocó en primer lugar a Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles, de Chantal Akerman. Una película belga de 1975, de tres horas y media, sobre una mujer que cocina, limpia y recibe clientes en su departamento. Nada de persecuciones ni giros de guion. Ese resultado sacudió décadas de consenso y recordó algo que tiende a olvidarse: la originalidad cinematográfica no siempre viene envuelta en espectáculo.

¿Qué significa que una película sea original?

La pregunta merece más matices de los que suele recibir. No es lo mismo innovar en la forma de contar una historia que hacerlo en lo visual o en el tipo de temas que se abordan. A veces confluyen las tres cosas; a veces basta con una para que un título se sienta genuinamente distinto. El ranking de IMDb, con sus millones de votos, tiende a premiar la emoción inmediata y tiene un sesgo notable hacia producciones estadounidenses. La lista de Sight & Sound, elaborada por críticos, se inclina hacia lo autoral. Ninguna agota la conversación.

Lo que interesa aquí no es fabricar otro listado numerado, sino trazar un recorrido por géneros donde ciertos títulos alteraron las coordenadas de lo posible. ¿Qué hicieron diferente? ¿Por qué su impacto persiste?

Cuando la estructura narrativa rompe las reglas

Quentin Tarantino estrenó Pulp Fiction en 1994 y dejó claro que una historia no necesita orden cronológico para funcionar. Su estructura fragmentada —capítulos que se cruzan, líneas temporales que se superponen— no era capricho formal: servía para revelar conexiones ocultas entre personajes aparentemente inconexos. El efecto fue contagioso. Durante la segunda mitad de los noventa, decenas de thrillers intentaron replicar esa fórmula sin entender que el truco no estaba en desordenar escenas, sino en que cada fragmento tuviera peso propio.

Seis años después, Christopher Nolan llevó la narrativa no lineal un paso más allá con Memento. Contar la historia al revés no era un recurso gratuito: obligaba al espectador a experimentar la amnesia del protagonista. La forma era el contenido. Ese principio —que la estructura misma cuente algo— sigue siendo una de las vías más efectivas para distinguir una película dentro de géneros saturados como el thriller.

Ciencia ficción que va más allá del espectáculo

La ciencia ficción ha sido históricamente el género más permeable a la experimentación. Nolan volvió a demostrarlo con Origen (Inception), donde las capas de sueños funcionaban como metáfora sobre la naturaleza de las ideas y la creación artística. No era solo acción con escenarios imposibles: planteaba preguntas legítimas sobre la percepción y la memoria.

Desde la animación, Hayao Miyazaki construyó con El viaje de Chihiro un universo que escapa a cualquier clasificación cómoda. ¿Fantasía? ¿Relato de iniciación? ¿Crítica al consumismo? Todo eso a la vez, sin que una lectura anule a las demás. Ganó el Oso de Oro en Berlín y el Óscar a mejor película animada, pero su verdadero logro fue demostrar que la animación japonesa podía operar en un registro emocional y filosófico que el cine de acción real rara vez alcanza.

Cine familiar con profundidad

El cine para toda la familia arrastra un estigma injusto: se le percibe como género menor, diseñado para entretener sin exigir demasiado. Pero las mejores películas familiares operan en múltiples niveles. El Rey León funciona como aventura infantil y como tragedia shakespeariana. Coco, de Pixar, explora el duelo y la memoria con una honestidad que pocos dramas adultos alcanzan.

Las plataformas de streaming han ampliado el acceso a este tipo de cine. Quien busca opciones para ver en familia puede revisar secciones como la de Películas familiares, donde conviven clásicos con propuestas recientes que apuestan por narrativas menos convencionales. La variedad permite salir de lo predecible y dar con títulos que sorprendan tanto a niños como a adultos.

Propuestas recientes que renuevan el género

Más allá de las grandes franquicias, el cine familiar ha empezado a explorar territorios que antes parecían reservados para audiencias adultas: la identidad, la dualidad, las versiones alternas de uno mismo. Irene y yo y mi otro yo trabaja esa premisa desde un ángulo que conecta con la curiosidad natural de los espectadores jóvenes: ¿qué pasaría si existiera otra versión de ti? Ese tipo de preguntas, planteadas sin condescendencia, aportan una frescura que el género necesita para no estancarse.

Thriller y suspenso: cuando desaparecer es el punto de partida

Alfred Hitchcock entendió antes que nadie que la desaparición es uno de los motores narrativos más potentes del suspenso. En Vértigo, lo que desaparece no es solo una persona sino la certeza misma del protagonista sobre lo que ha vivido. David Fincher retomó esa tradición con Gone Girl, donde la ausencia de un personaje reorganiza todo lo que el espectador creía saber.

Esa línea sigue viva en producciones contemporáneas. La hora de la desaparición construye tensión a partir de lo que permanece fuera de cuadro, desde un ángulo particular que no agota el recurso. Funciona porque apela a un miedo universal: la posibilidad de que alguien simplemente deje de estar, sin explicación ni rastro.

Películas que desafían la etiqueta de un solo género

La categorización por géneros siempre ha sido una herramienta imperfecta. Blade Runner es ciencia ficción, pero también cine negro. Get Out es terror, comedia y sátira racial al mismo tiempo. Evil Dead combinó el horror con la comedia slapstick de un modo que no debería funcionar —y sin embargo funcionó—. Incluso experimentos tan dispares como Cowboys & Aliens muestran que la mezcla de géneros, cuando se ejecuta con convicción, puede generar algo que no existía antes.

Quizá lo más honesto sea reconocer que las películas que recordamos durante décadas son, casi siempre, las que resultan difíciles de clasificar. Los géneros sirven como punto de partida. Pero las obras que realmente importan tienden a desbordarlos, a resistir la etiqueta simple, a obligarnos a inventar nuevas categorías para hablar de ellas. Esa incomodidad clasificatoria es, tal vez, la señal más confiable de que estamos frente a algo genuinamente original.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí