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Médicos recomiendan eliminar embutidos como salchichas, tocino, jamón, mortadela y queso de puerco a quienes tengan hígado graso, pues su alto contenido de grasas saturadas, sodio y nitritos puede acelerar la acumulación de triglicéridos y complicar su recuperación: ¿Cómo reemplazarlos?

Las carnes frías y embutidos como salchicha, jamón, chorizo, mortadela o tocino forman parte de la dieta diaria en México, pero pueden ser un gran riesgo para personas que padecen de hígado graso o de enfermedades hepáticas.

Médicos recomiendan eliminar embutidos como salchichas, tocino, jamón, mortadela y queso de puerco a quienes tengan hígado graso, pues su alto contenido de grasas saturadas, sodio y nitritos puede acelerar la acumulación de triglicéridos y complicar su recuperación: ¿Cómo reemplazarlos?

La salchicha en el desayuno, el jamón en la torta, el chorizo en los guisos o el tocino como complemento son alimentos comunes en muchos hogares. Son prácticos, económicos y fáciles de preparar. Sin embargo, para personas con hígado graso o esteatosis hepática, estos productos pueden representar un riesgo importante.

De acuerdo con información respaldada por la Asociación Catalana de Pacientes Hepáticos y estudios médicos sobre enfermedad hepática grasa no alcohólica, las carnes procesadas están desaconsejadas en pacientes con esta condición debido a su contenido de grasas saturadas, sodio y aditivos.

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¿Por qué los embutidos afectan al hígado graso?

Los embutidos son carnes procesadas que pasan por procesos de curado, ahumado o conservación con sal y aditivos. Entre los más consumidos están:

  • Salchicha
  • Jamón (de pavo, pierna, ahumado)
  • Chorizo y longaniza
  • Mortadela
  • Tocino
  • Queso de puerco
  • Jamón serrano y otros curados

En personas con hígado graso, estos productos pueden empeorar el cuadro por varias razones metabólicas.

En personas con hígado graso, estos productos pueden empeorar el cuadro por varias razones metabólicas.

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¿Los embutidos aumentan la inflamación del hígado?

Sí pueden favorecerla.

Las grasas saturadas presentes en salchichas, chorizos y jamones obligan al hígado a trabajar más para metabolizarlas. Cuando este proceso es constante, puede generarse inflamación crónica.

Si la inflamación persiste, la enfermedad puede progresar a fibrosis y, en casos avanzados, a cirrosis.

¿Contribuyen a que se acumule más grasa en el hígado?

Los embutidos tienen alta densidad calórica. Su consumo frecuente facilita la acumulación de triglicéridos en las células hepáticas.

En personas con esteatosis hepática, esto dificulta la recuperación del órgano y puede acelerar el deterioro.

¿Tienen relación con la resistencia a la insulina?

Diversos estudios asocian el alto consumo de carnes procesadas con mayor riesgo de resistencia a la insulina.

Este factor es clave en el desarrollo del hígado graso no alcohólico y también incrementa el riesgo de diabetes tipo 2.

Cuando existe resistencia a la insulina, el cuerpo almacena más grasa, incluido el hígado.

¿Aumentan el riesgo cardiovascular?

Sí, y este punto es importante.

Las carnes frías suelen contener grandes cantidades de sodio y grasas LDL, conocidas como colesterol “malo”. Las personas con hígado graso ya tienen mayor predisposición a enfermedades cardiovasculares.

El exceso de sodio también puede afectar la presión arterial.

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¿Los conservadores como nitritos y nitratos dañan el hígado?

Los productos como jamón, salchicha y salami contienen nitritos y nitratos que funcionan como conservadores.

El consumo elevado de estos aditivos se ha relacionado con efectos negativos a largo plazo y puede aumentar la carga metabólica del hígado.

No significa que una porción ocasional cause daño inmediato, pero el consumo frecuente sí representa un factor de riesgo.

Los productos como jamón, salchicha y salami contienen nitritos y nitratos que funcionan como conservadores.

¿Qué recomiendan los especialistas si tienes hígado graso?

Las asociaciones de pacientes y profesionales de la salud coinciden en que el manejo debe centrarse en cambios de estilo de vida.

Entre las recomendaciones más comunes están:

  • Reducir o eliminar salchicha, jamón, chorizo, mortadela, tocino y queso de puerco.
  • Priorizar proteínas magras.
  • Evitar ultraprocesados.
  • Disminuir grasas saturadas y sodio.
  • Consultar a un médico o nutriólogo antes de hacer cambios drásticos en la dieta.

El tratamiento del hígado graso no se basa en medicamentos específicos en la mayoría de los casos, sino en alimentación y actividad física supervisada.

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¿Qué puedes comer en lugar de embutidos?

Si buscas opciones más seguras para tu hígado, estas alternativas son recomendadas:

  • Pollo o pavo sin piel, cocidos sin grasa añadida.
  • Pescado fresco al horno, vapor o plancha.
  • Legumbres como lentejas, frijoles o garbanzos.
  • Cortes magros de res en porciones moderadas.

Estas opciones ayudan a reducir la carga de grasa en el hígado y favorecen la recuperación metabólica.

¿Es posible prevenir el avance del hígado graso?

Sí, en muchos casos.

El hígado graso puede mejorar si se detecta a tiempo y se modifican hábitos. La prevención consiste en:

  • Mantener peso saludable.
  • Seguir una dieta equilibrada.
  • Reducir ultraprocesados.
  • Realizar actividad física regular.

La clave está en la constancia y en el acompañamiento médico.

Si tienes diagnóstico de hígado graso, el consumo frecuente de embutidos puede complicar tu condición. No se trata de generar alarma, sino de tomar decisiones informadas.

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Lo más importante a considerar si padeces de hígado graso

Si tienes diagnóstico de hígado graso, el consumo frecuente de embutidos puede complicar tu condición. No se trata de generar alarma, sino de tomar decisiones informadas.

Tu alimentación tiene un impacto directo en la salud hepática. Antes de hacer cambios, acude con un profesional de la salud para recibir orientación personalizada.

Cuidar el hígado es posible. Empieza por lo que comes todos los días.

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