¿El tiempo realmente existe o solo lo sentimos? La física cuántica, la relatividad y la filosofía cuestionan si el paso del tiempo es una ilusión
El resultado sugiere que la percepción temporal podría surgir de la relación entre observador y sistema.

Todos miramos el reloj. A veces por rutina, otras por ansiedad. Lo hacemos con la certeza de que el tiempo avanza del pasado al futuro. Sin embargo, en la física teórica y la filosofía de la ciencia esa certeza se ha vuelto un problema sin resolver.
Investigadores citados por National Geographic, New Scientist y otros medios científicos sostienen que el tiempo podría no ser una propiedad fundamental del universo, sino una experiencia que emerge de procesos físicos y de nuestra propia forma de observar la realidad.
La discusión no es nueva. Desde Aristóteles y san Agustín hasta físicos contemporáneos, la pregunta sobre qué es el tiempo sigue abierta.
La física moderna, lejos de ofrecer una respuesta única, presenta varias versiones del tiempo que no encajan entre sí.
El tiempo es el elemento discordante”, explicó la física Nicole Yunger Halpern, del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EEUU, a New Scientist. “Parece más un componente de la teoría que introducimos manualmente que una propiedad natural”.
¿Por qué algunos científicos creen que el tiempo podría ser una ilusión?
En la vida cotidiana sentimos que el tiempo fluye como un río. Sin embargo, varios modelos físicos sugieren que esa sensación podría ser una construcción. Una de las hipótesis plantea que, visto desde fuera, el universo podría parecer un sistema estático en el que pasado y futuro coexisten. La sensación de cambio surgiría solo desde dentro, cuando observamos e interactuamos con él.
La mecánica cuántica ha llevado esta idea más lejos. El mecanismo Page-Wootters, propuesto en 1983 por los físicos Don Page y William Wootters, imagina un universo que en sí mismo es atemporal.

Según este modelo, el tiempo aparece cuando una parte del sistema actúa como reloj y se entrelaza cuánticamente con el resto.
La correlación entre ambas partes genera la percepción de que los acontecimientos se ordenan en una secuencia.
Una analogía citada por New Scientist ayuda a entenderlo: un libro existe completo sobre una mesa, con principio y final al mismo tiempo. Sin embargo, la historia solo cobra sentido cuando leemos sus páginas en orden.
El tiempo, en esta visión, no fluye: es el orden en que recorremos los acontecimientos.
¿Qué versiones del tiempo reconoce la física y por qué no coinciden?
La física moderna describe al menos tres formas de entender el tiempo, y ninguna se ajusta por completo a nuestra experiencia.
- Tiempo como parámetro matemático: En muchas ecuaciones físicas, el tiempo es solo una coordenada numérica que permite ordenar eventos. No aparece como algo que fluya, sino como una variable para describir cambios.
- Tiempo relativista: La teoría de la relatividad de Albert Einstein mostró que no existe un “ahora” universal. Dos observadores en movimiento pueden no coincidir en el orden de los eventos. El tiempo forma parte del espacio-tiempo y se ve afectado por la gravedad y la velocidad.
- Tiempo termodinámico: La única pista de una dirección temporal clara proviene de la segunda ley de la termodinámica: la entropía, que mide el desorden, tiende a aumentar. Por eso un vaso que cae se rompe, pero no se recompone solo. Esta “flecha del tiempo” marca una dirección, pero no explica por qué sentimos que el tiempo fluye.
El problema es que muchas ecuaciones fundamentales funcionan igual hacia adelante que hacia atrás. En los números, no hay una flecha que señale el futuro.
¿Cómo influye el cerebro en la percepción del tiempo?
Algunos filósofos sostienen que la sensación de que el tiempo avanza podría ser una construcción mental. El filósofo Adrian Bardon ha señalado que el cerebro organiza la experiencia en una línea temporal para darle coherencia. Esa organización, similar a cómo percibimos el color, podría confundirse con una propiedad del mundo exterior.

La relatividad refuerza esta idea. Si dos observadores no coinciden en qué eventos ocurren al mismo tiempo, entonces la división entre pasado, presente y futuro podría no ser absoluta.
En esa visión, los acontecimientos existirían en una red dentro del espacio-tiempo, sin un “ahora” universal.
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¿Por qué la física cuántica no puede medir el tiempo directamente?
La teoría cuántica introduce otra dificultad: el tiempo no se puede medir como otras propiedades físicas.
Puedes medir dónde está una partícula, pero nunca cuándo está”, explicó Yunger Halpern.
En este marco, el tiempo aparece más como un parámetro que los científicos introducen para describir procesos que como una propiedad que pueda medirse directamente.
Esta paradoja ha llevado a algunos investigadores a plantear que el tiempo podría ser un fenómeno emergente. Es decir, surgiría de interacciones más profundas que aún no se comprenden por completo.
En 2024, la investigadora Paola Verrucchi, del Consejo Nacional de Investigación de Italia, desarrolló un modelo matemático inspirado en el mecanismo Page-Wootters.
El sistema simulaba un reloj cuántico entrelazado con otro sistema físico. Visto desde fuera, permanecía estático. Pero desde dentro, el sistema parecía evolucionar en el tiempo.
El resultado sugiere que la percepción temporal podría surgir de la relación entre observador y sistema.
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¿Qué relación hay entre los relojes, la entropía y el paso del tiempo?
Medir el tiempo no es un proceso neutro. Según investigaciones citadas por New Scientist, cada medición implica un intercambio de energía que genera entropía. En términos simples: los relojes producen calor.
Marcus Huber, de la Universidad Técnica de Viena, y Natalia Ares, de la Universidad de Oxford, estudian qué ocurre cuando se analiza un reloj a escala cuántica. Sus resultados indican que cuanto más precisa es la medición del tiempo, mayor es el aumento de entropía. Incluso un reloj casi perfecto se desestabiliza al intentar extraer información de él.
Esto abre una posibilidad: la sensación de que el tiempo avanza podría depender de nuestra interacción con los sistemas que usamos para medirlo.
En palabras de Verrucchi, “la flecha del tiempo podría ser simplemente un registro de lo que ha sido medido”. Y añade:
Creas el tiempo cuando preguntas qué hora es”.
¿Podrían los agujeros negros ser los relojes del universo?
Algunas hipótesis sugieren que los agujeros negros podrían funcionar como relojes cósmicos. Son sistemas extremadamente energéticos y aislados. Además, la radiación que emiten, descrita por Stephen Hawking, permite que se entrelacen con el exterior.
Investigadores han planteado que su comportamiento podría dejar huellas en la entropía de la radiación que producen. Si esto se confirma, los agujeros negros podrían actuar como cronómetros del universo, marcando la estructura temporal a gran escala.
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¿Qué implicaría que el tiempo no fluya realmente?
Estas teorías no cambian la forma en que vivimos el tiempo a diario. Seguimos organizando la vida con relojes y calendarios. Sin embargo, sí modifican la forma en que la ciencia entiende el universo.
Algunos especialistas señalan que la experiencia del tiempo es real para nosotros, aunque su naturaleza fundamental sea distinta. Nuestra vida sigue siendo una secuencia de decisiones y recuerdos. Pero esa secuencia podría existir más en nuestra mente que en un cosmos que fluye por sí mismo.
La física actual aún no logra reconciliar completamente la relatividad, la mecánica cuántica y la termodinámica en una teoría única del tiempo.
Esa tensión es, para muchos investigadores, la señal más clara de que el tiempo podría no ser una entidad simple ni única.
Por ahora, el tiempo sigue marcando los segundos en los relojes y en la vida cotidiana. Pero en el laboratorio y en la teoría, continúa siendo uno de los mayores misterios de la ciencia.
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