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Científicos británicos devuelven la vida al mar con bloques de seis toneladas y 4.000 ostras, reconstruyendo arrecifes desaparecidos y creando un refugio para peces, crustáceos y biodiversidad en la costa de Inglaterra mientras enfrentan tormentas y retos del cambio climático

Un proyecto en Inglaterra combina bloques de seis toneladas y miles de ostras para restaurar arrecifes perdidos, mejorar la calidad del agua y proteger la vida marina frente a tormentas y los efectos del cambio climático

Científicos británicos devuelven la vida al mar con bloques de seis toneladas y 4.000 ostras, reconstruyendo arrecifes desaparecidos y creando un refugio para peces, crustáceos y biodiversidad en la costa de Inglaterra mientras enfrentan tormentas y retos del cambio climático

Inglaterra — En la costa noreste de Inglaterra, un proyecto innovador busca restaurar arrecifes perdidos desde el siglo XIX usando bloques de hormigón y 4.000 ostras nativas. La iniciativa combina ciencia, ingeniería y participación comunitaria para mejorar la biodiversidad, la calidad del agua y la resiliencia costera, mientras se enfrenta a condiciones climáticas extremas y temporales frecuentes. La información proviene de EcoInventos y fuentes oficiales del gobierno británico.

Cubos de arrecife: diseño humano que imita la naturaleza

Los llamados “cubos de arrecife de ostras” no son simples bloques. Cada uno pesa 6 toneladas y sirve como base estable frente a corrientes intensas y fondos marinos alterados. Su diseño incluye superficies rugosas, cavidades y texturas que reproducen la complejidad de un arrecife natural, proporcionando refugio a peces y crustáceos.

Además, se utilizan materiales alternativos al hormigón tradicional, como Marine Crete®, que reducen la huella de carbono y permiten que la restauración ambiental no genere más emisiones de las que busca resolver.

Ostras: ingenieras del ecosistema

Las ostras nativas funcionan como infraestructura viva. Cada ejemplar filtra hasta 200 litros de agua al día, eliminando partículas y favoreciendo la luz para algas y plantas marinas. Esta acción mejora la calidad del agua, aumenta el oxígeno disponible y atrae peces juveniles, creando un ecosistema autosostenible.

En Europa, más del 95% de los arrecifes de ostras desaparecieron desde el siglo XIX, por lo que restaurar estos organismos significa recuperar funciones ecológicas perdidas.

© Trai Anfield, Stronger Shores Project

Aprender de los errores: adaptación frente a tormentas

Un intento previo en 2023 se vio afectado por el temporal Babet, que dispersó miles de ostras y toneladas de conchas. Esta experiencia llevó a ajustar la estrategia: los cubos actuales actúan como anclajes físicos y biológicos, reduciendo pérdidas y aumentando la efectividad del proyecto.

Este enfoque experimental y flexible es cada vez más común en proyectos de soluciones basadas en la naturaleza, especialmente en entornos marinos extremos.

Ciencia, comunidad y políticas integradas

Más de 190 voluntarios participaron en la limpieza, preparación y fijación de las ostras, lo que asegura apropiación social del proyecto. Además, la iniciativa forma parte de programas gubernamentales de adaptación costera y resiliencia climática, que buscan:

  • Protección frente a inundaciones y erosión.
  • Recuperación de biodiversidad.
  • Integración de infraestructura natural en políticas marinas europeas.
© Trai Anfield, Stronger Shores Project

Impacto ambiental y funciones ecosistémicas

Los arrecifes artificiales generan beneficios que van más allá de las ostras:

  • Reducción de eutrofización al mejorar la calidad del agua.
  • Barreras naturales que disipan la energía de las olas y complementan diques frente al aumento del nivel del mar.
  • Almacenamiento de carbono azul, al estabilizar sedimentos y favorecer hábitats que retienen carbono.
  • Incremento de biodiversidad y resiliencia ecológica.
© Trai Anfield, Stronger Shores Project

Preparación y despliegue de las ostras

Las ostras se limpiaron manualmente para evitar la introducción de especies invasoras y se fijaron a los cubos con adhesivos diseñados para entornos submarinos.

A esto se sumaron más de 35.000 ostras juveniles y 40 toneladas de conchas reutilizadas, creando un sustrato llamado “cultch” donde nuevas ostras pueden asentarse. Todo se instaló a 1,8 km de la costa, en puntos seleccionados tras consultar a pescadores y actores locales, asegurando aceptación social y éxito del proyecto.

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